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martes, 23 de julio de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO XVII DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XVII DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.

PROYECTO DE HOMILÍA. 

Resulta sorprendente la actitud del discípulo que, después de haber visto como Jesús oraba, pide, precisamente a Jesús, que les enseñe a orar como Juan Bautista. Una vez más, con este relato, Lucas quiere poner de manifiesto la dificultad de los discípulos para conectar con el estilo de Jesús. Aunque siguen a Jesús, ellos sintonizan más con la espiritualidad "pre–cristiana" de Juan Bautista. No han asumido todavía la novedad de Jesús.
Aquí, como tantas veces, el evangelista se muestra muy pedagógico: tiene en cuenta que todo discípulo, en su seguimiento a Jesús, comienza entendiéndole como si fuera una reencarnación de Juan, o de algún otro de los profetas (Lucas 9 , 19). No se convierte en discípulo total de buenas a primeras, sino que, a pesar de vivir cronológicamente después de Cristo, espiritualmente siempre empezamos antes de Cristo.
Accediendo a la petición que le han hecho, Jesús enseña a los discípulos una oración, es decir: un conjunto de palabras para recitar como oración. "Cuando oréis, decid". Pero Jesús no se queda en las palabras sino que inmediatamente habla de cuál debe ser la actitud interior ante Dios.
Esta actitud está formada de confianza y de insistencia.
Que la oración deba ser confiada, se entiende fácilmente. Pero, ¿por qué tiene que ser insistente? ¿Por qué el Padre quiere que tengamos que insistir para darnos lo que pedimos? Si sabe de sobra lo que le pedimos, ¿por qué no nos lo da enseguida? (Primera dificultad).
Cuando se lee el final de este relato, se tiene la impresión de ser un poco engañados por Jesús. Durante todo el relato se supone que el Padre nos dará lo que le pedimos insistentemente, pero al final resulta que no nos dará lo que le pedimos sino que nos dará el Espíritu Santo. Dan ganas de replicar: "¿Y qué podemos hacer con el Espíritu Santo, si lo que necesitamos son cosas mucho más sencillas y concretas?
Lo que los humanos necesitamos, y por eso lo pedimos con insistencia, es buena salud cuando estamos enfermos, trabajo cuando estamos en el paro, un golpe de suerte cuando pasamos extrema penuria, … O bien: que nuestro hijo gane unas oposiciones, pase un examen, pueda sacarse el carné de conducir, no caiga en la droga … ¡Estas son las cosas que necesitamos! Recibir el Espíritu Santo estaría muy bien si fuera junto con esto otro, pero si no, parece más bien una broma de mal gusto. (Segunda dificultad).
Pero volvamos a la insistencia (Primera dificultad).
Dice Jesús: ¿Quién de vosotros, si su hijo le pide un pescado, le dará un escorpión? O, ¿si le pide pan, le dará una piedra? Cierto: los padres dan cosas buenas a sus hijos, incluso cuando éstos piden cosas malas. Todos los padres lo saben perfectamente: puede ocurrir que el hijo que necesita un pez, de hecho pida un escorpión; igualmente es posible que cuando tiene hambre no pida pan sino algo malo para él (una piedra). ¿Qué padres no se han encontrado con que sus hijos les piden cosas que ellos, los padres, saben que los pueden hacer daño? ¿Se las darán? Evidentemente no. Y eso no significa que no escuchen su petición sino que conocen bien a su hijo para saber qué le conviene y qué no.
Ahora empezamos a intuir la necesidad de la insistencia de que nos habla Jesús. A través de la no obtención inmediata de lo que pedimos, podemos ir descubriendo que precisamente lo que pedíamos no era una buena cosa para nosotros en aquella ocasión. La no obtención inmediata de las cosas nos obliga a insistir, y esta insistencia nos permite ir descubriendo que satisfacer las necesidades no siempre es tan bueno como pensábamos. La "insistencia" no la busca a Dios, sino que es necesaria para nosotros. Es un "mecanismo de maduración" que nos lleva a conocer mejor el papel que las necesidades juegan en nosotros. Porque resulta que las necesidades esclavizan, y satisfacerlas, es la mejor manera de mantenerlas, y que nos hagan daño.
Los humanos tenemos necesidades y capacidades.
Las necesidades nos esclavizan. Las capacidades nos hacen creativos, imágenes del Creador.
De necesidades, las menos posibles. De capacidades desarrolladas, cuantas más mejor.
Recibir el Espíritu Santo quiere decir poner en acción nuestras capacidades. "Venga a nosotros tu Reino". Poder colaborar en el advenimiento del Reino es la gran capacidad con la que hemos sido obsequiados. Un Reino que es para nosotros; donde las necesidades vayan quedando superadas. Este es el proyecto de Dios sobre la Humanidad. "Padre, que sea honrado tu nombre".
Perdonadnos los pecados …
Las necesidades nos enfrentan a unos con otros. Y el enfrentamiento lleva a peleas, insultos y guerras. Todo ello va en sentido contrario al proyecto de Dios. "Perdónanos nuestros pecados, que nosotros mismos también perdonamos a todos los que nos han ofendido …" No se trata de que Dios nos tome por modelo: que Él nos perdone como perdonamos nosotros, sino de darse cuenta de que no es posible que la acción de Dios nos transforme (perdone) si nosotros no nos ponemos en situación de ser transformados. "Perdonar a quienes nos han ofendido" (literalmente: perdonar a quienes están en deuda con nosotros) no es un acto de "perdón" sino de realismo. Entre nosotros nadie es realmente "deudor" de nadie. Todo lo hemos recibido. Todo lo hemos recibido por compartirlo. Todo lo hemos recibido para ponerlo al servicio del objetivo común: el advenimiento de un Reino para nosotros. No se trata de "perdonar" sino de "no sentirnos ofendidos", lo que nos impediría colaborar todos juntos en la única tarea que nos es realmente beneficiosa: la construcción del Reino.
MENSAJE. 
La oración insistente nos va preparando para recibir el don verdaderamente humanizador: el Espíritu Santo. El Hombre, y por tanto la Humanidad, no está todavía plenamente realizado. El espíritu en nosotros continúa desde nosotros mismos la obra creadora de Dios. Dios nos ha proyectado como personas. Pero, para ser personas, debemos ser "creadores de nosotros mismos". Nos "autocreamos" liberándonos de nuestras necesidades y desarrollando nuestras capacidades. "No nos dejes caer en la tentación".
RESPUESTA. 
Como los árboles pueden impedirnos ver el bosque, también las necesidades pueden no dejarnos ver las capacidades recibidas. Es la inercia de la nada. La llamada del vacío. La oración desatendida e insistente nos ofrece tiempo para ver las cosas claras, e ir descubriendo que no existimos para convertirnos en un saco de necesidades satisfechas sino para participar en la Vida de Dios y en su acción creadora.
Podemos tomar ejemplo de aquello similar que sucede con la paternidad humana: los padres no engendran a sus hijos para que se queden en la forma de ser de cuando tenían ocho años, la edad más agradable en la que se juntan la inteligencia y la docilidad. No, los padres engendran a un niño que se pueda hacer adulto, independiente y libre, aunque esto conlleve para ellos una cierta ruptura dolorosa.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿Tenéis alguna experiencia de haber pedido en la oración alguna cosa concreta, y haber recibido otra mejor?
  2. ¿Las oraciones desatendidas os han llevado a perder la confianza en el Padre o más bien han mejorado vuestras peticiones?
  3. Si sois padres, atreveos por un momento a "comparar" vuestra paternidad con la paternidad de Dios hacia vosotros. ¿En qué se parece o diferencia?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)