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miércoles, 26 de marzo de 2014

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO IV DE CUARESMA. CICLO A.

Domingo IV de Cuaresma
Ciclo A
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 

El sentido de la vista nos permite ver la realidad que nos rodea. Pero los científicos están diciendo y repitiendo que con nuestros ojos sólo podemos ver una parte muy pequeña de la materia en la que nos encontramos inmersos, quizá ni un 5%. No podemos ver los rayos infrarrojos ni los ultravioletas; tampoco la gran cantidad de materia de los agujeros negros, donde la fuerza de la gravedad es tan fuerte que se "come" la propia luz, ni la materia oscura, ni la corriente eléctrica, ni las líneas magnéticas que rodean la Tierra …
Pero los humanos, además de ojos, tenemos un buen cerebro que nos permite construir instrumentos para hacer visibles algunas de las cosas que los ojos no pueden ver. Pensemos en la televisión, la brújula, los telescopios y microscopios electrónicos … que nos "visualizan" radiaciones que están más allá de nuestra percepción. Gracias a los aparatos ópticos podemos "ver" parte de la realidad invisible del Universo.
El evangelio de hoy nos presenta el "proceso de visión" de un ciego de nacimiento. Se trata de un relato del evangelio de Juan, y ya sabemos que este evangelio utiliza un lenguaje de doble nivel: un nivel superficial, anecdótico, sorprendente, y un nivel profundo que nos habla directamente del propio núcleo de la vida humana.
El nivel superficial de hoy nos presenta un relato extraño, increíble, absurdo, pero destinado a sugerirnos un significado extraordinariamente profundo.
Sorprende la "tranquilidad" del ciego: ni se queja de la ceguera ni se inmuta cuando se convierte en vidente. Él no ha pedido de ver. Ni siquiera sabe qué es la luz. Para un ciego de nacimiento, la luz no es ninguna "necesidad".
Pero Jesús se le acerca y le ofrece la posibilidad de ver. La consecuencia es que, al final, puede ver, creer y adorar al Hombre. Y la vida del ciego queda transformada.
"Ver y creer en el Hombre": he aquí el significado profundo de este largo y sorprendente relato de hoy, cargado de detalles que podréis ir descubriendo cada vez que lo leáis o releáis.
El protagonista de nuestro relato es "un hombre", y representa a todos los seres humanos.
Por el simple nacimiento, desde la simple naturaleza, los humanos no vemos la verdadera realidad del hombre. Somos como ciegos de nacimiento. No es ningún pecado; es simplemente una incapacidad aún no superada. Por naturaleza, en los demás vemos esto: "otros". Pueden resultar indiferentes, amables, competidores, útiles, necesarios, rivales, dominadores, servidores, agradables, molestos, … Pero el encuentro con el "hijo del Hombre" es como un instrumento óptico que nos permite ver la realidad profunda de los otros, y darnos cuenta de que son hermanos.
Jesús hace barro para untar los ojos del ciego. Este gesto evoca la creación del Hombre, creado del barro de la tierra (Génesis 2,7). La acción de Jesús continúa la creación del Hombre que se encuentra todavía en proceso de construcción. Todavía estamos en "viernes" ("día sexto", día de la creación del Hombre). El reposo del "sábado" no comenzará hasta que el Hombre no esté "terminado". Por eso Jesús dice: "Mi Padre sigue trabajando, y yo también trabajo" (Juan 5,17). "Mientras es de día, yo debo trabajar haciendo las obras del que me envió".
Se equivocan quienes condenan a Jesús porque "trabaja en sábado"; se equivocan y se convierten culpablemente en "ciegos" porque no quieren reconocer que el Hombre todavía está inacabado, y que hay que colaborar en su (nuestra) construcción.
El Hombre no quedará "terminado" hasta que el mismo "hijo del Hombre" no lo proclame solemnemente: "Todo se ha cumplido" (Juan 19,30). Sólo después de esto, comenzará el reposo del sábado, cuando Jesús, convertido en fruto del nuevo Árbol de la Vida, visualice ante todos al Hombre como imagen de Dios.
MENSAJE. 
Los instrumentos ópticos nos permiten ver cosas invisibles; encuentros con el hombre nos permiten ver hermanos en cada ser humano. Es un nuevo paso en la creación del Hombre, simbolizada en el barro puesto en los ojos, y el lavado en la piscina del Enviado.
Esto es lo que quiere expresar también simbólicamente el lavado (bautismo) cristiano.
Pero no debemos entender el bautismo de una forma sólo "confesional". El encuentro con el Hombre nos hace humanos y hermanos, tanto si lo expresamos con el lenguaje de nuestra religión, como con el de otras religiones, o con lenguaje no religioso. La Religión puede servirnos de lenguaje, pero la realidad es la Hermandad, sea cual sea el lenguaje con el que la expresamos y celebramos.
RESPUESTA. 
En el relato de hoy, la reacción de los fariseos condenando y excluyendo al Hombre por "exigencias" de la Religión ("Sábado"), nos debe poner en alerta máxima. "El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado" (Marcos 2,27). También podríamos decir: la Religión ha sido hecha para el Hombre y no el Hombre para la Religión.
Las Religiones son lenguajes. Hay lenguajes diferentes. En sí mismos, los lenguajes no son ni verdaderos ni falsos, pero pueden ser utilizados para la Verdad o para la Mentira. Con ellos se puede construir humanidad, o destruirla.
A veces nuestra sociedad, por motivos religiosos, se convierte en una gran Sala de Juicios donde todos somos jueces o juzgados.
Es cierto que el propio Jesús parece que se apunte a este juego nuestro cuando dice: "Es para hacer un juicio que yo he venido a este mundo". Pero su "juicio" es para cambiar nuestros juicios: "para que los que no veían, vean, y los que veían, se vuelvan ciegos".
Todos nacemos sin poder "ver" realmente al Hombre. Esta ceguera, no reconocida, nos puede inducir a juzgar injustamente. El ciego del evangelio no "ve" a Jesús, pero se deja untar los ojos por él y hace lo que le dice: lavarse en la piscina del Enviado. Así se convierte en un hombre nuevo que ve al Hombre, cree en él y le adora, porque reconoce la "puerta" que le sitúa delante de la Realidad absoluta ("Imagen de Dios").
Cada uno de nosotros está llamado a hacerse humano en el Hombre.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿La religión os hace de filtro deformador en vuestra visión del Hombre, o es como un foco que os ayuda a verle mejor?
  2. A las palabras de Jesús "Ya has visto, al Hombre: es el mismo que habla contigo", el ciego reacciona adorándole. ¿Cómo entendéis esto?
  3. ¿Habéis experimentado alguna vez vuestra ceguera en relación con alguna persona concreta, porque os habíais hecho una falsa idea de ella?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)