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martes, 6 de agosto de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XIX DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XIX DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.

PROYECTO DE HOMILÍA. 

El evangelio de hoy es un poco largo y dice muchas cosas. Hay un primer punto que parece que no encaja mucho con el resto sino que, más bien, conecta con el mensaje del domingo anterior sobre el amor a las riquezas. Si el domingo pasado se nos daba un aviso ("¡Cuidado! Guardaos de toda ambición de poseer riquezas…"), hoy, dirigiéndose directamente a los discípulos, Jesús propone un paso más: "Vended vuestros bienes y dad dinero a quienes lo necesitan … Donde está vuestro tesoro allí estará vuestro corazón".
Jesús se dirige a sus discípulos con una expresión cariñosa y significativa: "Pequeño rebaño". Es el contrapunto a lo que normalmente soñaban los discípulos. Ellos soñaban con un Reino que iría convirtiéndose en un imperio grandioso y magnífico que se impondría a todos. Por el contrario, el Reino que les ofrece, si bien será extenso y universal, estará formado por rebaños "pequeños", porque no se debe extender a través de imposiciones o de conquistas sino con actos de servicio. Y ya se sabe: en nuestro mundo, lo del "servicio" es cosa de los "pequeños". No será un reino sobre los demás sino con los demás. No está pensado para que haya poderosos y súbditos sino sólo hermanos.
Esto nos permite entender lo que viene a continuación.
"Estad atentos …"
Después del primer punto referido a las riquezas, el evangelio se centra en un Señor y unos Sirvientes. Parece claro que cuando habla de los sirvientes se refiere a los discípulos, pero, ¿a quién se refiere cuando habla del señor? Y hay que notar que se trata de un señor muy especial: un señor que llega de una fiesta de bodas, y que, además, se pone a servir a sus sirvientes, ¡si les encuentra despiertos y esperándole cuando llega! También se trata de un señor que debe estar atento a que no le roben en casa, y que pide de sus sirvientes una atención similar.
¿Quién es este señor?
"El hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada …"
El "rey" del reino de dios es el Hombre. No un hombre que reine sobre los demás hombres, sino el Hombre en su globalidad. El reino de dios es el reino que Dios prepara para el Hombre. O quizás dicho más exactamente: Dios prepara al Hombre para formar el Reino. Por eso se dice que el señor viene de una boda. La Alianza de Dios con la Humanidad a menudo es expresada por el simbolismo de una boda.
El Hombre aún no existe en plenitud. Cada hombre empieza siendo sobre todo un producto: producto de un engendramiento; producto de unas leyes que regulan su crecimiento biológico, … Pero el hombre–producto está llamado a ser persona. "Persona" sólo se puede ser como fruto de la propia libertad. Somos "personas" por el ejercicio de nuestra capacidad de responder libremente a alguien que se hace presente en nuestra vida. Para ser "personas" necesitamos encontrarnos como mínimo con otra "persona" y convertirnos en "respuesta" a su "presencia". No podemos ser creados personas; nos hacemos personas a través de las relaciones personales (o sea: libres y generosas).
"Estad atentos, con el cuerpo ceñido y las luces encendidas…"
No es nada fácil asumir la presencia de otro como persona. Nos lo impiden nuestros prejuicios, nuestra ideología, nuestra cerrazón, nuestro miedo… En la parábola del Buen Samaritano, tanto el Sacerdote como el Levita no ven, en el otro que encuentran por el camino, a una persona. Ellos ven sólo un medio–muerto que les podría "contaminar" si se acercan. En cambio, el Samaritano ve a una persona (Lucas 10,30 ss). El Samaritano, respondiendo a la presencia de aquel hombre–persona, él mismo se hace más persona.
Por eso nos podríamos preguntar: ¿quién sirve a quién?, Porque nadie puede ser "persona" sin que la presencia de otra persona active su capacidad de ser persona. Permitidme repetirlo: nadie puede ser persona sólo por propia decisión, sino que necesita de la presencia de otra persona que active su capacidad de responder positivamente. "El hijo del hombre (es decir: la oportunidad de ser personas) vendrá a la hora menos pensada".
