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martes, 29 de octubre de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO XXXI DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO XXXI DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
PROYECTO DE HOMILÍA. 

El relato de hoy tiene como protagonista, aparte de Jesús, Zaqueo: un colaboracionista que se había enriquecido abusando del poder que le daban los dominadores romanos para cobrar los impuestos que oprimían a su propio pueblo. Zaqueo es visto por la gente como un individuo despreciable.
Pero sorprendentemente Lucas le describe de tal manera que nos resulta simpático desde el primer momento. La escena es de una gran viveza y con una cierta dosis de infantilismo que nos la hace cercana y humana. Zaqueo es pequeño de estatura, y no puede ver a Jesús porque la multitud se lo impedía. A pesar de ser un hombre importante y rico, hace lo mismo que haría cualquier chiquillo avispado: subirse a un árbol. La escena resulta un poco cómica, pero así se consigue que le veamos más simpático. Y también nos resulta simpático por su afán por ver a Jesús.
Aunque el Misal nos habla sólo de "un árbol", el texto original dice que se trata de un sicómoro: una especie de higuera grande y silvestre. Posiblemente aquí haya un doble sentido ya que la higuera, junto con la vid, era uno de los símbolos utilizados para representar al pueblo de Israel. Zaqueo, excluido de la multitud (pueblo) a causa de su oficio despreciable, quiere compensar esta exclusión subiéndose a una higuera, símbolo de Israel. Es decir: busca sentirse integrado en su pueblo.
Intentaba ver quién era Jesús …
El camino de Jesús terminará con un gran "espectáculo" en el Calvario: la solemne exhibición de Jesús como "hombre – imagen de Dios" (Hijo del Hombre). Pero pocos serán capaces de reconocerle en aquel espectáculo.
Pedagógicamente Lucas nos va preparando. Jericó es la última etapa antes de Jerusalén. A la entrada de Jericó, Lucas nos presenta un ciego que quiere ver. "Señor, haz que vea" (Lucas 18,35. Episodio no recogido en el Misal). También ahora se nos dice de Zaqueo que quería ver quién era Jesús.
Querer ver a Jesús significa estar dispuesto a ver al hombre. Del ciego se dice que pudo ver y seguía a Jesús. De Zaqueo se dice que da a los pobres la mitad de sus bienes y que "hoy se ha salvado esta casa, ya que este hombre también es un hijo de Abraham". En ambos casos se trata de ver al Hombre o ver a los demás.
"Todo el que lo vio criticaba a Jesús".
No todo el mundo está dispuesto a ver al Hombre. Sorprende que precisamente toda la gente critique a Jesús por su comportamiento con Zaqueo. Y es que esta multitud no sigue a Jesús para ver al hombre sino para ver a su "rey", como pondrán de manifiesto en la entrada triunfal a Jerusalén que le están preparando (Lucas 19,28 ss). Pero cuando se darán cuenta de que se trata de un rey que rechaza todo poder de dominio sobre los demás, todos gritarán: ¡Mátalo, a este! ¡Déjanos libre a Barrabás! (Lucas 23,18).
Jericó.
El camino de Jesús hacia Jerusalén es un camino espiritual. Pero Lucas usa la geografía como un lenguaje. Hoy nos habla de Jericó.
La ciudad de Jericó está cargada de simbolismo, tanto por su historia como por su ubicación. Fue la primera ciudad de la tierra prometida conquistada por el pueblo de Israel guiado por Josué. Nótese que "Josué" y "Jesús" son el mismo nombre, uno en arameo y el otro en griego. En el camino hacia Jerusalén, Jericó es la última estación. A partir de aquí el camino va subiendo hasta la cima de la montaña de los Olivos desde donde ya se puede ver la esplendorosa ciudad de Jerusalén y su famoso templo. Los peregrinos hacían noche en Jericó para llegar al día siguiente a la Ciudad donde estaba el único templo de Israel.
Josué, más de mil años antes, había comenzado la conquista de la Tierra Prometida gracias a una mujer "pecadora" (prostituta) de Jericó que acogió en su casa a los espías de Israel. Lucas, diciéndonos que Jesús es acogido por un "pecador" (publicano), nos quiere recordar la conquista de Josué. También el camino de Jesús terminará con una conquista, aunque muy diferente de la de Josué. Aclamado por sus seguidores, Jesús entrará como nuevo "rey" en la Capital y se dirigirá al templo para "purificarlo". Era por culpa de la corrupción del templo que la Tierra Prometida se había convertido en Tierra de Esclavitud. Pero la victoria de Jesús no será sobre nadie: ni sobre los dominadores romanos ni sobre los opresores religiosos. De hecho, para Jesús, los esclavizadores son tan esclavos como los propios esclavizados. La victoria de Jesús será directamente sobre la la esclavitud y su principal causa: una perversa degeneración del templo, del cual no quedará piedra sobre piedra (Lucas 21,6).
… Ha venido a salvar lo que estaba perdido.
Lucas nos va perfilando la novedad de Jesús; de un Jesús que escandaliza a sus discípulos alojándose en casa de un pecador. Y es que hay dos maneras de salvar: la de los humanos y la de Dios.
Los humanos pretendemos hacer avanzar la salvación (la realización del proyecto Hombre) separando a los malos y condenándoles. En cambio Dios salva "contagiando" su bondad también a los "malos", los cuales así se pueden volver buenos. La presencia de Jesús hace que el ladrón Zaqueo reparta sus bienes. "Señor, ahora mismo doy a los pobres la mitad de mis bienes, y a todos a los que he defraudado les devolveré cuatro veces más".
La reacción de los "buenos" será condenar también a Jesús. En el ejercicio de esta condena se pondrá de manifiesto que también ellos, los "buenos", tienen maldad, y necesitan igualmente dejarse "contagiar" de la bondad de Dios ofrecida en la bondad de tantísimas personas que están a nuestro lado.
Desgraciadamente el Misal, después de presentarnos durante bastante domingos el camino de Jesús hacia Jerusalén, cambia de perspectiva. Lo que correspondería a la llegada de Jesús a Jerusalén ya fue leído, en parte, durante la Cuaresma y Semana Santa, por eso ahora el Misal no lo repite.
MENSAJE. 
La Bondad y la Maldad se contagian. Pero hay una gran diferencia: la Maldad nos repugna, la Bondad nos encanta. Por ello acabará imponiéndose la Bondad. En realidad, sólo la Bondad permanece para siempre porque nace continuamente de su Fuente inagotable. En cambio la Maldad es un simple subproducto ocasional que segregamos para compensar las carencias ocasionales de Bondad.
RESPUESTA. 
"No te dejes vencer por el mal, al contrario, vence el mal con el bien.", Recomienda San Pablo en su carta a los Romanos (Romanos 12,21).
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. En la práctica de cada día, ¿sois más propensos a actuar según la justicia humana (que condena), o según la justicia de Dios (que justifica)?
  2. La multitud que acompaña a Jesús impide a Zaqueo verle. ¿Creéis que hoy puede ocurrir también lo mismo? ¿Sería cristiano considerar a Jesús propiedad privada de los Cristianos?
  3. ¿Se puede acoger realmente a Jesús siendo miembro de otra religión?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)