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miércoles, 30 de octubre de 2013

TERTULIA EN ESPIRAL - Capítulo 53 - DOMINGO XXXI DE ORDINARIO - Ciclo C

Tertulia en espiral




TERTULIA – DOMINGO XXXI DE ORDINARIO – Ciclo C 

Bet
Tú, Magda, siempre dices que Lucas es muy buen escritor, pero yo creo que en este relato de hoy se ha pasado, porque nos habla de este tal Zaqueo de una manera que nos lo hace simpático, cuando en realidad debía ser un caradura.
Magda
Sólo conocemos a Zaqueo por esto que nos dice Lucas en este relato. Y es verdad: este relato está hecho de tal manera que este Zaqueo, que era un caradura, nos resulta simpático. Pero creo que esto está hecho a propósito. Por eso me pregunto: ¿por qué Lucas nos presenta a este caradura de forma que nos caiga simpático?
Víctor
Supongo que Lucas, de esta manera, quiere recalcar la importancia de convertirse. Zaqueo resulta simpático por su chiquillada de subirse a un árbol, pero lo más importante es que se convierte. Al comienzo del relato habla de su pequeñez de estatura, seguramente para destacar su pequeñez moral. Moral y social, porque los publicanos eran la gente más despreciada. Y con razón: se aprovechaba del dominio que los Romanos ejercían sobre el pueblo. Pero al final, cuando ha acogido a Jesús en su casa, se convierte. El relato dice que se puso en pie. Así se manifiesta la grandeza de este hombre menudo que nos resulta simpático.
Julián
No sé si este Zaqueo me resulta tan simpático como decís. Yo he hecho otra reflexión. En este relato, además de Zaqueo y Jesús, hay otro protagonista: la multitud. El relato dice que Zaqueo no puede ver a Jesús debido a la multitud. Tú, Magda, siempre nos has dicho que, en los evangelios, Jesús personifica al Hombre. Según esto, aquí se nos dice que la multitud impide ver al Hombre. Cuando Zaqueo consigue ver quién es el Hombre, deja de ser un caradura. No sé si se convierte o no, pero todo parte del hecho de que este pobre hombrecillo "quería saber quién era el Hombre".
Yo leo este relato en clave política, y pienso: si los políticos abandonaran (abandonáramos) las ideas preconcebidas, y quisieran ver realmente quiénes son los humanos, qué piensan, qué quieren los ciudadanos … ¡la política sería el servicio más bonito y noble que se haya inventado nunca! Pero no: en el partido me consideran por un indeciso porque siempre encuentro pegas a los programas electorales. La mayoría busca programas que obtengan votos, aunque después no se puedan cumplir … "Ver al Hombre". ¡Esa es la cuestión!
Magda
Encuentro interesantísimo esto que acabas de decir. Aquí la multitud también es protagonista, y muy negativamente: primero impide ver al Hombre, luego critica a Jesús porque se ha hospedado en casa de un pecador. Podemos hacer mucho daño sin darnos ni cuenta …
Bet
La multitud somos todos. La multitud es el Pueblo. En democracia, ¡la multitud siempre tiene razón!
Víctor
Hay multitudes y multitudes. Un rebaño de ovejas pueden ser tanta multitud como quieras, pero sólo dicen béeee. En cambio un enjambre de abejas también es multitud, pero cada una tiene y cumple con su responsabilidad. "La multitud siempre tiene razón". Por eso hay tantos aprovechados que quieren manipularla. Y, desgraciadamente, a menudo lo consiguen.
Magda
Según los evangelios, Jesús se encuentra a menudo con la multitud. Pero su objetivo es que no se quede en simple multitud sino que se convierta en comunidad. Hay una gran diferencia entre una simple multitud y una multitud–comunidad. La comunidad es activa, creativa. La simple multitud es pasiva, y fácilmente manipulada por los líderes de turno. A veces es necesario "subirse a un árbol" para poder ver la realidad humana. Hay que ser críticos.
Julián
Me parece que fue Churchill quien dijo, más o menos, aquello de que la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los sistemas anteriores. O sea: que la democracia no es buena, pero es la forma de gobierno menos mala.
Víctor
Yo prefiero decirlo de otra manera (y que me perdone el Sr. Churchill): la democracia es buena; pero en manos de individuos no democráticos, se hace perversa y es lo peor de todo. ¡Es por esto que estamos como estamos!
Bet
Sí. Yo también lo creo. Creo que la democracia, antes que nada es una virtud; una cuestión de justicia. Sin esta virtud, la democracia política es un fracaso. Pero sigue siendo el mal menor.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


martes, 29 de octubre de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXXI DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XXXI DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
PROYECTO DE HOMILÍA. 

