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miércoles, 19 de marzo de 2014

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO III DE CUARESMA. CICLO A.

Domingo III de Cuaresma
Ciclo A
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 

Pasamos del Evangelio de Mateo al Evangelio de Juan en estos domingos que quedan de Cuaresma y los domingos de Pascua.
El Evangelio de Juan nos presenta a Jesús a través de la alianza: la alianza de Dios con la Humanidad, prefigurada en la alianza con el pueblo de Israel. El lenguaje de esta alianza se inspiraba en el lenguaje de la alianza matrimonial. Dios sería el esposo, y la Comunidad del pueblo elegido sería la esposa.
(Aquí hay que tener en cuenta que la alianza matrimonial en aquel tiempo era bastante diferente de como es hoy entre nosotros. La mujer llamaba "señor" a su marido, quien, de alguna manera, "salvaba" a la mujer cuando la escogía o la aceptaba por esposa. Había amor, pero también dependencia. Era una sociedad patriarcal en la que el marido tenía toda la iniciativa).
Así, pues, la relación de dependencia y de amor entre Dios y el Hombre solía expresarse con el lenguaje propio de la alianza matrimonial.
El Evangelio de Juan, en parte, hace suyo este lenguaje, pero corrigiéndolo. Por eso hace comenzar la obra de Jesús con las Bodas de Caná de Galilea (Juan 2, 1). A pesar de todo, en esta boda, Jesús no es el esposo. De momento sólo está como invitado, y declara explícitamente que "todavía no ha llegado mi hora".
Una mujer samaritana …
El evangelio de hoy también debe ser entendido en el marco de este lenguaje de la alianza. La Samaritana personifica a otra comunidad, separada de la comunidad judía. Probablemente, en la intención del Cuarto Evangelio, represente a toda la Humanidad por contraste con la particularidad del Pueblo elegido. El relato insiste en llamar a la Samaritana la mujer. Es la mujer que, después de haber tenido cinco maridos ("marido = señor") finalmente ha alcanzado la libertad suficiente para encontrarse con el verdadero y definitivo esposo: Dios, que se le hace presente en la persona del Mesías. La expresión "cinco maridos" podría hacer referencia a la pluralidad de dioses en la Humanidad o la experiencia religiosa de la Comunidad Samaritana con pluralidad de templos o santuarios.
Se acerca la hora …
¿Cuál es el templo o santuario donde Dios quiere ser adorado? Cada "dios" tiene su templo, y cada pueblo tiene su Dios o dioses. Pero, ¿cuál es el verdadero? ¿Con quien está Dios?
La respuesta de Jesús es realmente sorprendente porque supera la cuestión sobre qué lugar o qué templo es el adecuado para dar culto a Dios. «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad,…».
A pesar de dirigirse a la Samaritana llamándola "mujer", Jesús, cuando se refiere a Dios no habla del "Dios–Esposo" sino del "Dios–Padre". Este cambio de lenguaje es significativo. La alianza matrimonial se queda corta a la hora de expresar las relaciones que Dios quiere establecer con la Humanidad. El culto que Dios quiere no se inspira en las relaciones marido–mujer, las cuales, aunque eran de amor, no excluían, la servidumbre. Los cultos que Dios quiere se parecen sobretodo a la relación Padre Hijo heredero que, además del amor, incluye la participación en una misma actividad y vida. “Dios es espíritu. Por eso los que le adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
En las bodas de Caná Jesús había declarado que "todavía no ha llegado mi hora". Israel todavía no estaba preparado para ir más allá de una alianza basada en la ley (representada en el agua de las jarras destinadas las purificaciones legales). En cambio a la Samaritana se le dice: "Ya ha llegado la hora".
El Evangelio de Juan utiliza la misma palabra para designar la jarra de la Samaritana y las jarras de las purificaciones legales. Allí, en las Bodas de Caná, las jarras todavía fueron necesarias, si bien ya anunciaban la "nueva hora" (agua convertida en vino), en cambio aquí, la Samaritana simplemente "deja allí la jarra" y se va a anunciar a la gente de su pueblo el encuentro con el Mesías. No les lleva "el agua sacada del pozo" sino "el agua viva" (= el Espíritu) que ha recibido del Mesías.
En Espíritu y en Verdad …
