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martes, 11 de junio de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO XI DE ORDINARIO. CICLO C.


PROYECTO DE HOMILÍA. 

El relato que hemos leído es tan inverosímil que no ofrece ninguna duda sobre la intención de Lucas. El evangelista no quiere hacer la crónica de un hecho objetivo sino que crea una escena para ofrecernos una radiografía de la sociedad. Con esta escenificación quiere advertir a la comunidad cristiana del peligro de que se continúe también en ella la gran injusticia de la situación de la mujer en la sociedad. La referencia a la comunidad cristiana viene sugerida por los dos "números" que aparecen: "50" y "500". Ya sabemos que el "5" es el número del Espíritu, que identifica las comunidades cristianas. También lo sugiere el nombre del fariseo: Simón, intencionadamente coincidente con el primer nombre de la lista de los apóstoles (Lucas 6,14).
La escenificación sitúa a Jesús entre los dos extremos. Recordemos que los hombres (varones) adultos y libres comían tumbados sobre una alfombra. Jesús tiene ante sí al hombre que le ha invitado, y detrás de él, a los pies, a una mujer. El hombre es un fariseo. El significado de la palabra "fariseo" implica la idea de "separado de la gente", "selecto", … También significa "puro" por contraste con la multitud, que los fariseos consideraban legalmente "impura" por sus carencias en el cumplimiento de la Ley. En cambio, de la mujer que está a los pies de Jesús se dice que llevaba una vida pecadora (literalmente: que era tenida por una pecadora). Jesús, pues, está en medio, entre un fariseo, enfrente, y una "pecadora", a los pies.
Pero el desarrollo de la escena hace que sea precisamente la mujer la protagonista pasiva de todo el relato.
Para el fariseo y para la gente, la mujer es una pecadora. Y no sólo eso: con su acción "ensucia" también el supuesto profetismo de Jesús.
Pero Jesús "demuestra" que es un buen profeta poniendo al descubierto los pensamientos interiores del fariseo. Lo hace exponiéndole un caso: "Dos hombres debían dinero a un prestamista uno le debía 500 denarios, y el otro, 50. Ninguno de ellos tenía nada para pagar, y el prestador les perdonó la deuda. ¿Cuál de estos le amará más?". Se trata de una pregunta con respuesta evidente, y el fariseo responde correctamente.
"¿Ves a esta mujer? …"
El fariseo (y toda la población) ya había juzgado a esa mujer. Pero ahora Jesús le dice (a él ya todo el mundo) que vuelva a mirarla, y se compare con ella. Comparando la forma de actuar del fariseo y el de la pecadora, resulta de una evidencia contundente la mejor calidad de la mujer.
La supuesta "superioridad" del fariseo se basaba en su cumplimiento de la Ley; aunque no era un cumplimiento total, porque eso es imposible. Por eso él también es un "deudor" que no puede pagar su "deuda", ni aunque esta fuera sólo de 50 monedas. En cambio, la calidad de la mujer radica en que ama mucho.
Para la comunidad cristiana, que valora sobretodo el amor, el resultado de la "comparación" entre el fariseo y la pecadora no ofrece ninguna duda.
Precisamente la segunda Lectura de este domingo parece escogida para remachar el clavo: "Nadie puede ser justo porque haya cumplido las obras que manda la Ley".
¿Quién es este? …
¿Quién es este que incluso perdona los pecados?, Se preguntan los otros comensales, compañeros del fariseo. Dan por supuesto que su Ley proviene de Dios. Es, por tanto, Ley de Dios. Así pues, los "pecados contra la Ley" son pecados contra Dios, y sólo Dios los puede perdonar.
Pero Jesús hace un cambio radical de perspectiva: a excepción del pecado contra el Espíritu Santo (Lucas 12,10), no existe pecado que no sea contra el Hombre. Pecar es hacer algo contra los humanos. Y lo contrario del pecado es el amor y el servicio a los humanos.
Jesús encarna al Hombre. Y la mujer considerada "pecadora" está mostrando su profundo amor a Jesús, es decir: al Hombre. ¡¿Cómo es posible que se la considere "pecadora"?!
