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miércoles, 26 de marzo de 2014

ENTREVISTAS CON FID'HO - Domingo IV de Cuaresma - Ciclo A

Presentación
Continuando en el intento de buscar un lenguaje adecuado para ofrecer el mensaje evangélico, intentaré servirme del género literario entrevista. Como siempre seguiré los fragmentos del evangelio de los domingos, según el Misal Romano.
Entrevistas con Fid'ho toma forma de diálogo entre Fid'ho (abreviación de Hijo del Hombre (en catalán, recordemos que el autor escribe en esta lengua)) y Evy, periodista. El nombre Evy, por su parecido con Eva, quiere compensar el excesivo peso que entre nosotros tiene la palabra "hombre", tomada a menudo sólo en sentido de "varón". También, por su proximidad con evangelista, quiere destacar la semejanza entre los primeros evangelistas y los periodistas actuales cuando nos ayudan con "buenas noticias".
Soy consciente de cuán arriesgado es el uso de este género literario, sobre todo teniendo en cuenta la calidad del entrevistado. Intentaré que las palabras puestas en boca de Fid'ho sean tan ajustadas como sepa al mensaje que, hace dos mil años, intentaron transmitirnos cientos de escritores que inventaron el género literario "evangelio".
De los muchísimos evangelios que se escribieron, la comunidad cristiana, desde hace mucho tiempo, seleccionó sólo cuatro. Esta capacidad selectiva de la Comunidad cristiana me permite el atrevimiento de escribir Entrevistas con Fid'ho: si son útiles, lo habrán sido; si no, ¡directamente a la papelera!
Evy no expondrá sus ideas sino que hará aquellas preguntas o comentarios que harían los supuestos lectores o lectoras que estuvieran presentes. Así pues, Evy no actúa ni como creyente ni como increyente, ni religioso ni antirreligioso, ni progresista ni conservador,… Quiere ser simplemente "voz de los humanos" que hacen preguntas o exponen sentimientos como dudas, quejas, esperanzas y anhelos.
Evangelio

Juan 9, 1-41

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron:
-«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?»
Jesús contestó:
-«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
-«¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían:
-«El mismo.»
Otros decían:
-«No es él, pero se le parece.»
Él respondía:
-«Soy yo.»
Y le preguntaban:
-«¿Y cómo se te han abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. »
Le preguntaron:
-«¿Dónde está él?»
Contestó:
-«No sé.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó:
-«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban:
-«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban:
-«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Que es un profeta.»
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
-«¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»
Sus padres contestaron:
-«Sabernos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. »
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
-«Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. »
Contestó él:
-« Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo:
-¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?»
Les contestó:
-«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? »
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
-«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.»
Replicó él:
-«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»
Le replicaron:
-«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó:
-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo:
-«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo:
-«Creo, Señor.»
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
-«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.»
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
-« ¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: -«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»

Entrevista




Evy
Hay relatos fantasiosos que tienen su gracia. Pero cuando un relato es tan fantasioso que es imposible, pierde toda la gracia. Todo esto del ciego de nacimiento, ¡resulta imposible! ¡Un ciego de nacimiento no puede ver con un simple lavado de ojos! Vemos con el cerebro. Los ojos captan sólo el impacto físico de la luz, pero es el cerebro quien tiene que aprender a interpretar, corregir, completar e identificar lo que impacta a la retina. Y, ¡eso requiere su tiempo!
Fid'ho
¿No te ha ocurrido nunca que, de repente, ves, entiendes y comprendes una situación? ¿Y que, a partir de esta comprensión, te das cuenta de que hasta entonces no habías entendido absolutamente nada?
Evy
Recuerdo una vez que nos discutir con mi mujer. ¡Cierto es que nos queríamos mucho! Y, sin embargo, con sorpresa de los dos, nos encontramos envueltos en una estúpida discusión. Nos dijimos cosas terribles; cosas que nunca nos habíamos dicho, ¡ni nunca hubiéramos imaginado que nos diríamos! Y, de repente, como la luz de un relámpago, ¡vi con claridad! En un instante me di cuenta de que hasta ese momento no había entendido realmente a mi mujer, ni nunca la había escuchado de verdad. Descubrí que, en realidad, tampoco la había amado como se puede querer a una persona. Al contrario: me había amado a mí mismo en ella. No la había amado en sí misma, con su libertad, con su independencia, con su amor por mí. ¡Fue precisamente esa discusión que me abrió los ojos!
Fid'ho
¿Y qué pasó?
Evy
Que ambos nos bajamos del burro. Sí: como dos viejos compañeros ciegos que de pronto se ven el uno al otro. ¡Un descubrimiento! ¡Una maravilla!
Fid'ho
Si alguno de los dos no hubiera querido bajarse del burro y se hubiera mantenido en sus trece, qué habría ocurrido?
Evy
¡No quiero ni pensarlo! Porque, de hecho, nos queríamos. Pero, si en ese momento nuestro amor no hubiera dado un giro de ciento ochenta grados, seguramente se habría roto. No sé ni imaginármelo, pero habría pasado.
Fid'ho
El relato de hoy describe una experiencia similar a esta vuestra. De una manera u otra, todo el mundo la pasa. Viene un momento en que uno se encuentra "cara a cara" con el hombre, y se hace visible toda la vida pasada y el posible futuro. En un instante ves toda la mezquindad que ha habido, y toda la maravilla de que eres capaz, y que has perdido. Es un momento decisivo: o te bajas del burro para abrirte al cambio, o te quedas encerrado para siempre en tus trece.
Evy
En el relato de hoy, el ciego se baja del burro; en cambio los fariseos, siguen en sus trece. Por eso el ciego comienza a ver, y los fariseos se convierten definitivamente en ciegos.
Ver al Hombre o no verle. ¡Esta es la cuestión!

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)