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martes, 14 de mayo de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. PENTECOSTÉS. CICLO C.

PASCUA DE PENTECOSTÉS
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

NOTA:
Este domingo, junto con el de la Ascensión, no tiene como núcleo inspirador un relato o texto de los Evangelios sino de los Hechos de los Apóstoles. Pero, como la lectura del Evangelio siempre es central en los encuentros dominicales, el análisis del lenguaje de hoy será sobre las dos Lecturas.
Hechos de los Apóstoles.
El libro de los Hechos (o Actos) de los Apóstoles nos presenta la venida del Espíritu Santo dentro del marco de la fiesta judía de Pentecostés, (de forma similar a cómo los Evangelios nos presentan la muerte–resurrecciosa de Jesús utilizando el marco de la fiesta judía de la Pascua). Esto significa que el relato que hemos leído no es la crónica de un hecho objetivo sino un relato simbólico que aprovecha el significado de esta fiesta. Es decir: la fiesta judía de Pentecostés es utilizada como lenguaje; un lenguaje que era muy conocido por la gente. Con este lenguaje se nos quiere ayudar a entender mejor la obra de Jesús.
La Fiesta de Pentecostés era la fiesta de los frutos o de la recolección. Los judíos celebran también la recepción de la Ley (Alianza) que les constituye en "Pueblo de Dios". San Lucas quiere hacernos dar cuenta que la recepción del Espíritu Santo es el auténtico y definitivo "fruto" de la Obra de Jesús. O dicho de otro modo: la vida de Jesús no debe entenderse sólo como una experiencia puramente individual suya sino como una experiencia que se "proyecta" sobre toda la Humanidad, constituyéndola en el definitivo "Pueblo de Dios".
"Pentecostés" significa "50". En el lenguaje popular, los números están cargados de simbolismo. "50" manifiesta un nuevo comienzo, aquel que sigue a una plenitud ya adquirida. Es algo parecido a lo que ocurre con los frutos: cuando llegan a la madurez, recomienzan como "semillas".
El número "50" sugiere la continuación de la plenitud expresada con el número "7". 7 × 7 = 49: es la plenitud. Luego viene el "50", que vuelve a comenzar desde la plenitud. En Israel, cada 50 años se celebraba el Año jubilar, que era un año de renovación (Levítico, 25,10).
Según el relato de Hechos de los Apóstoles, Israel, como "Pueblo Elegido", llega a su plenitud en Jesucristo. Con la Nueva Pascua de Pentecostés recomienza el "Pueblo Elegido", ahora ya universal y definitivo.
La universalidad es una característica destacada de este nuevo Pueblo. Viene indicada por el simbolismo de las lenguas. "Habían en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones que hay bajo el cielo". Con la recepción del Espíritu Santo "todos se entienden". Esto anula lo que la humanidad había experimentado cuando los hombres, en su afán de "ser como dioses", querían construir una torre "que llegara hasta el cielo". (Relato de la Torre de Babel → Génesis 11,5. También → Génesis 3,5). La "Torre" simboliza "Poder", y el Poder no sirve para "entenderse". La Torre de Babel es un relato mítico para expresar el origen de las desavenencias entre los humanos, simbolizadas en la diversidad de las lenguas. Como no se entendían, se dispersaron.
La nueva Pascua de Pentecostés cambia esta situación. Congrega a todos. Las lenguas descienden sobre cada persona de la nueva comunidad. Son lenguas vivas, de fuego. Gracias a estas lenguas todos se entendían, y oían "proclamar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios". Lo que impedía entenderse no era la variedad de lenguas sino la búsqueda del Poder ("Torre"). Si el Espíritu nos abre al Amor, la variedad de lenguas no impide entenderse, sino que muestra la extraordinaria riqueza que aportan las diferencias.
Evangelio.
(Podéis encontrar otros apuntes en año a ; año b , y domingo 6 de Pascua).
Otro Defensor …
Si, en periodo escolar, pasáis por las calles de nuestras ciudades alrededor de las 9 de la mañana, veréis muchos padres o abuelos acompañando a los niños hasta la entrada de la escuela. La ciudad actual se ha convertido para nuestros niños en un poco peligrosa. Acompañarles conlleva también defenderles de los peligros.
Pero todo aquello que se hace con los niños tiene otra finalidad: que se vayan haciendo adultos, lo que conlleva la capacidad de protegerse por sí mismos de los peligros habituales. El acompañamiento, la educación, el crecimiento propio de la vida que les hemos dado … todo lleva a que progresivamente vayan experimentando otro "defensor", el definitivo, que ya no está fuera de ellos sino que es como una fuerza interior que ha ido creciendo en su seno.
Jesús habla a sus discípulos de otro defensor. Él ha sido defensor en los tiempos iniciales, mientras somos espiritualmente "niños". Pero es propio de toda vida crecer y madurar, como se hace evidente en los árboles frutales. Un árbol frutal guarda, hace crecer y defiende a sus frutos, hasta que, ya maduros, se han convertido en semillas. Cuando ya son semillas, las suelta para que puedan desahogar su madurez en nuevas vidas. De igual modo, los discípulos, ahora que ya han asumido las palabras y el mensaje de Jesús, pueden descubrir que tienen otro defensor, el definitivo. No es alguien que les acompañe desde fuera sino que es una fuerza que actúa desde dentro de ellos mismos. Es la misma fuerza o espíritu que han visto y comprobado en Jesús.
MENSAJE. 
En lenguaje actual, la Fiesta de Pentecostés es la fiesta de la adultez en la vida cristiana. La comunidad adulta, compuesta básicamente de personas cristianamente adultas, no está vinculada por la dependencia de un líder sino por la madurez de sus miembros y por la libertad que ello conlleva. Y sobre todo está vinculada por aquel amor libre y creativo de lo que es capaz todo hombre en la medida en que acoge su propia libertad.
RESPUESTA. 
Así como a veces hay padres que se empeñan en continuar acompañando a su hijo cuando éste ya no lo quiere ni lo necesita, también vemos que en nuestra Iglesia, desde hace mucho tiempo, se mantiene un marco infantil para las comunidades eclesiales.
La terrible anorexia espiritual de muchas de nuestras comunidades, consideradas incapaces de ser adultas sin la presencia de un pastor que las guíe, nos urge a creer un poco más en el Espíritu Santo difundido en nuestros corazones (2 Corintios, 1, 22).
Pero una persona se convierte en adulta no porque sus padres se lo concedan, sino porque la propia vida, y su respuesta a la vida, la hacen adulta. Y se mantiene adulta aunque no se lo reconozcan.
¿Hasta cuando nos tendremos por menores de edad siendo adultos? Hasta cuando esperaremos recibir como un "favor" aquello que ya poseemos por madurez?
La llamada crisis de vocaciones sacerdotales, ¿no podría ser una invitación del Espíritu a reconocer de una vez la adultez de nuestras comunidades?
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿Tenéis miedo a ser adultos en la Iglesia?
  2. Haciendo un esfuerzo de reflexión espiritual, ¿imagináis en concreto que conllevaría, para vuestra comunidad (parroquia, grupo, movimiento …), ser adultos en la fe?
  3. En el Pentecostés original, todo el mundo hablaba y todos se entendían. ¡Algo realmente muy difícil! Pero, ¿es mejor callar y escuchar?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)