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martes, 27 de agosto de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXII DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XXII DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.

PROYECTO DE HOMILÍA. 

Cuando alguien te invita a un ágape...
El evangelio de hoy utiliza el simbolismo de hacer un ágape. Pero nos habla de dos clases de ágapes que se encuentran en contraste.
Primero nos habla de un ágape que un fariseo organiza en su casa y al cual Jesús está invitado. Es un ágape de festivo (del sábado), y la comida tiene carácter de celebración ritual y protocolaria. En estos ágapes todo está previsto y ordenado, cada uno tiene su lugar y debe comportarse de una determinada manera. Los otros invitados observan a Jesús para ver si sabe estar a la altura de las circunstancias.
Jesús también observa, y ve que los invitados buscan ocupar los primeros puestos. Hay quien lo preside; a partir de ahí, a cada uno le corresponde un lugar según su categoría o el vínculo que tenga con quien le ha invitado.
No se nos dice qué "lugar" Jesús tenía asignado. En todo caso, el evangelista nos deja claro que Jesús rompe el protocolo precisamente dando un consejo sobre cómo comportarse "protocolariamente". "Cuando alguien te invita a un ágape de boda, no te pongas en el primer lugar: si hubiera otro invitado más honorable que tú, vendría el que os invitó a ambos y te diría: "Cede el puesto", y entonces tú habrías de ocupar el último lugar avergonzado”. No se trata de humildad sino de estrategia. El protocolo tiene sus normas de precedencia, y se trata de no hacer el ridículo ante los demás.
La sentencia "Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será ensalzado" proviene sobretodo de la forma de funcionar la sociedad, si bien adquiere un significado más profundo referida al Reino de Dios. Aquí no sería "estrategia" sino atención hacia los demás.
Pero, de hecho, para el Reino, Jesús nos propone otra clase de ágapes: unos almuerzos sin protocolo ni lugares reservados. O mejor: unos almuerzos reservados a aquellos que nadie invita precisamente porque no saben observar las normas del protocolo ni pueden agradecer la invitación con otra comida. Así se rompe la cadena de invitaciones y re–invitaciones que forman parte del protocolo de "los ágapes de sociedad".
MENSAJE. 
Nos encontramos en la larga sección que el evangelista dedica al camino de Jesús; o mejor, en el camino del seguimiento a Jesús. San Lucas concentra, con ejemplos concretos, muchas enseñanzas sobre cómo podemos ir creciendo en este seguimiento.
Desde los inicios de las comunidades cristianas, el ágape fraternal fueron el punto y el momento centrales de su vida. Pero seguramente pronto aparecieron "problemas de protocolo". ¿Quién es quién en la comunidad? ¿Qué lugar corresponde a cada uno? ... El evangelista, con la autoridad del propio Jesús, quiere cortar de raíz estas discusiones. "Cuando des un ágape, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a otros parientes tuyos, ni a vecinos ricos".
La propuesta de Jesús es radical referida a los ágapes de la comunidad cristiana, ya que éstos deben prefigurar el banquete del Reino, del que el evangelista habla a continuación (Lucas 14,15–24) (Aunque el Misal no lo recoge) .
RESPUESTA. 
El ágape sigue siendo la fuente y la cumbre de la vida comunitaria. Vemos que se da una gran variedad, desde las ágapes (misas) cien por cien protocolarios hasta encuentros que convierten a los comensales en verdaderos hermanos.
Sorprende que Jesús use la expresión "ni a tus hermanos" para indicar a aquellos que no es necesario incluir como invitados. Quizás lo que se quiere decir es que, como celebración de la comunidad cristiana, no es necesario organizar convites reservados a la propia familia. Estos ya tienen su sentido y su estilo propio.
En cambio, en la celebración propia de la comunidad cristiana, los invitados más directos deben ser los pobres, lisiados, cojos y ciegos, que se convierten así también en nuestros hermanos.
Debe haber algo que no funciona bien en algunas o muchas de nuestras misas tan protocolarias, tan formales, tan rituales, tan programadas, tan bien presididas, tan lejos de la mayoría de marginados de nuestra sociedad ...
Hoy en día hay quien pone en duda el "futuro de la Iglesia". Quizás este "futuro" esté ligado a la autenticidad de nuestros ágapes y sus invitados. No se trata de que la jerarquía haga reformas en la forma de hacer la misa (que también); sino de que los comensales no demos prioridad al protocolo o a los ritos, sino a lo que significa realmente el ágape de la hermandad.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. En la sociedad actual conviene que la Iglesia vaya abandonando el protagonismo social que había tenido en otras circunstancias. Nos queda, como algo más propio, el ágape de la hermandad y su significado. ¿Cómo es vuestra misa, a la luz del Evangelio de hoy? ¿Cómo experimentáis la presencia de Jesús que dijo: "Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, yo estoy en medio de ellos"?
  2. Las grandes iglesias, con la disposición que suelen tener los bancos, pueden servir para las grandes y solemnes ocasiones. Pero, ¿Creéis que facilitan unos encuentros semanales que alimenten realmente la fe? ¿Tenéis experiencia de encuentros en grupos, lo suficientemente reducidos para que sea posible el diálogo y la proximidad fraternal?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)