El relato de hoy tiene como protagonista, aparte de Jesús, Zaqueo: un colaboracionista que se había enriquecido abusando del poder que le daban los dominadores romanos para cobrar los impuestos que oprimían a su propio pueblo. Zaqueo es visto por la gente como un individuo despreciable.
Pero sorprendentemente Lucas le describe de tal manera que nos resulta simpático desde el primer momento. La escena es de una gran viveza y con una cierta dosis de infantilismo que nos la hace cercana y humana. Zaqueo es pequeño de estatura, y no puede ver a Jesús porque la multitud se lo impedía. A pesar de ser un hombre importante y rico, hace lo mismo que haría cualquier chiquillo avispado: subirse a un árbol. La escena resulta un poco cómica, pero así se consigue que le veamos más simpático. Y también nos resulta simpático por su afán por ver a Jesús.
Aunque el Misal nos habla sólo de "un árbol", el texto original dice que se trata de un sicómoro: una especie de higuera grande y silvestre. Posiblemente aquí haya un doble sentido ya que la higuera, junto con la vid, era uno de los símbolos utilizados para representar al pueblo de Israel. Zaqueo, excluido de la multitud (pueblo) a causa de su oficio despreciable, quiere compensar esta exclusión subiéndose a una higuera, símbolo de Israel. Es decir: busca sentirse integrado en su pueblo.
Intentaba ver quién era Jesús …
El camino de Jesús terminará con un gran "espectáculo" en el Calvario: la solemne exhibición de Jesús como "hombre – imagen de Dios" (Hijo del Hombre). Pero pocos serán capaces de reconocerle en aquel espectáculo.
Pedagógicamente Lucas nos va preparando. Jericó es la última etapa antes de Jerusalén. A la entrada de Jericó, Lucas nos presenta un ciego que quiere ver. "Señor, haz que vea" (Lucas 18,35. Episodio no recogido en el Misal). También ahora se nos dice de Zaqueo que quería ver quién era Jesús.
Querer ver a Jesús significa estar dispuesto a ver al hombre. Del ciego se dice que pudo ver y seguía a Jesús. De Zaqueo se dice que da a los pobres la mitad de sus bienes y que "hoy se ha salvado esta casa, ya que este hombre también es un hijo de Abraham". En ambos casos se trata de ver al Hombre o ver a los demás.
"Todo el que lo vio criticaba a Jesús".
No todo el mundo está dispuesto a ver al Hombre. Sorprende que precisamente toda la gente critique a Jesús por su comportamiento con Zaqueo. Y es que esta multitud no sigue a Jesús para ver al hombre sino para ver a su "rey", como pondrán de manifiesto en la entrada triunfal a Jerusalén que le están preparando (Lucas 19,28 ss). Pero cuando se darán cuenta de que se trata de un rey que rechaza todo poder de dominio sobre los demás, todos gritarán: ¡Mátalo, a este! ¡Déjanos libre a Barrabás! (Lucas 23,18).
Jericó.
El camino de Jesús hacia Jerusalén es un camino espiritual. Pero Lucas usa la geografía como un lenguaje. Hoy nos habla de Jericó.
La ciudad de Jericó está cargada de simbolismo, tanto por su historia como por su ubicación. Fue la primera ciudad de la tierra prometida conquistada por el pueblo de Israel guiado por Josué. Nótese que "Josué" y "Jesús" son el mismo nombre, uno en arameo y el otro en griego. En el camino hacia Jerusalén, Jericó es la última estación. A partir de aquí el camino va subiendo hasta la cima de la montaña de los Olivos desde donde ya se puede ver la esplendorosa ciudad de Jerusalén y su famoso templo. Los peregrinos hacían noche en Jericó para llegar al día siguiente a la Ciudad donde estaba el único templo de Israel.
