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miércoles, 5 de marzo de 2014

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO I DE CUARESMA. CICLO A.

Domingo I de Cuaresma
Ciclo A
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 

NOTA:
Sobre la Cuaresma, puede leer la introducción a los Apuntes del 1er domingo de Cuaresma del Año B .
Sobre las Tentaciones, puede ver también los comentarios correspondientes a Año B y Año C.
Comenzamos la Cuaresma, y la liturgia nos hace retroceder en la lectura del evangelio de Mateo: pasamos de los capítulos 5–7 (Sermón de la montaña) al capítulo 4, al final de lo que podríamos llamar la presentación de Jesús. Aquí Jesús nos es presentado como  el Nuevo Adán.
El lenguaje establece un paralelismo con el relato bíblico de los "inicios" de la Humanidad personificada en Adán y Eva (= hombre y mujer. Génesis 3,1 ss). Según el Génesis, las primeras palabras pronunciadas por los humanos son en un diálogo con el Tentador (Serpiente). También, en el evangelio de Mateo, las primeras palabras pronunciadas por Jesús son en un diálogo con el Tentador (Diablo). En ambos casos se habla de "comer", pero la situación está invertida: Adán y Eva comen un fruto para llegar a ser como dioses (La traducción del Misal, en la 1ª Lectura, no es muy acertada cuando dice "iguales a los ángeles") (nota del Traductor: recordemos que el autor escribe en catalán y por tanto la referencia es al misal catalán), en cambio Jesús no come, porque "el hombre … vive de toda palabra que sale de la boca de Dios".
En el Bautismo Jesús ha recibido la plenitud del Espíritu. Y el primer impulso del Espíritu es llevarlo al desierto para corregir la situación de separación en que se encontraba la Humanidad. La Humanidad, que había aceptado la propuesta del Tentador, se encontraba separada de la Fuente de la vida o Árbol de la Vida. El jardín se había convertido en desierto.
La fidelidad del nuevo Adán reconvierte el desierto en jardín, lo que permite recuperar el acceso a la fuente de la vida. "Vinieron los ángeles a proveerle".
El hombre no vive sólo de pan …
La manera en como Mateo redacta la 1ª tentación es bastante sorprendente: da a entender que Jesús experimenta el hambre sólo después de los 40 días de ayuno en el desierto. La traducción del Misal dice que "quedó extenuado de hambre", pero, literalmente, el texto original dice: "al final tuvo hambre". Mateo quiere dar a entender que Jesús vive de la fuerza del Espíritu, y por eso no siente necesidad del alimento corporal.
Pero pasados 40 días … Aquí el número "40" es importante: significa plenitud y totalidad. Evoca la estancia de 40 años en el desierto durante los cuales los Israelitas murmuraron contra Dios reclamando una comida material porque no confiaban en la palabra de Dios. En cambio Jesús, nuevo Israel, confía totalmente en Dios y, por ello, no tiene hambre. Pero al final … siente el hambre, y aparece la tentación.
No se trata sólo de la comida material. Mateo, estableciendo un paralelismo con la tentación de Adán y Eva, nos hace ir más a fondo.
"Adán y Eva" representan a todos los Humanos. El "apetito" de los humanos es querer ser como dioses, "conocedores" (dictadores) del Bien y del Mal. Es la tentación de querer deshacernos de los vínculos con Dios y campar a nuestras anchas. Emanciparnos de Dios y convertirnos en dioses nosotros mismos y serlo, sobretodo, para los demás.
En las relaciones humanas, los hijos deben emanciparse de los padres porque la paternidad de estos es finita e imperfecta. Pero en relación con Dios, los humanos no necesitamos emanciparnos. La paternidad de Dios es perfecta y permanente. La plenitud del hijo no pasa por la emancipación sino por la aceptación–participación en la Vida del Padre, inagotable.
Al final Jesús también experimenta la tentación de la emancipación. Si eres Hijo de Dios … soluciona el problema por tu cuenta convirtiendo las piedras en panes … Si eres Hijo de Dios aprovecha los poderes que esto te da, y actúa con total independencia
Pero Jesús, precisamente porque se siente de verdad "hijo", sabe, acepta y disfruta de su filiación. Por eso, sin dudar, declara: El hombre vive de toda palabra que sale de la boca de Dios. Es su respuesta filial a la declaración que había hecho el Padre: "Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto" (Mateo 3,17). El Hombre, que fue creado por la palabra de Dios, también se mantiene en la existencia y crece gracias a la palabra de Dios.
No tentarás al Señor tu Dios.
