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miércoles, 11 de diciembre de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO III DE ADVIENTO. CICLO A.

ADVIENTO III. Año A.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 

Eres tú el que ha de venir?
El domingo pasado –si se hicieron las Lecturas del domingo en vez de las de la Inmaculada Concepción– se mostraba el contraste que Mateo sitúa entre Jesús y Juan, indicando también la continuidad entre ellos.
Hoy vemos este contraste en las dudas que el comportamiento de Jesús genera en Juan.
Mateo hace notar que Juan "estaba en la cárcel". Esta expresión tiene un doble significado (como tan a menudo en los Evangelios): un significado superficial, visible, que sirve de lenguaje para indicar otro significado mucho más profundo: Juan era "prisionero" de una manera primaria de entender al Mesías. Juan le había anunciado como quien ya tiene puesta el hacha en la raíz de todo árbol que no da buenos frutos, y también como aquel que bautizará con fuego, … Pero Jesús no se comportaba así sino, en cierto modo, al revés: los ciegos ven, los inválidos andan … Era aceptada la idea de que los males corporales eran consecuencia de un corazón no recto, que Dios había abandonado o quería corregir, castigándolo. En cambio Jesús es amigo de publicanos y pecadores (Mateo 9,10; 11,19).
Id a anunciar a Juan …
Juan es el Precursor. Él marca el último estadio antes de un cambio que será cualitativo: pasar de la idea de Dios–Ley que juzga y condena, a Dios–Padre que ya puede hacer de padre. Ocurre como en la relación padres–hijo en una familia. Los padres son los mismos cuando el hijo tiene dos años que cuando cumple dieciocho, pero la relación entre ellos cambia cualitativamente gracias al crecimiento del hijo. Este crecimiento es fruto tanto de la fuerza vital que los padres han puesto en el hijo, como de la actitud activamente receptora de éste. Y aunque a veces haya una cierta "lucha", es para ayudar al hijo a alcanzar su plenitud que los padres le educan y corrigen mientras es menor de edad.
En la Historia de la Humanidad (y en la historia de cada uno de nosotros) sucede algo parecido. Jesús, hijo del Hombre, hijo de la Humanidad, marca el inicio del cambio. Antes de Jesús, estamos en la minoría de edad. Con Jesús comienza la mayoría de edad. El cambio es cualitativo: del Dios–Ley al Dios–Padre.
El Dios–Ley y el Dios–Padre son lo mismo; lo que ha cambiado es nuestra vida, que ha pasado de infantil a adulta.
Los ciegos ven …
La Ley dictamina y juzga, pero no transforma. No era ésta la misión real del Mesías, aunque muchos así lo creyeran, incluido Juan en un primer momento. Jesús no es la manifestación del "juicio de Dios" sino de "el amor creativo de Dios". La ceguera, la sordera … incluso la muerte no son un castigo de Dios sino la muestra de que aún no hemos llegado a la Luz, la Palabra … la Vida. Para llegar debemos ser capaces de entender a Dios como padre, con todo lo que ello conlleva, y que aprendemos en el Hijo. Y feliz aquel que no quedará decepcionado de mí. Es el peligro en que podríamos caer si divinizamos la Ley . El comportamiento de Jesús resultaría decepcionante, ya que confundiríamos el amor con la debilidad, y la debilidad con la impotencia.
No ha habido nadie más grande, … sin embargo …
Juan representa todo lo que da de sí la capacidad generadora de la madre–Humanidad o de la madre–Tierra. Pero no es la plenitud.
Este "hombre terrenal" lleva en sus entrañas la capacidad de un nuevo nacimiento, pero él solo no se puede "hacer nacer". El diálogo que Lucas pone entre el Ángel y María lo expresa muy bien. María, consciente de su limitación, dice: yo no conozco al hombre que me pueda hacer madre de un hijo que sea llamado también hijo del Altísimo. Pero el Ángel le responde que no está sola para cumplir esta misión. Puede contar con el Espíritu Santo. El hombre maduro es "hijo del Hombre" e "hijo de Dios".
Juan y Jesús se encuentran. Juan representa el escalón más alto de la minoría de edad, Jesús es el primogénito de la plenitud humana. Por eso, por grande que sea Juan, el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él. El paso de la minoría a la mayoría de edad es un cambio cualitativo.
MENSAJE. 
Cada uno de nosotros está invitado a pasar ("pascua") de Juan a Jesús; del Dios–Ley al Dios–Padre, de la obediencia pasiva por inferioridad a la obediencia activa por sintonía libre con la obra de Dios.
RESPUESTA. 
Feliz el que no esté decepcionado de mí.
Todos empezamos en Juan, y estamos invitados a ser de Jesús. En las comunidades cristianas está Joan y está Jesús. Y la misión principal y propia de estas comunidades es dar el paso de Juan a Jesús, y ayudar a todos a hacerlo también.
En este sentido, las comunidades cristianas deberían ser similares a una escuela: acoger a niños y capacitarlos para convertirse en adultos.
"El éxito" de una comunidad cristiana no consiste en ser muchos sino en posibilitar la adultez de los que la forman.
Desde este punto de vista cabe afirmar con fuerza que una comunidad cristiana debe ser exactamente lo contrario de una secta que procura fidelizar a sus miembros. Por ello, el hecho de que hoy en día haya tantas personas que abandonan la Iglesia no deja de tener un aspecto positivo: significa que las comunidades cristianas no han anulado en los fieles su capacidad de entrar o salir.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. "¿Eres tú o debemos esperar a otro?". Esta pregunta, hoy, mucha gente la hace a nuestra Iglesia. ¿Podemos dar, como Iglesia, la misma respuesta que Jesús?
  2. ¿Habéis notado en vosotros el cambio cualitativo de pasar de la minoría de edad a la edad adulta en vuestra fe? Dicho de otra manera: ¿Estáis anclados en una fe o religión infantil?
  3. Si os consideráis más o menos adultos en la fe, ¿asumís que la Iglesia esté formada también por hermanos todavía infantiles?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)