Josué, más de mil años antes, había comenzado la conquista de la Tierra Prometida gracias a una mujer "pecadora" (prostituta) de Jericó que acogió en su casa a los espías de Israel. Lucas, diciéndonos que Jesús es acogido por un "pecador" (publicano), nos quiere recordar la conquista de Josué. También el camino de Jesús terminará con una conquista, aunque muy diferente de la de Josué. Aclamado por sus seguidores, Jesús entrará como nuevo "rey" en la Capital y se dirigirá al templo para "purificarlo". Era por culpa de la corrupción del templo que la Tierra Prometida se había convertido en Tierra de Esclavitud. Pero la victoria de Jesús no será sobre nadie: ni sobre los dominadores romanos ni sobre los opresores religiosos. De hecho, para Jesús, los esclavizadores son tan esclavos como los propios esclavizados. La victoria de Jesús será directamente sobre la la esclavitud y su principal causa: una perversa degeneración del templo, del cual no quedará piedra sobre piedra (Lucas 21,6).
… Ha venido a salvar lo que estaba perdido.
Lucas nos va perfilando la novedad de Jesús; de un Jesús que escandaliza a sus discípulos alojándose en casa de un pecador. Y es que hay dos maneras de salvar: la de los humanos y la de Dios.
Los humanos pretendemos hacer avanzar la salvación (la realización del proyecto Hombre) separando a los malos y condenándoles. En cambio Dios salva "contagiando" su bondad también a los "malos", los cuales así se pueden volver buenos. La presencia de Jesús hace que el ladrón Zaqueo reparta sus bienes. "Señor, ahora mismo doy a los pobres la mitad de mis bienes, y a todos a los que he defraudado les devolveré cuatro veces más".
La reacción de los "buenos" será condenar también a Jesús. En el ejercicio de esta condena se pondrá de manifiesto que también ellos, los "buenos", tienen maldad, y necesitan igualmente dejarse "contagiar" de la bondad de Dios ofrecida en la bondad de tantísimas personas que están a nuestro lado.
Desgraciadamente el Misal, después de presentarnos durante bastante domingos el camino de Jesús hacia Jerusalén, cambia de perspectiva. Lo que correspondería a la llegada de Jesús a Jerusalén ya fue leído, en parte, durante la Cuaresma y Semana Santa, por eso ahora el Misal no lo repite.
MENSAJE. 
La Bondad y la Maldad se contagian. Pero hay una gran diferencia: la Maldad nos repugna, la Bondad nos encanta. Por ello acabará imponiéndose la Bondad. En realidad, sólo la Bondad permanece para siempre porque nace continuamente de su Fuente inagotable. En cambio la Maldad es un simple subproducto ocasional que segregamos para compensar las carencias ocasionales de Bondad.
RESPUESTA. 
"No te dejes vencer por el mal, al contrario, vence el mal con el bien.", Recomienda San Pablo en su carta a los Romanos (Romanos 12,21).
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. En la práctica de cada día, ¿sois más propensos a actuar según la justicia humana (que condena), o según la justicia de Dios (que justifica)?
  2. La multitud que acompaña a Jesús impide a Zaqueo verle. ¿Creéis que hoy puede ocurrir también lo mismo? ¿Sería cristiano considerar a Jesús propiedad privada de los Cristianos?
  3. ¿Se puede acoger realmente a Jesús siendo miembro de otra religión?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)