El señor, que vuelve de una boda, es el Hombre (el "hijo del hombre"), en la figura de un hombre cualquiera que se hace presente en nuestra vida. Su "llegada" puede activar nuestra capacidad de acogida, y nos permite ser "personas". Su presencia se convierte para nosotros en un don. ¡No nos podría hacer un mejor servicio!
Los que son padres viven esta misma experiencia de una manera muy profunda: el hijo que acogen es visto y disfrutado como un don; un don tan grande que transforma radicalmente sus vidas. Igualmente ocurre con la experiencia del enamoramiento: la presencia del otro en nuestra vida es sentida, sobretodo, como un don que se ha recibido.
Ahora vemos la profundidad de aquello tan sorprendente que nos dice el evangelio: "Felices los criados que el señor encontrará velando en el momento de su llegada. Con toda verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa, y él mismo pasará a servirles de uno en uno ".
"… ¿Lo decís sólo para nosotros o para todo el mundo?"
Pedro no lo ve claro. En el Reino que el Padre les ha confiado, ellos, los Doce, ¿qué papel tienen? ¿Tienen realmente un lugar especial, o son como todo el mundo?
Jesús no responde a la pregunta de Pedro porque no es una buena pregunta. A Pedro, y a los otros apóstoles, ahora no les preocupa el Reino, sino si su papel será o no un papel de privilegio. Jesús reacciona con cierta dureza pedagógica: "Todo el mundo reclama más de aquellos a quienes ha prestado más". Que les quede claro: si se consideran merecedores de privilegios, deben saber que esto conlleva que se les reclamará más. Y si se consideran con derecho a mandar sobre los demás, se exponen incluso a ser castigados duramente por los abusos en que se suelen caer en estas situaciones.
MENSAJE. 
La plena realización del proyecto de Dios sobre el Hombre no depende sólo de Dios sino también de la libertad generosa de cada ser humano. El objetivo y la vocación principal de cada hombre es humanizarse haciendo Humanidad. Hay que estar atentos, ya que el "hijo del hombre" (Señor y Servidor) vendrá a la hora menos pensada.
RESPUESTA. 
La respuesta nos viene indicada por las palabras de Jesús: "Estad atentos, con el cuerpo ceñido y las luces encendidas".
La pérdida de importancia de la Iglesia como institución en la sociedad occidental parece que está provocando un peligroso cambio de objetivos. A menudo da la impresión de que estamos preocupados sobre todo por demostrar que aún somos importantes, que la Iglesia todavía tiene mucho peso, que la sociedad aún tiene que contar con nosotros … Como los ricos “venidos a menos”, pretendemos demostrar una importancia y una presencia social que (afortunadamente) ya no tenemos. Quizás las palabras de Jesús al comienzo del evangelio que hemos leído sean un buen programa precisamente para hoy: "No tengáis miedo, pequeño rebaño: el Padre se complace en daros el Reino. Vended vuestros bienes y distribuid el dinero a quienes lo necesitan.
Libre de riquezas, la Iglesia se verá capacitada y legitimada para trabajar en el objetivo que le es propio: humanizarse (encarnarse) construyendo Humanidad.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. En nuestra sociedad se ve muy claramente que los padres y los abuelos son servidores de sus hijos o nietos. Mirad también de descubrir el servicio profundo que ellos, los hijos y nietos, hacen a vuestra vida. Dicho de otra manera: ¿valoraríais y disfrutaríais igualmente de la vida sin vuestros hijos o nietos? En realidad, ¿quién sirve a quién?
  2. Según los evangelios, Jesús se dedicó sobre todo a humanizar a los deshumanizados. Esta es la intención de los muchísimos relatos de "curaciones". En la sociedad actual tan deshumanizada, ¿qué servicios humanizadores consideráis más urgentes?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)