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jueves, 2 de enero de 2014

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO II DESPUES DE NAVIDAD. CICLO A.

II después de Navidad. Ciclo A.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 

Al principio existía la Palabra.
Según la hipótesis actualmente más aceptada, nuestro Universo empezó con una Gran Explosión (Big Bang). De esto haría, más o menos, unos 14 mil millones de años.
Y, ¿antes del Big Bang, que había? Esto todavía no lo pueden responder los científicos. Es más: algunos piensan que esta pregunta es incoherente. Sería como preguntar qué hay 10 kilómetros al norte del polo Norte. Evidentemente, la pregunta no tiene sentido porque si cuando llegamos al polo Norte continuamos caminando hacia adelante en realidad ya vamos hacia el polo Sur. De igual manera, es posible que la pregunta "¿Qué había antes del Big Bang?" No tenga sentido. Con el Big Bang todo comienza, incluso el espacio y el tiempo. Evidentemente, desde la ciencia, no podemos preguntar qué había antes del tiempo. Aunque solemos imaginar el "tiempo" linealmente recto, quizás tiene forma de circunferencia sin comienzo ni final.
Cuando el evangelio de Juan nos dice que "al principio existía la Palabra" no nos quiere decir ni cuándo, ni dónde, ni cómo comenzó el Universo sino por qué comenzó. No es una pregunta científica sino filosófica y religiosa.
Las preguntas científicas son sobre lo que existe, sobre aquello que es objetivo (los objetos). Pero el ser humano se hace también otras preguntas que no son sobre las cosas sino sobre el sentido de las cosas, el sentido del Universo y el sentido de sí mismo. Son preguntas subjetivas ya que su respuesta depende también de las decisiones de la persona o sujeto que las hace. Afortunadamente, las cosas no tienen sentido sino que es el hombre quien se lo da.
¿Por qué el ser humano se hace esta clase de preguntas?
De una manera u otra, cuando empezamos a ser adultos, nos damos cuenta de que estamos "al volante de nuestra vida", nos damos cuenta de que nuestra vida, más o menos, "está en nuestras manos".
Es cierto: no todo está en nuestras manos. En buena parte somos un producto de la historia y de otras circunstancias. Sin embargo, nos damos cuenta de que precisamente todo esto que se ha "producido" en nosotros nos hace capaces de decidir qué queremos hacer de nuestra vida. Así, podemos decidir dar o no dar un sentido a nuestra vida, y si decidimos darle sentido, tendremos que decidir todavía qué sentido le damos.
Y es cuando hemos decidido dar sentido a nuestra vida que, como contrapunto, nos preguntamos también de dónde venimos, por qué y para qué existimos. Nos damos cuenta de que podríamos no existir, pero existimos. ¿Por qué?
Y la pregunta se ensancha más allá de nosotros: ¿por qué existe el Universo? ¿Por qué existe algo en vez de nada? ¿Por qué los humanos podemos darnos cuenta de todo esto?
A pesar de todo, hay que reconocer que éstas son, en cierto modo, unas "preguntas trampa" porque sólo "tienen" respuesta si nosotros se la "damos".
Hoy, desde la Ciencia, se habla mucho de "casualidad". Desde el análisis de lo que conocemos, podemos comprobar que todo lo que existe podría haber sido de otra manera. Contrariamente de como se pensaba hace unos años, las leyes físicas inherentes a la materia no predeterminan que las cosas sea como son. Todo podría ser de otra forma totalmente diferente. Por eso la Ciencia actual ha incorporado una palabra que antes era considerada no científica: casualidad. Podemos comprobar que existen leyes físicas, pero que sean éstas y no otras, es pura casualidad. Más aún: Su realidad física más profunda es indeterminada, de modo que es de una manera o de otra según el momento de nuestra mirada.
Hay personas que caen en el error de entender esta "casualidad" como una "causa" con entidad propia que explica el origen del Universo. Pero lo que quieren decir los científicos con esta palabra es exactamente lo contrario: que este Universo que de hecho existe no se explica por sí mismo. Se produce (fluye) así, pero podría ser totalmente diferente.
¿Por qué existe el Universo?
Las Religiones en general son fruto de una experiencia vital, mucho más rica y global que el conocimiento científico. Es la convicción íntima de formar parte del Universo. Esta experiencia vital y profunda nos sugiere una respuesta que se ha ido "tejiendo" durante miles de años de simbiosis con todo lo que nos rodea. Con lenguajes diferentes, con mitos más o menos significativos dentro del propio ámbito cultural, la humanidad ha ido "dando forma de respuesta" a una intuición (no científica, pero profundamente implantada en lo más profundo de nosotros mismos): que las cosas no existen por pura casualidad.
Con todo esto no se niegan las conclusiones de la Ciencia sino que se va más allá, porque el conocimiento científico es bastante limitado a la hora de conectar con el mundo que nos rodea.
¿Por qué existe el Universo?
En el evangelio que hemos leído, Juan nos ofrece una "respuesta" (evidentemente no científica) con un lenguaje de gran belleza y solemnidad.
"Al principio existía la Palabra".
Aquí "Palabra" se puede entender como "Proyecto".