lunes, 28 de octubre de 2013

REFLEXIONES DE FESTIVOS - FESTIVIDAD DE LOS DIFUNTOS

ACTUALIZADO EN 2014

Por cerezo Barredo. Ciclo C.
PROYECTO DE HOMILÍA.

Hoy este apartado no será sobre el evangelio sino sobre el lenguaje de la Fiesta de los difuntos en sí misma.
Hay una primera cosa que sorprende: de las dos celebraciones –Todos los Santos y Día de los Difuntos– aquella que es realmente popular es la segunda; en cambio, el calendario laboral declara festiva la primera. Parece un contrasentido.
Esta incongruencia es un reflejo de la contradicción en que se encuentra nuestra sociedad en relación a la Muerte. Por un lado, la Muerte es una realidad profundamente presente en nuestra vida, no sólo porque todos morimos sino sobretodo porque experimentamos la muerte de las personas con las que convivimos.
Por otra parte, apartamos de nuestra vida todo aquello que tenga relación con la Muerte. Los cementerios son como una "ciudad aparte", la ciudad de los muertos. Los tanatorios nos facilitan separar el "mundo de los vivos" del "mundo de los muertos". A nuestros niños les escondemos la realidad de la Muerte tanto como podemos.
Quizá por eso normalmente recordamos a nuestros antepasados no tanto en el Día de los Difuntos sino en la Fiesta de Todos los Santos. Este año, sin embargo, que coincide con domingo, quizás sea diferente.
En el ámbito mediterráneo, la separación de estos dos mundos –el mundo de los Vivos y el mundo de los muertos– viene significada por la losa que cubre los sepulcros o por la lápida que cierra los nichos. La cosa viene de lejos y ha influido también en el lenguaje de los evangelios.
Pero el mensaje cristiano, en este punto, tiene una posición radical. "Retirad la losa", manda Jesús a las hermanas del difunto Lázaro. "Dejadlo ir" (Juan 11,39–44). La losa que separa los "dos mundos", es obra nuestra. Cuando los evangelios nos hablan de "muertos" no se refieren tanto a los difuntos como a aquellos que no viven la auténtica vida, que es el Amor. "Deja que los muertos entierren a sus muertos", responde Jesús a un candidato a discípulo (Mateo 8,22). (Véase también 1ª Carta de Juan 3,14).
El "mundo de los muertos" no es creado por Dios. Dios ha creado sólo el mundo de los vivos, y este es el único mundo real. Cuando piden a Jesús que visite a una familia donde ha muerto una hija, Jesús les dice: "la chica no está muerta sino que duerme" (Mateo 9,24).
Del mismo Jesús nos dicen los evangelios que, una vez muerto, introdujeron y encerraron su cuerpo en el mundo de los muertos, haciendo rodar a la entrada una "gran piedra" (Mateo 27,60). Cuando las mujeres acuden para ungir el cadáver de Jesús, su problema es: “¿quién nos quitará la piedra?". La "gran piedra" que separa los dos mundos la ponemos los humanos, y, una vez puesta, nos cuesta mucho quitarla … La sorpresa de las mujeres fue comprobar que la gran piedra había sido retirada (Marcos 16,3), y el ángel que les dice: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lucas 24,5). No es que Jesús no hubiera muerto, sino que la muerte no es lo contrario a la vida, ni la excluye.
En el mensaje cristiano desaparece la losa que separa los dos mundos. No hay dos mundos sino uno solo, creado para la Vida.
En el espíritu de la Liturgia, esta Memoria de Difuntos, a continuación de la fiesta de Todos los Santos, implica una idea difícil de asumir y más difícil de explicar en una sociedad como la nuestra tan centrada en la persona individual.
En la liturgia católica el Día de los Difuntos tiene, sobretodo, el objetivo de orar por aquellos que aún no están del todo preparados para poder disfrutar plenamente de la Vida en Dios. Y aquí podemos preguntarnos: ¿sirve de algo rezar por los difuntos?
Bastante gente, cuando muere un familiar cercano, "le encargan misas" para ayudarle. ¿Le ayudan realmente? ¿Es posible hacer algo en favor de una persona muerta?
A menudo entendemos la muerte como un mal. Cuando muere un familiar o una persona cercana a nosotros, suele invadirnos un cierto sentimiento de culpa: no le hemos atendido suficientementeNo le hemos querido lo suficiente … No hemos hecho por él todo lo que podíamos …
Es la "revuelta de los vínculos". Por más que la cultura actual vaya diciendo y repitiendo que "cada uno es cada uno", la verdad es que sentimos nuestra vida personal vinculada con las vidas de aquellos con quienes convivimos. Cada uno de nosotros es como un nudo de una gran red. Los hilos que forman el nudo no empiezan ni terminan en nosotros. Por más que la ciencia nos asegure que cada uno tiene un ADN único y diferente, todos experimentamos que nuestra vida, nuestra manera de ser, de hacer, de responder … depende en gran parte de la vida de los demás; y la vida de los demás también depende en parte de la nuestra. La solidaridad entre las vidas no es sólo una actitud moral sino una experiencia existencial.