La 2ª tentación es especialmente significativa para los que ya hemos decidido confiar en Dios. Sobretodo cuando hemos vivido el paso de una sociedad religiosa a una sociedad laica, podemos sentir la tentación de considerarnos "defensores de Dios". Esto podría incitarnos a un cierto exhibicionismo religioso. Es una tentación que se presenta disfrazada de fidelidad. "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo". Sería una forma de mostrar a todos nuestra "confianza en Dios". Esta será la tentación que repetirán, en forma de provocación, los grandes sacerdotes en el Calvario: "Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz" (Mateo 27,40).
La respuesta de Jesús es clara: No tentarás al Señor tu Dios.
Todo esto te daré … si me adoras.
Esta 3ª Tentación es la más directa. Ya no se usa el recurso a "Si eres Hijo de Dios" sino que propone claramente la alternativa a Dios. Es la tentación del Poder. Jesús reacciona con fuerza: ¡Vete de aquí, Satanás!
Mateo quiere establecer un capicúa entre el comienzo y el final de toda la obra de Jesús. En el evangelio de Mateo, las últimas palabras de Jesús, dirigidas a los apóstoles, son: "Me ha sido dado todo Poder en el cielo y la tierra …" (Mateo 28,18).
Hay dos clases de Poder:
  • aquel que nos atribuimos en competencia con el "Poder" de Dios, y
  • aquel que es participación en el Poder creador (humanizador) de Dios.
Los evangelistas nos presentan a Jesús dotado de un gran Poder en la línea de la obra humanizadora de Dios. Esto se hace patente en las curaciones y en la misión humanizadora confiada a los apóstoles: "Id a todos los pueblos y haced discípulos míos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Del bautismo donde Jesús es declarado "Hijo", al bautismo donde los humanos somos sumergidos ("bautizados") en la Vida del Padre, Hijo y Espíritu Santo, es decir: en la vida–comunión de Dios mismo.
Se acercaron los ángeles a proveerle.
"Pero a mí, si no trabajo, ¡no vienen los ángeles a traerme el pan a casa", decía un compañero, un día que comentábamos este evangelio. Y tenía razón.
Este final resulta provocador. ¡Es muy fácil vencer las tentaciones si después vienen los ángeles a solucionarte el problema! …
Pero de hecho, los ángeles no debieron proveerle de la manera que solemos pensar, ya que poco tiempo después vemos a este mismo Jesús, sediento, muriendo en la cruz … Con este fin Mateo quiere decirnos algo más profundo.
Recordemos una vez más: los Evangelios no son la crónica de unos hechos objetivos ni una biografía de Jesús. Más bien serían una especie de radiografía de la Humanidad. En Jesús se nos muestra la realidad más profunda de los seres humanos: somos creados por Dios y llamados a participar de su propia Vida.
Mateo sitúa las tentaciones después de "40" días de ayuno. Este "40" pretende indicar la totalidad de la vida de Jesús puesta en las manos de Dios. Y eso le permite vivir en paz y esperanza todos y cada uno de sus momentos, sobre todo los más difíciles, incluso el propio instante de la muerte biológica. Aquí la expresión "se acercaron los ángeles a proveerle" indica la respuesta de Dios–Padre que acoge la confianza filial de Jesús. No le "ofrecen" un banquete, sino mucho más: la vida en plenitud (Resurrección).
MENSAJE. 
En las relaciones humanas, la paternidad, de alguna manera, llega a su término cuando el hijo ya se ha hecho capaz de emanciparse. La emancipación permite compensar de algún modo la imperfección y brevedad de la paternidad humana. Pero la paternidad de Dios es infinita y permanente. Esto hace innecesaria toda emancipación, y nos permite crecer progresivamente en nuestra filiación.
Los relatos evangélicos nos ofrecen el ejemplo de Jesús. Pero Jesús no es sólo un ejemplo. Él es el nuevo Adán: "el hombre–hijo" en el que todos los humanos somos también hijos. Hijos en el Hijo. No necesitamos merecerlo; es suficiente con no rechazar el don.
RESPUESTA. 
Las tentaciones de Jesús son las tentaciones del Hombre; son, pues, nuestras tentaciones. Y la respuesta que se nos pide es intentar ir superándolas aprendiendo de la respuesta de Jesús, y sabiendo que siempre toman nuevas formas y más sutiles. No se trata de ninguna lucha para obtener una victoria sino simplemente de no cerrar el corazón al don que se nos ofrece. La lucha, en todo caso, debe ser contra nuestra tendencia a confiar sólo en nosotros mismos, o contra nuestro orgullo, o contra nuestro miedo a la Vida.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. En vuestra opinión, ¿cuáles son las tentaciones no del todo superadas de nuestra sociedad y en las comunidades cristianas actuales?
  2. ¿Habéis sentido alguna vez la tentación de hacer alguna práctica religiosa con la intención de afirmar la propia religión ante la sociedad o las otras religiones?
  3. A menudo se presenta la laicidad como una "emancipación" con relación a Dios. Pero, ¿se trata siempre de "emanciparse de Dios", o de una Iglesia piramidal y paternalista? ¿Sería negativa en este caso?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)