"Al principio" no quiere decir en el momento del Big Bang. No se refiere al tiempo sino al "porque del tiempo". Es como si dijera: todo, incluido el tiempo, comenzó porque había un proyecto. Un proyecto que estaba en "Dios", ya que no hay proyecto sin "alguien" que lo proyecte.
Es cierto: "A Dios nunca nadie le ha visto". Pero a medida que se va realizando en nosotros el "proyecto", desde el proyecto vamos descubriendo proyecto y "Proyector".
¿Y cuál es este proyecto?
¡Atención!, ¡porque aquí el evangelio dice algo muy gordo! El proyecto era "Dios".
El proyecto de Dios es crear un ser en el que derramarse hasta divinizarlo, hasta hacerlo "Dios". No otro "Dios", sino Alguien que participe de su propia Vida, como el fuego pone al rojo un hierro no haciendo otro fuego sino vertiendo en él todo su calor.
Todo comenzó con un proyecto.
Era un proyecto de Dios
y "Dios" era el proyecto.
Todo lo demás es "realización del proyecto".
El proyecto "Dios" no puede ser como proyectar una máquina. Una máquina es un simple producto. En cambio, "Dios" sólo puede ser fruto de una respuesta libre y generosa.
Pensamos en aquello que ocurre entre nosotros: no es lo mismo cuando un ingeniero proyecta y realiza una máquina, que cuando unos padres "proyectan" un hijo. El proyecto de los padres no consiste en "producir" un ser viviente sino en engendrar un hijo que, a partir de la vida inicial que le han dado, se vaya haciéndose, descubriendo y acogiendo libremente la vida y el amor de los padres, hasta llegar a participar de ello en plenitud.
El proyecto de Dios no es la grandiosa maquinaria del Universo sino la VIDA. Y no cualquier vida, sino una vida que va creciendo hasta hacerse inteligente y capaz de descubrirse a sí misma como una vida que está dentro de un proyecto de VIDA.
La VIDA es el horizonte. La VIDA es la luz de los vivientes que ya han alcanzado la capacidad de conocerse a sí mismos.
"Dios envió a un hombre que se llamaba Juan". Juan significa: don de Dios.
Era un testimonio.
Juan representa a los miles y miles de humanos de sensibilidad suficiente afinada para darse cuenta de que estamos "dentro de un proyecto de VIDA", digámosles profetas, gurús, sufíes, místicos … Son testigos avanzados de la "Realidad" cuando muchos aún no la han descubierto (Hebreos 1,1).
Estos testigos, con todas sus limitaciones y defectos, no son unos soñadores sino testigos de algo muy real: "Existe la luz verdadera".
Esta vida–luz puede ser acogida o no. A los que la acogen, les es concedido convertirse en hijos de Dios.
Hay un "hombre" que ha acogido tan plenamente esta vida–luz que, en él, la vida–luz ha tomado forma humana. En él la vida–luz se hizo carne; se encarnó.
Hablo de Jesús. Jesús es, para los que tienen ojos para ver, el hombre–muestra; el Hombre en quien ya podemos ver, como en un boceto avanzado, en qué consiste el "Dios proyectado" o "Dios engendrado".
En Jesús descubrimos cómo podemos ser nosotros y también como es el Autor del Proyecto. Descubrimos que "Dios es Amor que se derrama". Y de esa plenitud que se derrama, nosotros vamos recibiendo vida y más vida, hasta la VIDA plena.
Mientras aún somos "pequeños", el proyecto se adapta a nuestra pequeñez y nos llega en forma de Ley; una ley que nos hace crecer y que nos hace mirar hacia la plenitud. Pero la plenitud, no nos llega por la Ley sino por el Espíritu que nos asocia a Jesucristo, "Dios engendrado", "Dios Hijo único del Padre".
El evangelio de hoy es un Himno a la palabra. Aquí "palabra" significa aliento, viento, proyecto, espíritu, energía, fuerza, creatividad, eficacia … Quizá también podríamos decir energía positiva, como gusta a mucha gente de hoy en día.
MENSAJE. 
El mensaje es el mismo que se ha ido repitiendo durante toda la Navidad, expresado ahora no tanto con un lenguaje cotidiano sino con un lenguaje de alto vuelo. Por eso el evangelista Juan suele ser representado por un águila.
Estamos en una "Historia" que responde al "proyecto de Dios de compartir su vida con nosotros". Estamos invitados a incorporarnos, desde la libertad, a la "Familia divina".
RESPUESTA. 
También la respuesta puede ser la misma que nos pide el conjunto de las Fiestas de Navidad, y de todo el Evangelio. Podemos decir sí y podemos decir no. La invitación nos ofrece la oportunidad de decir sí. Es la respuesta de María: "Hágase en mí según tu palabra" (tus proyectos).
Decir sí, no significa decir sí a todo el envoltorio cultural con el que suele llegarnos la "invitación". Decir sí significa acoger con corazón abierto al amor con que Dios nos ama.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. En nuestra sociedad laica muchas personas responden sí a la invitación de Dios sin utilizar lenguaje o formas religiosas. Comentad algunos ejemplos.
  2. El lenguaje religioso en una sociedad laica deja de ser significativo. ¿Qué hacer para vivir el significado real de estas fiestas, más allá del folclore popular que se mantiene en nuestra sociedad?
  3. ¿Existe el peligro de que la celebración tradicional y folclórica de estas Fiestas llene falsamente el deseo profundamente humano de dar sentido a nuestra vida?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)