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martes, 17 de septiembre de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXV DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XXV DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.

PROYECTO DE HOMILÍA. 

En la Segunda Lectura de hoy hay una afirmación que puede sorprender, y que, por ello, requiere de un comentario. "El mediador entre Dios y los hombres es uno solo, el hombre Jesucristo, que se dio a sí mismo para rescatar a todos los hombres".
Pienso que sería una mala interpretación de estas palabras de San  Pablo si las entendiéramos en sentido confesional; como queriendo decir: sólo dentro de la religión cristiana es posible llegar a Dios ya que Jesucristo es el único mediador.
Cuando San Pablo escribió estas palabras, el mensaje cristiano no se había convertido aún en una religión. Es necesario, pues, entenderlas en sentido humano y no confesional. Es decir: no es una cuestión "religiosa" sino humana. Su significado es: entregarse a favor de los demás (es lo vemos en el hombre Jesús) es lo único que nos conduce hacia Dios.
Sería bueno hacer notar que el protagonista de la parábola que hemos leído no es el hombre rico sino su administrador. Así pues, la enseñanza que se nos quiere dar no es sobre ser o no ser rico sino sobre cómo administramos las riquezas, sean pocas o muchas. Esta vez no va dirigido a los ricos sino a todos.
La primera cosa que sorprende es la alabanza que el señor hace de la forma tramposa de reaccionar del administrador.
Diferentes comentaristas "solucionan" esta cuestión explicando que, tal como funcionaban en aquel tiempo las relaciones entre amo y administrador, la reacción de nuestro protagonista no es tramposa. Los administradores, en aquel tiempo, cobraban su trabajo con comisiones sobre el producto. Como ellos mismos las decidían, eran posibles toda clase de abusos legales. En cambio en la parábola, el administrador, después de saber que se le ha acabado el "negocio", procura ganarse amigos precisamente no cobrándoles la comisión con la que él mismo había grabado lo que debían a su señor. Es decir: prefiere dejar de ganar dinero para poder ganar amigos, que más tarde necesitará.
El señor lo alabó …
En el relato no queda claro si el "señor" que alaba la astucia de este administrador es su jefe o se refiere al propio Jesús("el Señor"). Pero, en todo caso, parece claro que la finalidad de la parábola es poner de relieve la astucia del administrador para que sirva de ejemplo a los discípulos. Es decir: saber usar las riquezas que tenemos o podríamos tener para hacer amigos que nos acojan cuando las riquezas ya no nos sirvan dado que son "engañosas".
Riquezas engañosas
Las riquezas son buenas pero engañosas. Son buenas porque nos pueden ayudar a hacer amigos; son engañosas porque en sí mismas no nos sirven para la necesidad más importante de la vida.
La auténtica necesidad de la vida humana es responder generosamente a la invitación de Dios a participar de su Vida. Pero Dios es Amor, y no hay posibilidad de disfrutar de su vida si no es aprendiendo a amar. Imaginemos que alguien va al cielo sin haber aprendido a amar. Como en el cielo todo es amor, el pobre hombre que no sabe amar se encontraría tan desplazado que, para él, aquello sería un infierno.
Para disfrutar del cielo, es necesario haber aprendido a amar, como para disfrutar de un libro hay que haber aprendido a leer.
En sí mismas, las riquezas son engañosas porque no son amor, pero si las compartimos, nos permiten aprender a amar, y así nos preparan para recibir la riqueza auténtica que Dios nos tiene destinada.
En cambio, si no sabemos compartir ni siquiera unas riquezas que son tan poca cosa para nosotros, ni Dios mismo nos puede dar esa riqueza auténtica para la que nos ha creado.
MENSAJE. 
El mensaje está resumido en la frase final: "No podéis servir a Dios y al dinero". Las riquezas no son para servirlas sino para servirse de ellas para aprender a amar (compartir).
RESPUESTA. 
Si alguna vez habéis tenido riquezas, sin duda habéis experimentado la tiranía que ejercen. Sólo con una decisión muy decidida podremos girar la tortilla y no servirlas sino servirse de ellas.
"Servirse de ellas" significa, de una manera u otra, deshacerse de ellas o hacerlas rendir en beneficio de los demás, a los que, sobretodo si son pobres, debemos considerar como los auténticos "dueños" de las riquezas que tenemos para administrar”.
Hoy todo esto puede resultar muy complicado debido al tejido que conforma el conjunto de las riquezas. Un tejido del que no nos podemos deshilar”. Nuestro dinero, pocos o muchos, conforman una red con todo el resto del dinero, justo, no justo o extremadamente injusto. De una forma u otra son accionistas de una Economía global bastante sospechosa. ¿Qué hacer? ¿Sustraernos? Esto es imposible… ¿Actuar con responsabilidad? ¡Por supuesto! … Pero esto requiere unos conocimientos que a menudo no tenemos ni podemos tener.
Como el administrador de la parábola, también nos preguntamos: ¿Qué podremos hacer…? Él demostró ser astuto ¿Lo sabremos ser también, nosotros?
Y quien entienda más, que comparta con nosotros la riqueza de sus conocimientos…
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. La Economía ha evolucionado de tal forma que actualmente todo toma forma de dinero. ¿Qué hacéis para ser cada día un poco menos esclavos del dinero? ¿Lo conseguís, más o menos?
  2. ¿Qué ayudas y qué limitaciones conlleva el hecho de vivir en familia, para una economía solidaria? ¿Es tema de conversación y de planificación entre vosotros?
  3. Dada la situación de donde venimos, la Iglesia dispone de un importante y muy variado patrimonio que no puede mantener ni, tal vez, repartir. ¿Qué opináis sobre este punto? ¿Qué caminos de solución intuir? ¿Os parece correcto, evangélicamente hablando, continuar como siempre?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)