No existen muchas vidas sino una VIDA única, participada por todos los vivientes. "Un hombre muere en mí siempre que un hombre muere", dice una canción. Y también: un hombre nace en mí siempre que un hombre nace. Un amor me llega siempre que alguien me ama. Un impulso vital me anima siempre que alguien se regenera. Sufrimos con los que sufren. Estamos encantados con los que están contentos. "Todo el estanque ‘tiembla’ cuando en algún lugar cae una pequeña piedra".
Los seres humanos somos inteligencia y somos corazón. Son dos niveles de conocimiento. Es famosa la sentencia de un gran intelectual, Blaise Pascal: "El corazón tiene razones que la inteligencia no comprende". Ante la Muerte, la inteligencia nos impulsa a comprender, pero sin demasiado éxito. El corazón nos permite experimentar. Hay que evitar el peligro de la intelectualización; también hay que evitar el peligro del ensimismamiento en lo que experimentamos.
La muerte conlleva siempre una cierta crisis. En momentos de crisis, necesitamos usar la inteligencia porque nos ayuda a objetivarla, conceptualizar y entenderla mejor o peor. Pero también necesitamos al corazón porque nos permite vivirla para superarla.
Pienso que no sirve de nada "encargar misas por los difuntos" si son simples ritos, y no son vivencias de comunión. No sirve de nada "orar por los difuntos" si ello no conlleva una experiencia de solidaridad. Pero si la misa es hacerse alimento para los demás, en estos "otros" están incluidos también los difuntos, porque ellos no forman un mundo aparte.
Hay un misterio de comunión entre todos los vivientes que hace que nada sea indiferente para el resto. Cualquier bien hace bien a todos; cualquier mal hace daño a todos.
Cada Cultura y cada Religión tiene su lenguaje (ritos, fiestas, celebraciones, oraciones …) para expresar y vivir esta solidaridad. Lo que importa es que no sea un lenguaje vacío.
Con todo, hay que reconocer que a menudo es difícil no mezclar en un mismo lenguaje solidaridad y ritualización.
La ritualización, o magia, es pensar que los ritos son eficaces por su propia fuerza, como si hubiera en ellos o en la persona que los realiza, alguna clase de poder sobrenatural.
Por eso el lenguaje es algo que hay que ir purificado constantemente.
MENSAJE
La Fiesta de los Difuntos contiene un mensaje diferente según la situación de cada persona. Las personas muy queridas, cuando mueren se llevan con ellas una buena parte de nuestra vida, y eso hace que nuestros vínculos con ellas se hagan mucho más intensos. Sentimos con fuerza su nueva presencia. No se trata sólo de un recuerdo sino de una verdadera presencia, íntima, profunda y pacificadora. Su paz se nos contagia. En estos casos la experiencia de la muerte ayuda a entender la Vida, ya que, como se dice a menudo, la muerte es ley de vida.
Podríamos decir que el mensaje del Día de los difuntos es una invitación a creer en la Vida.
RESPUESTA
Estamos en una sociedad muy "vitalista", pero que cree más en la Muerte que en la Vida, al menos intelectualmente. La vida es considerada por muchos como una simple aventura, aparecida por casualidad; un capricho de la naturaleza, sin otro horizonte que ser engullida por la Muerte.
Y sin embargo, la fe en la Vida es el tuétano del mensaje cristiano. Y, seguramente, una sociedad laica como la nuestra, el servicio que más necesita es encontrarse con testimonios de "el éxito de la vida".
En otros tiempos, cuando la sociedad era religiosa, a la Religión se le encomendaban muchas cosas que hoy ha asumido la propia sociedad civil, como, por ejemplo, la promoción y defensa de la Moral. Esto nos permite, como Iglesia, dedicarnos de lleno a aquella que es nuestra misión específica: predicar y celebrar la VIDA, para que todo aquel que lo desee "tenga vida, y tenga en abundancia" (Juan 10,10).
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. ¿Qué signos o manifestaciones vemos en nuestra sociedad actual, de "fe en la Muerte" y de "fe en la Vida"?
  2. Pensando en nosotros mismos: en relación con las personas que realmente hemos querido, la muerte, ¿nos las hace más cercanas o más lejanas? ¿Las sentimos más ausentes o más presentes?
  3. Los ritos, oraciones, costumbres … de la Iglesia con motivo de una defunción, ¿os parecen adecuados, y coherentes con el Evangelio?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Enlace a la publicación en el propio blog


