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martes, 4 de febrero de 2014

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO V DE ORDINARIO. CICLO A.

Domingo V de Ordinario.
Ciclo A
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 

El evangelio de hoy forma parte del Sermón de la montaña, que comienza con las Bienaventuranzas. Recordemos el escenario: "Al ver las multitudes, Jesús subió al monte, se sentó y sus discípulos se le acercaron. Entonces se puso a hablar, enseñándoles … "
Jesús enseña a las multitudes. ¿Quiénes son, estas multitudes? El evangelista lo dijo inmediatamente antes: "le trajeron a todos los que estaban enfermos, a los afectados por diversas enfermedades y dolores, endemoniados, epilépticos y paralíticos, y les sanó. Y le siguió mucha gente de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán" (Mateo 4,24).
Así pues, las multitudes están formadas por toda clase de enfermos, por las personas que les acompañan y por otros que se añaden. Las palabras de Jesús son realmente sorprendentes e, incluso, escandalosas. Primero les dice que los pobres, los hambrientos, los perseguidos … son felices. Luego, dirigiéndose directamente a quienes tiene delante, les dice: Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo. ¡Increíble! Seguramente muchos de ellos antes habían tenido que oir que eran "la vergüenza de la sociedad", "una mancha en la familia" o una "carga para la comunidad", … Y ahora resulta que, ¡este hombre que ha subido a la montaña (lugar de la presencia humanizadora de Dios) les dice que ellos son la sal de la tierra y la luz del mundo!
Sois la sal …
No les dice: "Deberíais ser la sal de la tierra" sino "Sois la sal de la tierra". Hay una diferencia importante entre las dos afirmaciones. Recuerdo que, en una conversación, un compañero hacía notar las muchas injusticias y males que hay en nuestra sociedad, otro hizo notar que también hay muchísimas personas buenas, sencillas, que se desviven por los demás. Entonces un tercero añadió: y son éstas las que sostienen el mundo.
Vosotros sois la sal de la tierra. Hay mucha corrupción en nuestro mundo, pero si aún es habitable es gracias a la multitud de empobrecidos y despreciados que, abnegadamente, han hecho de su vida un servicio a los demás.
Hay mucha amargura y mal gusto en las relaciones humanas, pero si todavía no se han colapsado es porque hay una multitud de perseguidos que, a pesar de todo, aportan dulzura y buen gusto.
Como ocurre con la sal, las personas que hacen viable nuestro mundo no se ven, ni salen en la tele, ni son noticia en los Diarios; pero sostienen el mundo, como las ocultas raíces sostienen a los árboles.
Sois la luz …
Tampoco se dice, de entrada, que "deben ser la luz del mundo", aunque después sí que se insinúa.
La metáfora de la luz, en nuestro mundo de tantas luces, podría ser malinterpretada. En catalán distinguimos entre "la luz" y "las luces". Las luces son objetos o instrumentos para hacer luz. Las luces se ven y, si las miras, te deslumbran. En cambio la luz no se ve, pero nos permite ver a los demás y a los objetos.
Jesús dice a la multitud: vosotros sois la luz de mundo. La multitud no es una gran cantidad de luces, es la realidad iluminada donde todo se hace visible, y donde las buenas obras muestran la presencia siempre activa de Dios.
Un pueblo en lo alto de una montaña …
Literalmente, una "ciudad sobre una montaña". Es una referencia directa a Jerusalén, la ciudad construida sobre el monte de Sión.
Igualmente, el "luz que alguien enciende", aparte de ser una acción doméstica diaria, es también una alusión a la Menorá, candelabro de siete brazos que ardía continuamente en el templo de Jerusalén. De ellos (de la ciudad y su templo) se decía que eran la "luz de los pueblos" (Isaías 60,3). La torre del santuario era dorada para reflejar con fuerza los rayos del sol (como ocurre todavía hoy con la cúpula dorada de la Mezquita de Omar, construida en el mismo lugar del antiguo Templo).
Las palabras de Jesús son realmente provocadoras porque sugieren un cambio en aquello que verdaderamente es la Sal y la Luz del mundo: ya no es la religión con su templo sino la multitud. O mejor: la comunidad, que es la misma multitud cuando sus miembros aceptan ser sal y luz.
MENSAJE. 
Si la sal no sala …
Ser sal y ser luz no es ni un privilegio ni una cosa que nos desmarque de la multitud. La multitud es el ámbito de su acción. Cada uno de nosotros dejaría de ser "sal" si abandonaba la multitud; dejaría de ser "luz" si pretendía convertirse en luz por encima de los demás. Aquí será bueno recordar que el propio Jesús recibe el Espíritu Santo precisamente cuando se hace "multitud" mezclándose con los que hacían cola para ser bautizados por Juan (Mateo 3,13).

RESPUESTA. 
Ser multitud, o mejor, ser comunidad conlleva no ponerse ni por encima ni por debajo ni al margen de nadie. Dentro de la comunidad humana todos somos mutuamente, los unos para los otros, sal y luz. Y no pretendamos ser luz para nadie si a la vez no nos dejamos iluminar por él.
Y si las circunstancias nos llevan a vivir la comunión formando comunidades concretas más pequeñas, hay que estar muy atentos para que esto sea para vivir y servir mejor a la comunión, que siempre es universal. Al margen de esta comunión sólo podemos ser "sal que no sala" o "luz puesta bajo una medida que la tapa".

PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿Es posible que en nuestra sociedad, y en nuestra Iglesia, haya un exceso de exhibicionismo, que deslumbra en vez de ayudar a ver?
  2. ¿Es posible que en nuestra sociedad, y en nuestra Iglesia, haya un exceso de inhibicionismo, que se traduzca en falta de luz?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)