Los pecados de la mujer vienen de la Ley, y son una proyección de la visión machista de la sociedad. Por ello, vista desde el Amor, esta mujer deja de ser pecadora. "Tus pecados te son perdonados". Literalmente: "los pecados desaparecen de ti". En este caso, no se trata de "perdón", como equivocadamente piensan los comensales, sino de declaración de inocencia. Más aún: la mujer es propuesta como un ejemplo para el fariseo.
Tu fe te ha salvado …
¿Qué fe? Es evidente que el gesto de la mujer manifiesta una gran fe en Jesús, es decir: una gran fe en el Hombre. Los Evangelios son radicales en este punto: la única fe que salva es creer en la Humanidad amándola y sirviéndola con fidelidad. Desde este punto de vista, el gesto de la mujer es de una elocuencia casi escandalosa, y Jesús lo subraya: "Vete en paz".
En la versión larga del evangelio de hoy se dice algo sorprendente: las mujeres que acompañan a Jesús "habían tenido enfermedades y espíritus malignos". De la Magdalena se dice que habían salido siete demonios.
En los Evangelios, "espíritu maligno" o "demonio" suele significar ser poseído por una ideología alienante. El número "siete" indica totalidad. "Siete demonios" indica la situación de una persona totalmente poseída por una ideología deshumanizadora. ¿Cuál era esa ideología? Evidentemente aquí Lucas se está refiriendo a la ideología machista que tan a menudo las mujeres han hecho suya. Asumir el machismo como algo normal ha sido (y es) sin duda la más grande y deshumanizadora enfermedad de muchas mujeres.
Las mujeres que siguen a Jesús han sido curadas y liberadas. Desde una esclavitud aceptada no sería posible seguir a Jesús enteramente. Hay que notar que esto no se dice de los Doce (hombres). Los Doce, según los relatos evangélicos, no seguirán a Jesús realmente hasta después de la resurrección, y gracias precisamente al testimonio de las mujeres.
MENSAJE. 
Cuando se examina la historia de nuestra Humanidad, no se puede dejar de sentir una profunda vergüenza por el rol que, en general, hemos jugado los hombres, en contraste con el rol que normalmente han tenido las mujeres.
Guerras y más guerras, violencias y masacres, destrucción y tortura, esclavitud, dominio y crueldad, … Al inicio de todo esto casi siempre se encuentran hombres.
Acompañamiento, servicio, compasión, ternura, cuidado de todos, y sobre todo los niños, los enfermos y los ancianos, beneficencia, paciencia, … Al inicio de todo esto casi siempre se encuentran mujeres.
Pero los "valores sociales" los hemos dictado los hombres, y desde estos "valores" a menudo se ha considerado a la mujer como una pecadora. ¡También en la Iglesia! "Mecanismo de proyección", lo llaman actualmente los psicoanalistas. Consiste en proyectar sobre otros los propios defectos y faltas.
El mensaje del evangelio de hoy es claro: esta valoración no es correcta a los ojos de Jesús. Sus criterios de valoración son diametralmente opuestos a los habituales.
RESPUESTA. 
Dado que soy hombre, siento la necesidad (espero que compartida por muchos) de decir, antes que nada, a la otra mitad de la Humanidad: ¡perdón! Pienso que es la primera respuesta que se nos pide a los hombres. También hay otra palabra: gracias.
Pero no nos podemos parar aquí. La justicia (y, para los cristianos, también la fidelidad al Evangelio) nos exige hacer todo lo que sea posible para corregir esta situación, incluyendo la desobediencia activa con relación a todas aquellas leyes y normas que mantienen o presuponen alguna clase de inferioridad, incapacidad o inhabilidad de la mujer en relación con el hombre. Es cierto que en nuestra sociedad civil se han corregido algunas leyes. Por eso resulta especialmente indignante que sea en el ámbito religioso donde cuesta más erradicar estas injusticias.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. En algunas formas de feminismo se intenta que las mujeres sean iguales que los hombres. ¿Cómo entendéis esta "igualdad"? ¿Qué ocurre con las cosas malas propias del mundo de los hombres?
  2. La libertad es un derecho. Pero, ¿no podría ser que antes que un derecho fuera un deber? Dicho de otra manera: ¿Tenemos la obligación de ser libres para poder servir mejor, o para no mantener una injusticia?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)