http://www.iesusnazarenusrexiudaeorum.org/2012/10/reflexiones-de-festivos-todos-los-santos.html

miércoles, 23 de octubre de 2013

TERTULIA EN ESPIRAL - Capítulo 52 - DOMINGO XXX DE ORDINARIO - Ciclo C

Tertulia en espiral



TERTULIA – DOMINGO XXX DE ORDINARIO – Ciclo C 

Bet
Pues, mira: esta vez me parece bien esto que dice el evangelio. Hay muchos que, porque van a misa cada día, ya se consideran más santos que los demás. Perdona, Víctor: no hablo por ti. Hablo de cuando yo todavía iba a misa; de algunos beatos, que luego te la pegaban …
Víctor
Tranquila, Bet. Sé que no hablas por mí. Actualmente sigue ocurriendo lo mismo, pero al revés: los que vamos a misa (o los que todavía vamos a misa, como dicen muchos) parece que tengamos la lepra …
Julián
Todo ha cambiado mucho. Y es verdad: en nuestra sociedad, ser practicante está mal visto. Y es injusto porque todo el mundo es "practicante" de algo, aunque sea para ir al bar a jugar la partidita … Esto que dices, ahora también comienza a ocurrir con los políticos. Por cuatro políticos imbéciles o aprovechados, ya parece que todos tengamos que ser corruptos. Es muy desagradable. Es muy fácil criticar sin hacer nada …
Pero, de este evangelio, lo que a mí más me da que pensar y me preocupa no es el fariseo (que ya se ve que es un estúpido …) sino la actitud del publicano. No sé quién era ese individuo, pero se le ve abrumado por un sentimiento de culpabilidad, que me parece muy destructivo. Y aquí sí que me quejo de la religión, precisamente porque fomenta esta clase de sentimientos.
Magda
Estoy de acuerdo que es un sentimiento destructivo, y que puede darse en personas religiosas. De todos modos, yo me he movido casi siempre en ambientes no religiosos y también lo he encontrado. Tú, Julián, como médico, lo debes saber mejor que yo: el sentimiento de culpabilidad es complejo, y puede tener causas muy variadas. Es cierto: la religión lo puede acentuar con todo eso del infierno o que somos pecadores … Pero, como vemos en el evangelio de hoy, la religión también puede ser utilizada como excusa de sentimientos de superioridad o de prepotencia, más malos que el de culpabilidad porque incluyen desprecio hacia los demás. El problema no lo veo tanto en la religión como en la inmadurez. En este sentido, creo que el relato de hoy está muy bien construido: sólo el fariseo se compara con los demás y les desprecia. En cambio el publicano se sitúa sólo delante de Dios; de un Dios por el que se siente acogido, a pesar de sus pecados. Yo diría que, más que un sentimiento de culpabilidad, el relato de hoy quiere poner de relieve la diferencia entre los dos, y la valoración diversa que hace Jesús: los dos van al templo, pero sólo uno sale perdonado.
Bet
A mí, cuando todavía era religiosa, me marcó mucho el sentimiento de culpabilidad. En cambio, el sentimiento de superioridad que dices, lo he sufrido de parte de los demás. Primero como mujer: ¡todavía hay mucho machismo "civilizado" entre nosotros! Ahora también se ha juntado la prepotencia de esa caterva de políticos dogmáticos que, además, han acabado contaminando a mucha gente normal. Perdona, Julián.
Julián
No: ¡si tienes toda la razón! La política se está dogmatizando; se está convirtiendo en una religión. Y más peligrosa, porque tiene el poder.
Víctor
El sentimiento de culpabilidad me preocupa poco. Y de prepotente, me parece que no lo soy. Pero tengo que reconocer que, como tú, no soporto la prepotencia que muchos exhiben. Exhibir prepotencia se ha puesto de moda, desde los políticos, como decías tú, hasta en los deportes. Lo considero el problema más grave de hoy en día, y que pone en peligro la convivencia. Y encima, los casos más "sonoros" de esta prepotencia humillante se exhiben, y se alimentan desde los medios de comunicación más irresponsables.
Yo quiero creer lo que dice el evangelio, pero de momento, ocurre lo contrario. Me refiero a esto de "quien se enaltece será humillado, y el que se humilla será ensalzado". Por el momento no veo que esto ocurra.
Magda
No ocurre en forma de reacción, que es como lo haríamos nosotros. Si ocurriera en forma de reacción, estoy segura de que a muchas personas las enalteceríamos para que fueran humilladas
Recuerdo que en un campamento de niños, el monitor tocó el pito y todos los niños corrieron para ponerse en la fila intentando ser los primeros. Entonces el monitor se fue a la cola, e hizo girar a los niños, de manera que los últimos pasaron a ser los primeros. Quedó claro que ser los primeros o los últimos era una cuestión reversible.
El relato de hoy nos quiere hacer ver que ser primeros o últimos ante Dios es reversible. Él valora nuestros comportamientos al revés de como lo hacemos nosotros, y su valoración es la que vale.
Julián
Pero esto es muy peligroso, porque permite hacer trampas. ¿No os habéis encontrado con personas que se humillan sólo para que les ensalcen? ¡Y lo convierten en un derecho! Pasa lo mismo que con algunos enfermos: necesitan estar enfermos –y terminan estándolo de verdad– sólo para que les cuiden.
Víctor
Debemos suponer que Dios sabe juzgar mejor que nosotros … Y que lo hará con benevolencia.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


lunes, 21 de octubre de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXX DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XXX DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.

PROYECTO DE HOMILÍA. 