Hay una gran diferencia entre el agua del pozo y el agua viva que da Jesús. El agua viva se convierte en una fuente en nuestro interior. El Espíritu despierta en nosotros nuestra propia respuesta. Aunque la mujer ha encontrado al Mesías, no lo comunica a la gente directamente sino sólo en forma de pregunta (¿No será el Mesías?), porque la respuesta debe brotar de ellos mismos; como de hecho dirán después explícitamente: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».
La expresión "en Espíritu y en Verdad" señala un importante paso adelante. En sus inicios, el culto es sobretodo un acto de obediencia. La alianza de Dios con Israel inicialmente toma forma de ley. Pero no es éste el propósito de Dios. La ley no responde al proyecto de Dios sino en nuestra incapacidad inicial de vivir plenamente como hijos. Pasa como en el orden natural: los hijos, mientras son pequeños, viven la educación como una ley que reclama obediencia. Pero la plenitud no está en la obediencia sino en la filiación adulta que da lugar a otra forma de relación: la comunión en el amor y en la acción. "Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo es mío" (Juan 17, 10).
Dios, al crear al Hombre, no busca súbditos sino hijos que reciban su vida hasta llegar a compartirla plenamente. "De su plenitud todos recibimos dones y más dones" (Juan 1, 16).
"se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer" …
Los discípulos de Jesús, judíos, se extrañan de que hable con una mujer. Iba contra las normas. Con la "mujer" hablaba su marido. También inicialmente la mujer se extraña de que un hombre judío hable con ella, una mujer, y samaritana. Iba contra las normas.
Pero Jesús actúa movido por el Espíritu. "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y cumplir su obra". Las normas tienen por finalidad preparar a acoger el Espíritu; después, ya no valen.
La obra de Dios, vista desde nosotros, es la humanidad. A los discípulos judíos, anclados aún en la Ley, les es difícil dar el paso desde la obediencia a la filiación adulta. En este relato sirven sobretodo de contrapunto para poner de relieve la disponibilidad y la respuesta de los Samaritanos y los Paganos. "Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega".
MENSAJE. 
Todos empezamos, de una forma u otra, en la "religión", pero estamos llamados a la Filiación. Las religiones nos separan unos de otros por la rivalidad de cultos, normas, templos, dogmas, sacerdotes, ritos … En cambio la Filiación nos une en un mismo horizonte: la colaboración filial en la construcción de la humanidad, hasta la plenitud de hermandad, en la que la vida es también disfrute o comunión. Jesús marca la hora de pasar de ser adoradores de Dios en la obediencia religiosa (Ley) a ser adoradores del Padre en la colaboración filial y fraternal (Libertad creativa).
RESPUESTA. 
Afortunadamente, parece que va desapareciendo de entre nosotros la rivalidad religiosa. A la mayoría nos parece bien el derecho a la libertad religiosa y el diálogo interreligioso. Aceptamos Jerusalén, el Monte de Samaria, La Meca, Roma, Benarés, la Madre Tierra, el Gran Espíritu, el Yin–Yang …
Pero parece que el Evangelio nos invita a ir más allá: "se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén" … De las Religiones en la Filiación–Hermandad. Esto no quiere decir necesariamente abandonar las religiones sino vivirlas como lenguaje de filiación y de fraternidad universal. Estamos llamados a no "anclarnos" en la propia religión y a abrirnos para ofrecer a todos el horizonte de una Humanidad en construcción. Cada uno con sus herramientas, con su lenguaje religioso o no, con su aportación específica. Hay que pasar de la tolerancia a la colaboración. Hay "pulir" nuestros lenguajes para su legítima y necesaria variedad no impida ni esconda la comunión de fondo de todos los humanos.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. La iglesia o el espacio donde nos reunimos, ¿hasta qué punto es un templo? Dicho de otra manera: Cuando nos reunimos, ¿es para "encontrarnos" con Dios, o con nuestros hermanos?
  2. "La llegada de la hora" que anuncia Jesús, ¿nos ayuda a entender un poco mejor lo que está ocurriendo en la Sociedad (y, por tanto, en la Iglesia) actual?
  3. Más concretamente, "la llegada de la hora", ¿nos ayuda a entender y valorar la crisis actual? ¿Cómo?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)