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martes, 3 de septiembre de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXIII DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XXIII DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.

PROYECTO DE HOMILÍA. 

Impartiendo clase de Religión en primero de bachillerato, un alumno intervino diciendo: Jesús me da rabia porque era un creído. Y citó algunas palabras que, según los evangelios, Jesús habría dicho hablando de sí mismo. Entre aquellas palabras estaban las que hoy hemos leído: quién no me ama más que su padre y a su madre, que a su esposa y sus hijos, que a sus hermanos y sus hermanas, e incluso que la propia vida, no puede ser mi discípulo.
De esto ya hace bastante tiempo y ahora no recuerdo exactamente cuál fue mi respuesta. Pero le debí contestar más o menos esto: Estoy totalmente de acuerdo contigo. Si alguien dice unas palabras como éstas, manifiesta una gran pedantería y unas pretensiones totalmente injustificables. Pero Jesús no las dijo estas palabras sino que es el evangelista (en este caso, Lucas) quien las puso en boca de Jesús más de 50 años después de su muerte.
Que Jesús no dijo estas palabras lo sugiere el propio Lucas en la referencia en cuanto a la cruz: "Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser mi discípulo". Es totalmente imposible que Jesús pudiera hablar así de la cruz. En tiempos de Jesús, la cruz era un instrumento siniestro de tortura que los dominadores romanos aplicaban a aquellos que de alguna forma se rebelaban contra el Imperio. Era la aniquilación máxima de un hombre.
No fue hasta muchos años más tarde que, entre los discípulos, la cruz de Jesús fue adquiriendo el significado de una vida que se entrega, y que en esta donación encuentra su plenitud. Es precisamente a partir de la experiencia de Jesús que los evangelistas nos ofrecen una nueva manera de ver la cruz. La reflexión sobre la muerte de Jesús, una muerte tan coherente con su vida (vida que se entrega), llevará a los discípulos a ver en Jesús en la cruz la personificación más auténtica y exitosa de la vida humana. Para los discípulos, Jesús se convierte así en "el hombre–muestra", el Hijo del hombre, es decir: el Hombre. De ahí que "amar a Jesús", en los evangelios, significa "amar al Hombre", amar a la Humanidad en cada ser humano.
El significado de las palabras que Lucas pone en boca de Jesús es que el amor a las personas concretas, para que sea auténtico, debe situarse en el horizonte del amor a la Humanidad.
Así, pues, el contraste con el amor a los padres, esposa, hermanos … se refiere a cuando ese amor a personas concretas contradice al amor al Hombre. Es como cuando un político se aprovecha de su cargo para favorecer a su familia o a sus amigos en perjuicio del bien público. Hoy lo llamamos corrupción. Hay formas de corrupción muy visibles que todos denunciamos; pero hay también mucha corrupción escondida que nadie denuncia y que, incluso, hace sentirse, al que la practica, más listo. Pero no por ello deja de ser corrupción.
Los evangelios nos hablan de la vida como un servicio al Hombre. Es lo contrario que la corrupción. Por eso nos advierten de diferentes maneras contra la tentación de usar a otros para favorecer a los míos. Ya lo vimos en el evangelio de Juan, cuando Jesús, antes de aceptar el seguimiento de Pedro, le pregunta por tres veces: "¿me amas más que a estos (sus amigos)?" (Juan 21,15 ss) . (Ver los apuntes 9, correspondientes al domingo tercero de Pascua, Año C).
Que "amar a Jesús" significa "amar a los demás" está claramente afirmado también en el evangelio de Mateo cuando nos presenta aquella escenificación solemne y majestuosa del Juicio Final presidido por el Hombre (el Hijo del Hombre. Mateo 25, 31 ss). "Venid, benditos de mi Padre… porque tuve hambre, y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me acogisteis; … Entonces los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber … El rey les dirá: Os lo aseguro que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis ".
Volviendo a las "palabras de Jesús" que hemos leído, hay que reconocer que hoy nos cuesta mucho aceptar que los Evangelios pongan en boca de Jesús unas palabras que ni dijo ni las podía decir. Si no las dijo, ¿por qué se dice que las dijo? ¿Es que los evangelistas nos quieren engañar? ¿Es que pretenden darnos una falsa idea de Jesús?
Buena parte de nuestro problema viene del hecho de que estamos acostumbrados a leer los evangelios como si fueran biografías de Jesús. Pero no lo son. Deben considerarse más bien como guiones de celebración. Se expresa la fe y la vida de las comunidades cristianas. Nos hablan de Jesús, pero para presentarnos al Hombre. Para los discípulos, Jesús personaliza al hombre plenamente realizado según el proyecto de Dios.
