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miércoles, 2 de octubre de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXVII DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XXVII DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.

PROYECTO DE HOMILÍA. 

"Señor, danos más fe".
La respuesta sorprendente de Jesús a la petición de los apóstoles nos sugiere que esta petición no es del todo pertinente. Jesús viene a decir que no se puede sumar allí donde no hay.
La petición de los apóstoles me recuerda a una discusión que, ya hace mucho tiempo, tuve con un alumno. Se trataba de un alumno que, además de no estudiar, molestaba continuamente a los compañeros de su alrededor, de manera que éstos tampoco podían aprovechar el tiempo.
Después de repetidos avisos, le dije:
  • Si no cambias de actitud, no sólo perderás el curso sino que tendré que expulsarte de clase.
  • La culpa es de usted. Haga la clase más divertida…
Me quedé descolocado. Cualquier otro alumno que me hubiera dicho lo mismo, me hubiera hecho replantear la forma de hacer la clase. Pero, tratándose de aquel alumno, creí que debía reaccionar con contundencia.
  • Mi trabajo no es entretener a la gente sino ayudar a estudiar. Y este es tu problema: tú no quieres estudiar, y aprovechas la clase para divertirte molestando a los demás.
  • Las clases son muy aburridas. Si quiere que estudie debería hacer las clases más divertidas.
  • Yo no "quiero" que estudies. Otros chicos de tu edad están trabajando en talleres u oficinas, y para mí tienen el mismo valor que los que estudian. Poder estudiar es un privilegio. Estás en una escuela, no en un circo. Si estudiaras, ni que fuera un poco, te darías cuenta de la suerte que tienes. Y no creas que harías un favor a alguien, estudiando, en todo caso te lo harías a ti mismo. Nadie te tiene que de agradecer. Eres tú quien deberías estar agradecido a todos los que lo hacemos posible.
Los apóstoles, ante las palabras exigentes de Jesús, intentan devolverle la pelota: "Danos más fe". Si reciben más fe, serán más capaces de cumplir lo que Jesús les dice.
Pero Jesús no acepta la excusa. Es cierto que sin el don de la fe no es posible seguir el camino de Jesús, como para muchos estudiantes sería difícil aprender sin un profesor. Pero, así como no falta profesor en las clases, tampoco le falta el don de la fe a nadie. Lo que ocurre es que, de la misma manera que un profesor sólo resulta provechoso si hay una actitud activa en el estudiante, también el don de la fe sólo resulta operante si hay una actitud adecuada en el apóstol.
¿Cuál debe ser esta actitud?
Jesús ha hablado a los discípulos de la necesidad de no escandalizar (hacer caer en pecado) a ninguno de estos pequeños, y de saber perdonar siempre.
Esto no depende sólo de la fe sino también de una actitud realista.
El primer acto de realismo es aceptar que, cumpliendo lo que Dios nos manda, no le hacemos ningún favor a Dios, sino a nosotros mismos. Ser apóstol no comporta ningún tipo de superioridad sobre nadie, ni debe entenderse como un favor hecho a Dios, sino que es primeramente un favor a nosotros mismos y a todos los seres humanos. Los mandamientos de Dios son a favor nuestro. Cumplirlos significa crecer, madurar y hacernos capaces de recibir favores más grandes. Los dones de Dios no son para crear categorías entre nosotros sino para aprender la comunión que es nuestro primer bien. "Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él" (Juan 3,24).
MENSAJE. 
Para que el don de la fe pueda ser operante en nosotros, es necesaria una actitud realista: el don recibido no nos hace superiores en nada con relación a los demás ni nos da derechos sobre Dios.
Esto no impide que Dios, en su bondad, haya querido que sus dones sean también mérito nuestro. Ocurre como con aquellos padres que dicen a sus hijos: "Si apruebas el curso te compraremos la moto". Esto no quiere decir que el hijo pueda considerar que, aprobando el curso, hace un favor a sus padres de manera que éstos le deberán "pagar" con la moto. No, el favor se lo hace a sí mismo. Pero los padres, en su bondad, convierten en mérito del hijo lo que en realidad es un don que ellos le hacen. Es una forma de hacer para que el hijo sienta más suya la moto que le regalarán. De forma similar, Dios quiere que podamos sentir muy nuestra la vida que Él nos da, permitiéndonos merecerla. Pero sería una insolencia ir con exigencias ante Dios, o con sentimientos de superioridad frente los demás.
RESPUESTA. 
Jesús habla a los discípulos, pero la petición se la hacen los apóstoles. "Apóstol" significa "enviado". Todos los discípulos, de una manera u otra, somos apóstoles. Quien ha recibido una buena noticia que lo es para todos, está llamado a comunicarla a los demás. Y esto, que es un don, debemos procurar no convertirlo en una excusa para sentirnos superiores a nadie. El mensaje de Jesús no se anuncia desde ninguna forma de superioridad o de poder sino desde una actitud de servicio, siempre discreta. ¿La "grandeza" que en ocasiones acompaña a la proclamación de la buena noticia, no se convierte en un lenguaje que contradice el mensaje?
Hoy en nuestra sociedad, hemos convertido las noticias en mercancías de gran precio. Esto tiene un peligro (en el que caen tantísimos periodistas): "crear noticias", o convertir en noticia valiosa cualquier evento absolutamente vulgar. Minúsculos escándalos, extraordinariamente agrandados al hacer noticia, se convierten en gravísimos problemas de convivencia.
Se suele reprochar a la Iglesia una relación poco fluida con los Medios de Comunicación. Seguramente es verdad. Pero sería un error pretender corregir esto cayendo en el extremo opuesto. Iglesia y Poder son directamente contrarios entre sí, y no podemos descuidar que actualmente no hay Poder comparable al de los Medios de Comunicación. ¿Sabremos evitar la tentación de buscar el poder de los Medios de Comunicación?
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. El agradecimiento es, sin duda, un sentimiento noble. Ennoblece a quien lo tiene y lo demuestra. ¿Pensáis que Dios, o Jesús, es poco noble cuando nos manda considerarnos a nosotros mismos "sirvientes sin mérito: no hemos hecho otra cosa que cumplir con nuestro deber"?
  2. "Danos más fe", dicen los apóstoles a Jesús para devolverle la pelota. ¿Usamos nosotros también esta misma excusa, o alguna otra, para no decidirnos a perdonar, o no escandalizar?
  3. A pesar de ser hermanos entre nosotros, ¿nos comportamos a veces como si estuviéramos divididos en amos y sirvientes?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)