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miércoles, 12 de febrero de 2014

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VI DE ORDINARIO. CICLO A.

PROYECTO DE HOMILÍA. 

"Completar" o "Desempeñar" … 
Nota del traductor: en Catalán la frase sería “completar o acomplir”. El autor juega com las dos palabras “complir” y “acomplir”. La primera se traduciría por cumplir mientras la segunda se traduciría por desempeñar.
"No penséis que yo voy a desautorizar los libros de la Ley y los Profetas. No vengo a desautorizarlos, sino a completarlos".
"Completar la Ley". Seguramente la traducción que nos ofrece el Misal es correcta, pero lo entenderíamos mal si pensáramos que la Ley y los Profetas son incompletos, de manera que Jesús habría venido a completarlos, añadiéndoles más preceptos o exigencias.
Lo que Mateo quiere decir, con las palabras que pone en boca de Jesús, es que la Ley (cualquier ley) es sólo un instrumento, y no un valor en sí misma, por eso no se termina en sí misma.
Tenemos un ejemplo de esto en las leyes que los padres imponen a sus hijos pequeños. Con sus normas, los padres no pretenden que el niño sea obediente sino que crezca y se haga adulto hasta poder decidir por sí mismo sin necesitar normas de los padres. Igualmente ocurre con las normas que el maestro o la escuela dan a sus alumnos: tienen por finalidad que los alumnos maduren y puedan convivir en libertad fuera de la escuela.
Así, en la Biblia, la Ley es entendida también como promesa. El cumplimiento de la Ley tiene por finalidad hacer llegar a una situación más allá de la Ley. Por ello quizás sería más exacto utilizar la palabra "desempeñar", en vez de "completar". Jesús lleva la Ley a su desempeño. Más aún: Él visualiza en sí mismo el desempeño de la Ley, ya que es el hombre adulto y libre. En él se desempeñan las promesas hechas por Dios en forma de Ley.
De siervos a hijos.
En el evangelio de Mateo, cuando Juan Bautista se resiste a bautizar a Jesús, éste le responde: "Accede por ahora a bautizarme. Conviene que cumplamos así todo lo que es bueno de hacer.” Este cumplimiento de la Ley provoca su desempeño: el cielo se abre y Jesús es declarado “Hijo amado(Mateo 3,17). En el bautismo de Jesús se visualiza lo que nos dice el evangelio de hoy: el desempeño de la Ley.
Cumplir la Ley nos permite pasar de la conciencia de siervos a la conciencia de hijos, no por la eficacia de la Ley, sino porque Dios nos adopta como hijos.
Hay que reconocer que ser hijos resulta mucho más exigente que ser simplemente siervos. Pero esto sólo es así cuando se mira desde la conciencia de siervos. Visto desde la situación de hijos, las exigencias son Vida.
Jesús, el nuevo Moisés, nos llama a pasar de siervos a hijos, y esto conlleva unos cambios importantes en la forma de relacionarnos con el Padre y con los hermanos. "Ya sabéis que los antiguos les mandaron … Pero yo os digo …". Aquí "antiguos" significa todos y cada uno de nosotros antes de sentirnos hijos.
En el evangelio de hoy se repite cuatro veces esta expresión. El próximo domingo se repetirá aún dos veces más. Se señala la diferencia entre la situación de servidumbre y la situación de filiación.
"No mates". Pero yo os digo …
Entre conciudadanos, como mínimo está prohibido matar. Pero, ser hijos del Padre nos convierte en hermanos, y entre hermanos el mínimo es no insultarse. El lenguaje está sacado del ámbito de las "leyes para la convivencia", pero el contenido nos habla de la vivencia de la hermandad.
"No cometas adulterio". Pero yo os digo …
Las relaciones hombre–mujer a menudo se han regulado con criterios de posesión o de "propiedad privada". Esto ha dado lugar a abusos tan malos que las diferentes culturas han tenido que crear normas para limitarlos de alguna manera: contratos, certificados, expedientes, dotes, inscripciones, anillos, … En la Ley de Moisés (y en muchas otras) el adulterio está prohibido porque va contra la propiedad privada. Normalmente es la mujer la que es considerada propiedad del hombre. El adúltero obra mal porque "roba la mujer" a su propietario. La adúltera es condenada porque, dándose a otro, va contra la propiedad exclusiva que el marido tiene sobre ella.