Parece claro que Lucas, a pesar de dedicar su obra a un tal Teófilo, conocía muy bien el talante de las comunidades cristianas y las desviaciones en que podían caer, y escribe también para ellas.
Seguramente por esto, centra su Evangelio en el camino de Jesús hacia Jerusalén. Este "camino", en realidad, es una "guía" para el discípulo que quiere seguir a Jesús. Con abundancia de relatos, parábolas y discursos, Lucas nos presenta a un Jesús que progresivamente va acotando el camino a fin de que los seguidores no nos perdamos por él.
Luego de hablarnos de la pobre viuda que persiste en pedir justicia precisamente a un juez injusto (domingo anterior), en la parábola de hoy Jesús acota un poco más el camino denunciando uno de los peligros más frecuentes que acechan a las comunidades religiosas minoritarias: creerse mejores que la mayoría.
Los protagonistas de la parábola de hoy son un fariseo y un publicano o cobrador de impuestos.
Los Fariseos eran personas consideradas un modelo de buena conducta.
Los publicanos eran personas consideradas repelentes porque solían ser ladrones, vendidos a los dominadores extranjeros, impuros, corruptos, unos aprovechados …
El fariseo de la parábola de hoy era realmente buena persona, en el sentido de que hacía muchas obras buenas. Pero tenía un "pequeño" defecto: creía que ser buena persona le permitía juzgar a los demás y sentirse superior a los que no seguían su modelo de vida. "Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros, …".
El publicano de la parábola era realmente mala persona, y ni siquiera promete convertirse. Pero se juzga sólo a sí mismo y se reconoce pecador ante Dios y por comparación ante los demás. Por eso no puede confiar en sus obras sino sólo en la bondad de Dios.
Y viene la sorpresa: Jesús declara que el publicó regresa a su casa perdonado, pero no el fariseo. Y la razón es muy extraña: "Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será ensalzado".
Nuestra reacción espontánea es decir: ¡Esto no es justo! ¡¿Qué mal hay en considerarse mejor persona si de hecho lo somos?!
Pero Jesús no lo ve así. Y si queremos seguir su camino … nos toca cambiar nuestros criterios.
Al parecer, para Jesús, las obras sólo pueden ser "buenas" si respetan y fomentan la igualdad y la amistad entre todos los humanos. Quien se sitúa por encima de los demás, por buenas que puedan parecer sus obras, le resultan dañinas tanto a él como a los demás. En cambio, a quien se humilla, ni sus malas obras le hacen indigno de ser considerado al mismo nivel que todos los demás humanos.
MENSAJE. 
Una vez más Jesús nos muestra que la justicia de Dios es diferente de la nuestra. Nosotros miramos las obras (lo único que podemos ver), pero Dios mira el corazón, y ve si está abierto o cerrado. Un corazón abierto puede recibir incluso el perdón. En cambio, un corazón cerrado no puede recibir ni dar nada: está endurecido, no es humano.
RESPUESTA. 
Como nosotros no vemos el corazón, podemos ahorrarnos un trabajo desagradable: juzgar a los demás. ¡Es una suerte!
En realidad, no deberíamos ni siquiera juzgarnos a nosotros mismos. Es suficiente reconocer que, estando como estamos en un mar de bondad, siempre hay en nosotros alguna acción que desentona. Por eso necesitamos también ser perdonados, y recibir agradecidos un perdón que se nos ofrece tan gratuitamente.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Los cristianos actualmente somos minoritarios en nuestra sociedad, y, por tanto, estamos expuestos al peligro propio de las minorías religiosas: sentirse "elegidos" en medio de la mayoría. ¿Cómo superáis esta tentación?
  2. Si las buenas obras no nos permiten sentirnos mejores que quienes no las hacen, ¿por qué hacerlas? (Cuidado Esta pregunta tiene trampa!)
  3. A partir de lo que nos dicen los evangelios, ¿cuál es el criterio decisivo para distinguir entre el Bien y el Mal?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)

