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miércoles, 21 de agosto de 2013

TERTULIA EN ESPIRAL - Capítulo 43 - DOMINGO XXI DE ORDINARIO - Ciclo C



Tertulia en espiral




TERTULIA – DOMINGO XXI DE ORDINARIO – Ciclo C 

Julián
Este vuelve a ser uno de esos evangelios que me dan más rabia. La pregunta del comienzo es estúpida. ¿De qué debemos ser "salvados"? Esta es la gran manipulación que hace la religión: primero te comen el coco diciéndote que estamos perdidos, y luego te dicen que tienes que buscar la salvación que, por supuesto, sólo la religión puede dar. Esto es como si yo dijera que todo el mundo está enfermo, y que, por tanto, todo el mundo tiene que ir al médico. ¡Pues, no! ¡La situación de partida es la salud! Y esto también lo debemos "predicar" los médicos. El médico es para quien está enfermo.
Víctor
De acuerdo, Julián. Pero me parece que esto de la salvación puede ser distinto a como lo dices tú. Quizás la palabra "salvación" no sea la más acertada; de acuerdo. En todo caso es un concepto relativo. Tal y como yo veo las cosas –y hablo desde mi experiencia–, la situación de partida depende de la posible situación de llegada. Pienso en mi vida, y en la vida de la mayoría de la gente de hoy. Yo voy a misa porque, bien mirado, es la única "obligación" que me he impuesto. Todas las demás, más o menos, me vienen añadidas por las circunstancias. Actualmente tenemos una vida "programada" por los cuatro costados. Somos como nudos de una red que nos estira o nos retiene de mil maneras. Yo necesito de vez en cuando levantar la cabeza. Necesito momentos de libertad; necesito horizontes abiertos; necesito comprobar que, aunque sea una pieza de una gran máquina, no soy sólo una pieza, sino que puedo, de vez en cuando, asomarme a respirar. A mí me sirve la palabra "salvación". Son momentos que me permiten oxigenar mi vida. Sin religión, a mí, ¡la vida me ahogaría! También tú nos dijiste que te encanta el día que no vas a la consulta. ¡La rueda de cada día! Pero todos, pienso, necesitamos salir de la rueda por unos momentos y comprobar que no somos sólo un diente de la gran rueda.
Julián
Carajo, Víctor, ¡cómo te has destapado esta vez! Y el caso es que me he sentido en total acuerdo contigo. Tan diferentes que pensaba que éramos, y resulta que, en el fondo, somos muy iguales.
Bet
Partimos de situaciones distintas, pero, en el fondo, somos más parecidos de lo que a simple vista se observa. Mi punto de partida es el contrario del tuyo, Víctor, pero la vivencia es idéntica. Para mí, la "salvación" fue dejar la religión y encontrar la libertad. En cambio para ti, es la religión la que te hace posible la libertad. En ambos casos, ¡la libertad es lo importante! Quizás es verdad que todos necesitamos ser salvados, porque, si lo miras bien, nadie nace libre.
Magda
Con lo que estáis diciendo, ahora veo más claro lo de la puerta estrecha de la que habla el Evangelio. A la libertad sólo se entra por una puerta estrecha; justo a la medida de cada uno, y que sólo puedes pasar si te deshaces de los añadidos. Por las anchas avenidas, no se llega a la libertad. Me ha hecho recordar una frase: En el río, los peces vivos van contracorriente, los muertos, siguen la corriente. Me resultan intrigantes las palabras del dueño: "No sé de dónde sois". En la casa de la libertad sólo se entra por la puerta estrecha, es decir: liberándose de multitudes y de equipajes. Cada posesión es una servidumbre; cada amistad que no libera, nos esclaviza. El reino de la libertad es como otro país. "El reino de Dios no es de este mundo", dijo Jesús ante Pilatos. ¡Ahora veo que esto tiene más jugo de lo que pensaba!
Julián
Pero, ¿por qué dice que no pueden entrar los que llegan tarde?
Magda
No sé. Seguramente el problema no es llegar tarde, sino no haber pasado por la puerta estrecha. "No sé de dónde sois". Mientras no pasamos por la puerta estrecha somos de otro mundo. No es que alguien sea excluido de la casa de la libertad, es que si entrara por la puerta ancha, para él ya no sería libertad sino servidumbre. ¿Os imagináis vivir amorosamente con alguien a quién no amáis? ¡Terrible! ¿Os imagináis a alguien con corazón de esclavo viviendo en el país de la libertad? ¡Terrible!
Algunos pueden pensar que entrarán en la casa de la libertad por su cara bonita, porque pertenecen a un pueblo privilegiado, o porque tienen influencias … Se equivocan. No valen ni privilegios ni caras bonitas ni influencias. Es cierto: la casa de la libertad está abierta a todos. "Vendrán de oriente y de occidente, del norte y del sur, y se sentarán en el reino de Dios". Pero a todos les falta "entrar por la puerta estrecha". Es decir: habiéndose liberado de todo el fardo que lleva encima.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)