Ser hijos de Dios y, consecuentemente hermanos, comporta una forma de relación hombre–mujer dentro de un ámbito privilegiado de comunión. "Ya no son dos, sino una sola carne" (Mateo 19,16).
La comunión mutuamente nos hace personas, y personas libres, respetadas, independientes, nobles. En cambio, la posesión nos hace cosas, objetos, instrumentos … La "Ley" nace de la necesidad de frenar los abusos del deseo de poseer al otro. Este deseo es especialmente perverso en la relación hombre–mujer porque están hechos para vivir en comunión mutua, y no en dependencia.
Notemos que el "deseo de posesión" o el "sentimiento de propiedad" también puede ser especialmente grave, por los mismos motivos, con relación a los hijos pequeños o a los ancianos.
Nadie es propiedad de nadie. La propiedad sobre las personas es deshumanizadora, aunque fuera aceptada por la persona "poseída".
Si alguien se divorcia …
El sentimiento de posesión o de propiedad puede tomar forma de contrato. Y los contratos se hacen y se deshacen.
Jesús nos lleva más allá de esta casuística. No acepta como válido ningún nivel de posesión, se llame como se llame. Todo lo que incluya "posesión", en las relaciones humanas es "porneia". Esta es la palabra griega que usa el Evangelio, y no hay que buscarle significados técnicos o jurídicos especiales. La traducción que se hace aquí "unión ilegal" no resulta muy clara. Se refiere a cualquier clase de unión "deshumanizadora" (aunque fuera legal!).
Los humanos estamos diseñados para realizarnos con relaciones mutuas de comunión. Esto es anterior a cualquier "Ley", incluidas las leyes religiosas o cristianas (Mateo 19,8). Toda relación posesiva (se llame como se llame) rompe la comunión interpersonal, es inhumana y no se debe mantener.
"No rompas los juramentos". Pero yo os digo …
En nuestro afán posesivo, podemos caer en la pretensión de hacernos "nuestro" incluso el nombre de Dios, y utilizarlo como garante de nuestras afirmaciones. El juramento es un intento de utilizar a Dios. No vale. "Decid sencillamente sí cuando es sí, y no cuando es no. Todo lo que decís de más, proviene del Maligno".
MENSAJE. 
Varios son los mensajes del largo evangelio de hoy. Quizás se podrían resumir así: La Ley sirve para ayudarnos a llegar a la plenitud, en donde la vida se hace comunión. En la comunión, la comunicación es normal y espontánea: sí, cuando es sí; no, cuando es no. Incluso el culto está sometido a esta exigencia. "A punto de presentar la ofrenda, si allí te acuerdas de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda, y vete primero a reconciliarte con él".
RESPUESTA. 
En una familia puede haber padres, niños, adolescentes, abuelos… Las vidas de cada uno son muy diferentes entre sí, pero entre todos crean un espacio donde los pequeños pueden crecer, los adolescentes pueden afianzarse, los padres pueden entregarse, los abuelos pueden destilarse con dulzor, …
Parece que así debería ser también en la Iglesia, con pequeños que necesitan leyes, con adultos que las hayan ya superado en muchos aspectos, con ancianos que exhalan el perfume de la libertad,…
Desde este punto de vista, es urgente un cambio: no entender la Iglesia de acuerdo con los sacerdotes o de los religiosos sino conforme a la vida de las comunidades y de su gran variedad. Las comunidades concretas, grandes o pequeñas, simples o complejas, deben poder ser ámbitos de vida, y no tanto ámbitos de prácticas religiosas. En nuestra sociedad laica se han casi extinguido las vocaciones a ser cura, en cambio, son muchísimas y variadísimas las vocaciones a servir a la vida. Esto puede facilitar las reformas necesarias y urgentes en nuestra Iglesia, si lo sabemos aprovechar.

PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Repasando el proceso de vuestra fe, ¿podéis decir que ya habéis pasado de siervos a hijos? ¿Os parece más difícil ser hijo que ser siervo? ¿Preferiríais volver atrás?
  2. En vuestras relaciones más próximas (pareja, familia, trabajo, parroquia …), ¿qué tiene más fuerza: las leyes o la comunión?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)