Como ocurre en las obras de teatro, lo que dice cada actor corresponde a lo que ha escrito el autor. Aunque un actor represente a un personaje histórico, lo que dice no son palabras del personaje representado sino que son las palabras que el autor pone en su boca, a través de las cuales, si es un buen autor, "dibuja" la forma de ser y el significado del personaje representado. En cierto modo podríamos decir que los evangelistas han escrito unas obras de teatro en el que quieren presentarnos la figura de Jesús no según su realidad individual sino según lo que significa para la Humanidad. Los discursos y otras palabras que ponen en boca de Jesús son discursos y palabras construidos por los propios evangelistas a fin "de escenificar" el significado que Jesús de Nazaret puede tener para nosotros, los humanos. No hacen "biografía" sino "evangelio" (que significa Buena Noticia). No miran hacia atrás (los hechos pasados de la vida particular de Jesús) sino adelante (un nuevo horizonte para la Humanidad).
MENSAJE. 
Amar al Hombre da horizonte y sentido a nuestros amores concretos: el padre, la madre, esposa, hijos …
Desde que el mensaje de Jesús se ha convertido en una "religión", tenemos el peligro de "confesionalizar" la figura de Jesús. Pero los evangelios no nos presentan a un Jesús "cristiano" sino humano. No es el fundador del Cristianismo sino el primogénito de la Humanidad en plenitud (Lucas 2, 7. También Efesios 4, 9 ss).
RESPUESTA. 
Hoy quisiera sugerir una doble respuesta:
A). Sobre el amor al hombre:
Lucas pone en boca de Jesús un lenguaje pedagógicamente provocativo para advertirnos que si alguien no se atreve a amar al Hombre por encima de todo, más vale que no pretenda llamarse discípulo suyo (seguidor del Hombre). Es una advertencia muy oportuna para orientar la acción de algunas comunidades cristianas actuales. Parece que, ante el peligro de perder importancia, algunas comunidades se dedican sobre todo a afirmarse a sí mismas. Se diría que aman más a su propia vida que al Hombre o a la Sociedad para quienes viven. Es muy posible que la "institución eclesial" llegue incluso a desaparecer de determinadas sociedades o de determinados ámbitos, pero esto no debe considerarse ningún daño si es como resultado del amor fiel de la Iglesia hacia esta misma sociedad. Lo importante no es mantenerse sino ser fieles al Hombre. ¿O es que ya hemos olvidado la eficacia de la muerte (desaparición) de Jesús? ¿Hemos descuidado que todo empezó en el Calvario? Es decir: ¿hemos dejado de creer en la fuerza resurreccional de la muerte por amor? ¿O es que pensamos que sólo dentro de la institución eclesial se puede ser humano?
B). Sobre el lenguaje:
Es urgente hacernos conscientes del problema de lenguaje que hoy tenemos los cristianos. Nuestro lenguaje se ha convertido en no significativo, tanto para los demás como para nosotros mismos. Muchos cristianos viven su fe sin aquel mínimo de comprensión que les permitiría tener una fe adulta, apta para ser disfrutada, y comunicada a la gente de nuestro mundo (que la necesita urgentemente).
La intervención del alumno en la clase de Religión del que he hablado antes, es una cuestión seria. Necesitamos crear un lenguaje conectado a la vida que nos permita entender y comunicar la Buena Nueva. Este lenguaje no puede ser obra sobretodo de sabios y entendidos (Lucas 10,21), sino del pueblo. Que el pueblo cristiano recupere la capacidad de pensar, entender y expresar su fe.
Es necesario que las comunidades sean vivas y adultas para que haya lenguaje, y los maestros surgirán de las propias comunidades, como un don (carisma) entre los otros dones, para dar forma y calidad al lenguaje en bruto nacido de la eficacia de la vida comunitaria.
También habría que recordar que, en nuestra sociedad laica, perduran celebraciones religiosas sociales (bodas, entierros, misas de fiesta mayor, misas televisadas o radiadas …) donde muchos "participantes" o simples "oyentes" ya no conocen el simbolismo necesario para entender adecuadamente lo que se celebra. En estos casos es aún más urgente cambiar el lenguaje simbólico–ritual por otro que se adecue a la situación real de los participantes. ¿Somos conscientes de que en una sociedad laica el lenguaje confesional sólo puede ser entendido como sectario?
Quien quiera, tiene todo el derecho a ser "sectario", pero no es ninguna obligación, ni necesario, ni hace bien a nadie. En cambio, puede ser muy dañino.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Buscad y comentad algunos ejemplos importantes de lenguaje inadecuado para la sociedad actual. Pueden ser ejemplos extraídos del lenguaje hablado, del ritual, de la conducta, de los símbolos, de la arquitectura, de la vestimenta, …
  2. ¿Consideráis la laicidad como un hecho positivo o negativo para la Iglesia? ¿Por qué?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)