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martes, 28 de enero de 2014

REFLEXIONES DOMINICALES. PRESENTACIÓN DEL SEÑOR. CICLO A.

Presentación del Señor.
PROYECTO DE HOMILÍA. 

Este relato, exclusivo del Evangelio de Lucas y muy elaborado, nos presenta a dos nuevos personajes que no volverán a aparecer en todo el Evangelio. Dos personajes ancianos que marcan el cumplimiento de la misión del pueblo elegido (Israel) de mantener la esperanza en la llegada del Hombre maduro y preparar su acogida. Son Simeón, un hombre y Ana, una mujer, para que su representatividad sea completa. Los dos –con su presencia en el Templo– constituyen una clara inclusión con los dos personajes con los que comienza el Evangelio de Lucas: Zacarías e Isabel, también ancianos y padres del Precursor. Esta inclusión sitúa todos los pasajes incluidos dentro del marco de la ley.
De Simeón, no se dice explícitamente que sea sacerdote del Templo, pero se sugiere cuando acoge a José y María que llevan a su hijo para que sea presentado a Dios, tal como mandaba la Ley del Señor. Pero en este caso, Simeón no va al templo para cumplir con su trabajo sacerdotal sino que va impulsado por el Espíritu Santo. Y no ofrece a Dios al niño que le presentan José y María sino que lo recibe (toma en brazos) como un don de Dios a los hombres. En cierto modo se invierten los papeles: no es el sacerdote quien ofrece al niño a Dios sino que es Dios quien ofrece al niño a la Humanidad, que es acogido por el anciano Simeón. Por eso Simeón bendice a Dios por el don recibido, y bendice a los padres a través de los cuales es recibido.
Y no sólo eso. Recibido el don de Dios, el Templo y los sacerdotes han acabado su misión, que era precisamente preparar esta acogida: «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, como le habías prometido. Mis ojos han visto al Salvador que has presentado ante todos los pueblos.» Con la llegada de Jesús se completa y finaliza la misión para la que había sido elegido el pueblo de Israel. Templo y sacerdotes desaparecen. El pueblo elegido queda incorporado, con honor, a TODOS LOS PUEBLOS, ahora también iluminados.
Sorprende la insistencia del relato sobre el cumplimiento de la ley. Como judío, Jesús nace bajo la Ley, pero, como hombre, ha nacido del Espíritu (como Adán), y va más allá de la Ley, porque la Ley es incapaz de llevar al Hombre a su plenitud.
Esta insuficiencia de la Ley queda visualizada en la vida–historia de Anna, que por eso es llamada profetisa. A pesar de haber estado casada durante siete años, ha vivido la mayor parte de su vida como viuda. Ana es una alegoría del pueblo elegido: Durante los años de desierto, hizo la experiencia de la protección de Dios ("los años de matrimonio"). Llegado a la Tierra Prometida, el Templo no ha sido capaz de representar la presencia protectora de Dios. Aunque "Ana" no se apartaba del templo, dedicada noche y día al culto de Dios con ayunos y oraciones, vive como viuda. (El evangelio de Juan dirá lo mismo con otro lenguaje: en las bodas de Caná "no tienen vino". Joan 2:3). La mujer viuda era, en la mentalidad judía, la expresión de la infecundidad, de la debilidad, de la inseguridad e, incluso, del desprecio. "Hasta los ochenta y cuatro años". Ochenta y cuatro es el resultado de multiplicar doce por siete. Doce es la cifra de Israel (por aquello de las 12 tribus). Siete es el número que indica la totalidad de una acción o actividad (Los siete días de la Creación).
Esta triste situación de Anna cambia de repente: … daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban el tiempo en que Jerusalén sería redimida.
Pero este "niño" no será alegría para todos. En la Humanidad, no todo el mundo acepta el paso (pascua) de la Ley al Espíritu. Al contrario: Con la excusa de la Ley, los poderosos intentan matar el Espíritu que nos hace libres. Simeón es lúcido, y anuncia que "este niño" será una bandera, y una señal de contradicción. En el fondo, sólo hay dos clases de seres humanos: los que están a favor de la Humanidad y ayudan a construir en libertad, y los que luchan contra la libertad de la Humanidad, utilizando como excusa las exigencias de la Ley. Simeón anuncia la sentencia que los sacerdotes y maestros de la Ley dictarán contra Jesús: "Nosotros tenemos una ley, y según esa ley, este hombre debe morir" (Juan 19:7). El Hombre es la bandera. La humanización es la espada que traspasa a la Humanidad (aquí personificada en María) que pone en claro los "pensamientos escondidos" que hay en el corazón de muchos.
MENSAJE. 
Todos nacemos bajo la ley, sea la que sea. También todos estamos llamados a ir más allá de la Ley, sea la que sea. La Ley debe ser como un maestro que nos prepara para la Madurez, donde ya no es necesaria la ley. Pero en la Madurez sólo se llega por el Espíritu, que nos mueve a construir Humanidad. Y cada uno de nosotros debe decidir si lo acoge o se cierra.
RESPUESTA. 
En la Iglesia, el matrimonio entre Religión e Imperio, ya en los inicios del siglo IV, provocó la primacía de la Ley sobre el Espíritu. El resultado ha sido fatal: en la Iglesia se han reproducido los vicios en que ya había caído la Sinagoga, la Sinagoga que, en nombre de la Ley, había condenado a muerte al Hijo del Hombre. Con el Concilio Vaticano II, la conversión urgente e indispensable dio un paso adelante importante. Pero esta conversión debe continuar superando las "formas legales" que aún persisten. El Espíritu lleva a la comunión, y la comunión se concreta en comunidades, reunidas en el nombre de Jesús (del Hombre). En medio de una sociedad que ha sacralizado al máximo las relaciones de Poder, la Iglesia debe ser el testigo visible de la posibilidad y de la bondad de las relaciones de Comunión. Las Comunidades cristianas tienen hoy el gran reto de denunciar la corrupción que han sufrido las Democracias existentes, y colaborar en el surgimiento de una democracia real, justa y universal, no como forma de Poder sino como forma de convivencia.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿Qué cambios habría que hacer en nuestras vidas y en la sociedad para que la "bandera" (el criterio de valoración) no fuera el Dinero sino el Hombre?
  2. ¿Permitís, a nivel personal y comunitario, que "la espada" que discierne los pensamientos escondidos os penetre el alma?
  3. ¿La misa es para vosotros un encuentro con el Templo (y el sacerdote) o un encuentro de hermandad para celebrar, vivir y difundir relaciones de comunión?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)