miércoles, 16 de octubre de 2013

TERTULIA EN ESPIRAL - Capítulo 51 - DOMINGO XXIX DE ORDINARIO - Ciclo C


Tertulia en espiral




TERTULIA – DOMINGO XXIX DE ORDINARIO – Ciclo C 

Bet
¡Hechos, y no palabras! En el mundo hay innumerables personas que sufren injusticias, y, ¡ni Dios ni nadie se preocupa de ellas! ¡En cuántos Estados las injusticias más crueles son cometidas sin la más mínima posibilidad de reacción! ¡¿Qué dirían las Madres de Mayo de la Argentina si leyeran este relato?! ¡Sus hijos están desaparecidos, mientras los culpables viven tranquilamente! Y, ¡en cuántas familias, las mujeres son maltratadas y humilladas por sus "honorables" maridos sin ninguna posibilidad de salir de su círculo de inferioridad! "Dios hará justicia y la hará pronto". ¡Parece una burla!
Julián
Es evidente que hay personas religiosas buenas y muy buenas. Pero cuando veo la gran cantidad de gente que sufre sin culpa o por culpa de otros … Es superior a mí: me rebelo contra todo, y sobretodo contra las religiones, que ponen explicaciones. El mal no se debe explicar sino quitar. Y si existiera alguna clase de "dios" que permitiera tanto sufrimiento, ¡sería un dios más malo y cruel que los peores criminales! ¡¿Cómo se puede hablar de un Dios bueno en un mundo tan lleno de desgracias e injusticias?! Si Dios puede arreglarlo y no lo hace, es cruel, y si no puede, ¡no me interesa para nada un dios impotente!
Víctor
Yo veo las cosas más o menos como vosotros, pero no me quedo aquí. No sabría imaginar este nuestro mundo sin una fuente de bondad que lo haya hecho nacer. Incluso esta rebeldía que sentís, y que yo también siento, no creo que fuera posible sin que alguien meta en nuestro cerebro –o en nuestro corazón– ese sentimiento de justicia que lleva a rebelarnos. ¿Por qué los animales no se rebelan? ¿No sufren, ellos también, mil desgracias? ¿Por qué ellos no "sufren" por las injusticias que hacen o que deben soportar? ¿O es que el sentimiento de justicia es una deformación humana? Mirad: yo, conscientemente, no sabría ser injusto con nadie! Y sé que vosotros tampoco.
Bet
Tienes razón. El sentimiento de justicia marca la diferencia entre los humanos y los animales. Yo, si sospechara que los animales tienen sólo un poco de este sentimiento, no sería capaz ni de matar una mosca. Sería incapaz de cortar una flor si supiera que ella se siente maltratada.
Magda
Estoy de acuerdo. Pero añadiría una cosa: el sentimiento de justicia crece practicándolo, y decrece contrariándolo. Yo creo que empezamos siendo, más o menos, como los animales, pero nos vamos humanizando precisamente practicando la justicia.
Julián
Pues, si es así, no me negarás que hay muchos personajes poco humanos, y que han retrocedido más allá que muchas bestias!
Magda
El evangelio de hoy nos habla de uno de estos individuos: un juez inhumano. Pero a mí me gusta fijarme en una cosa: la humanidad de la pobre viuda consigue hacerlo algo menos inhumano.
Yo diría que Jesús pone este ejemplo para explicar la "crueldad" o la "impotencia" de Dios de que hablas, tú. ¿Es realmente inhumano, Dios (si existe)? ¿El mal que hay en el mundo demuestra realmente que, si Dios existe, debe ser necesariamente cruel o impotente?
¿Si Dios, por su parte, actuara con justicia, podríamos los humanos aprender la justicia? ¿Podríamos pasar de ser animales a ser humanos?
Tú, Víctor, el otro día hablabas del escándalo de la Cruz. Me hizo pensar mucho lo que dijiste: "Como líder, como maestro, … Jesús fue llevado a la Cruz, y no pasó de allí" … Pienso que si Dios exhibiera su justicia, nosotros no podríamos nunca ser realmente humanos. Seríamos robots, quizá muy perfectos, pero simples máquinas.
Julián
¿Quieres decir con esto, que Dios juega con nosotros? ¿Que actúa injustamente para hacernos reaccionar, y que así aprendamos la justicia? ¡Me parece muy maquiavélico! Sería como si un padre atormentase y humillara a su hijo para que aprendiera a ser paciente y humilde. ¡No lo acepto de ninguna manera! A un padre así, yo le quitaría la patria potestad.
Magda
Tienes toda la razón, y me he explicado muy mal si lo que he dicho se puede entender así. Lo que intento decir es difícil de explicar. Quiero decir que hay una gran diferencia entre las relaciones padre–hijo, y las relaciones Dios–humanos. Los padres somos educadores. Educar es ayudar a "sacar fuera" las capacidades que el hijo lleva dentro. "Educarlo" no nos permite hacerlo, al hijo, como nosotros queramos, sino ayudarle y acompañarle para que él mismo pueda "construirse" como él quiere. Le tenemos que respetar. Sólo podemos enseñarle la justicia siendo justos con él.
Pero si hablamos de Dios, las cosas deben ser muy diferentes. Dios no nos educa sino que nos crea. Él y nosotros no somos dos realidades independientes, con derechos y obligaciones mutuas. Dios no puede ser "justo" con nosotros porque no somos "otra persona" ante Él. Imaginemos a un fabricante de velas. El cirio ha sido "creado" para que sea capaz de hacerse llama. Pero él mismo no se puede encender. ¿Debe sentirse injustamente tratado porque el fabricante no lo ha hecho salir de fábrica ya encendido?
Bet
Así pues, según tú: ¿Dios hace o no hace justicia?
Magda
Yo diría que, en todo caso, no hace justicia a nuestra manera sino a la suya. Lo vemos en el caso de Jesús: Dios le hace justicia no impidiendo que le maten, o castigando a los homicidas, sino resucitándole. Mejor: convirtiendo su muerte en el paso a la VIDA. Según los Evangelios, la justicia de Dios es la resurrección de los "ajusticiados" (y la posible conversión de los jueces).
Bet
Víctor: tú eres creyente. ¿Lo entiendes esto?
Víctor
No mucho. Pero aún entendería menos que Dios "entrara" en nuestro juego de justicias e injusticias.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)