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martes, 30 de julio de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO XVIII DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XVIII DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.

PROYECTO DE HOMILÍA. 

A primera vista podría parecer que el relato de hoy se refiere a una casuística familiar, muy frecuente cuando hay una herencia de por medio. Pero sería muy extraño que el evangelista perdiera el tiempo presentándonos a un Jesús ocupado en solucionar cuestiones jurídicas sobre herencias.
Pero, de hecho, los "problemas de herencia" eran y son tan frecuentes que todos los conocemos muy bien, por eso pueden servir de lenguaje para describir una de las problemáticas más importantes entre los miembros ("hermanos") de la comunidad cristiana.
El relato de hoy guarda un cierto parecido con el de hace dos domingos sobre las "dos hermanas". Entre ellas, el problema, individualizado en Marta y María, se refería a la actitud de servicio. Aquí, el problema, en versión masculina y sin nombres porque puede afectar a todo el mundo, se refiere al amor al dinero y a las riquezas. "Vigilad! Guardaos de toda ambición de poseer riquezas".
La actitud de servicio es el núcleo de la vida de comunidad. El amor al dinero es el virus más peligroso y destructivo.
… Dile que reparta conmigo la herencia …
Recordemos que el marco de este relato se es el seguimiento a Jesús. También aquí, la clave para entender este relato es la palabra hermano. "Uno de la gente le dijo: Convence a mi hermano que reparta conmigo la herencia". No se trata de dos hermanos que deben repartirse una herencia. Esto, en todo caso, sería cosa del padre, o del juez si alguno no cumplía la voluntad del padre. Aquí se trata de evitar un peligro muy real: la utilización del sentimiento de ser "hermanos", propia de los miembros de la Comunidad, como una manera de adquirir riquezas.
Convence a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Es posible que miembros de una comunidad cristiana tengan diferentes bienes, incluidos bienes materiales. Si hay una auténtica comunión entre ellos, estos bienes serán compartidos, también los materiales. Y aquí aparece el peligro, el peligro de formar parte de una comunidad no para compartir sino para aprovecharse.
Es una cuestión de actitud, que todos debemos tener en cuenta. Vigilar!, Se nos dice. Porque es cierto que los bienes, también los materiales, son para ser compartidos y, por tanto, son provechosos en todos. Pero, una cosa es la actitud de quien comparte y se beneficia de los bienes puestos en común, y otra bien distinta es la actitud de los "aprovechados" que exigen como un derecho lo que sólo puede ser fruto de generosidad. Una actitud así acabaría destruyendo la comunión que da origen a la comunidad, de una manera parecida a como los problemas de herencia destruyen a las familias.
El relato nos advierte que esta equivocación es grave, porque ni que alguien tuviera dinero de sobra, sus bienes no le podrían asegurar la vida.
La seguridad de la vida no se puede depositar en los bienes poseídos sino en los bienes compartidos; es decir: la seguridad de la vida reside en la comunión, único camino que nos introduce en la corriente vital de la propia Vida de Dios.
MENSAJE. 
El mensaje está resumido en las palabras de Jesús: "Guardaos de toda ambición de poseer riquezas, porque ni que alguien tuviera dinero de sobra, sus bienes no le podrían asegurar la vida".
RESPUESTA. 
Dicen de a un hombre muy pobre que, un día, le dieron 20 €. Le hacía tanta ilusión aquel billete, que decidió comprarse una cartera para guardarlo. La cartera le costó 12 €. Cuando comprobó que sólo le quedaban 8 €, encontró ridículo guardarlos en una cartera. Y, viendo que de hecho ya no la necesitaba, la tiró.
Puede parecer una historieta estúpida, pero refleja la realidad actual de la Iglesia entre nosotros: vive arruinada a causa de sus propias propiedades.
El pobre no fue estúpido cuando tiró la cartera sino cuando la compró, pero después compensó su estupidez tirando esa cartera que no necesitaba.
"Te equivocas", le dice Dios al propietario de las cosechas abundantes que construía grandes graneros para guardarlas. Repitámoslo una vez más: las riquezas no son para guardar sino para compartir.
En tiempos de Cristiandad, la Iglesia asumió muchas funciones de la Sociedad: religión, moral, cultura, lenguaje, arte, educación … y era rica en patrimonio. Pero hoy, afortunadamente, ya no estamos en situación de cristiandad, y la Iglesia no necesita nada más que libertad para anunciar el Mensaje. Todo lo demás se ha convertido un estorbo. ¿Sabremos deshacernos de él?
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Las propiedades de vuestra parroquia, empezando por el propio templo, ¿la ayudan a vivir la Buena Nueva de Jesús, y a dar testimonio de él?
  2. ¿Cómo reaccionaríais si los responsables legales de la Iglesia, en un acto de realismo, traspasaran a la Sociedad Civil los bienes administrados en otros tiempos por la Iglesia?
  3. A nivel personal, ¿qué función ejercen las riquezas en vuestra vida y en vuestra relación con los demás?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)