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martes, 29 de abril de 2014

ENTREVISTAS CON FID'HO - Domingo III de Pascua - Ciclo A

Presentación
Continuando en el intento de buscar un lenguaje adecuado para ofrecer el mensaje evangélico, intentaré servirme del género literario entrevista. Como siempre seguiré los fragmentos del evangelio de los domingos, según el Misal Romano.
Entrevistas con Fid'ho toma forma de diálogo entre Fid'ho (abreviación de Hijo del Hombre (en catalán, recordemos que el autor escribe en esta lengua)) y Evy, periodista. El nombre Evy, por su parecido con Eva, quiere compensar el excesivo peso que entre nosotros tiene la palabra "hombre", tomada a menudo sólo en sentido de "varón". También, por su proximidad con evangelista, quiere destacar la semejanza entre los primeros evangelistas y los periodistas actuales cuando nos ayudan con "buenas noticias".
Soy consciente de cuán arriesgado es el uso de este género literario, sobre todo teniendo en cuenta la calidad del entrevistado. Intentaré que las palabras puestas en boca de Fid'ho sean tan ajustadas como sepa al mensaje que, hace dos mil años, intentaron transmitirnos cientos de escritores que inventaron el género literario "evangelio".
De los muchísimos evangelios que se escribieron, la comunidad cristiana, desde hace mucho tiempo, seleccionó sólo cuatro. Esta capacidad selectiva de la Comunidad cristiana me permite el atrevimiento de escribir Entrevistas con Fid'ho: si son útiles, lo habrán sido; si no, ¡directamente a la papelera!
Evy no expondrá sus ideas sino que hará aquellas preguntas o comentarios que harían los supuestos lectores o lectoras que estuvieran presentes. Así pues, Evy no actúa ni como creyente ni como increyente, ni religioso ni antirreligioso, ni progresista ni conservador,… Quiere ser simplemente "voz de los humanos" que hacen preguntas o exponen sentimientos como dudas, quejas, esperanzas y anhelos.
Evangelio

Lucas 24, 13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
-«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
-«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»
El les preguntó:
-«¿Qué?»
Ellos le contestaron:
-«Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo:
¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? »
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
-«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
-«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
-«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.



Entrevista




Podéis leer los apuntes de homilía pulsando aquí.
Evy
Me resulta muy curioso este relato de hoy. Da la impresión de que tú, una vez resucitado, tenías ganas de jugar al escondite. Los dos pobres discípulos deberían quedar agobiados: primero, te ven pero no te reconocen; y cuando te reconocen, desapareces y, ¡ya no te ven! ¿Cómo hiciste para desaparecer si estabas allí? ¿Te fundiste? ¿Saliste corriendo? ¿O, todo ello, no fue nada más que un sueño?
Fid'ho
Haces tantas preguntas porque lo complicas demasiado. Todo es mucho más sencillo. ¡Estas experiencias las hacen también todos aquellos que quieren ser mis discípulos! No es ningún juego del escondite sino el proceso de descubrimiento del hombre resucitado. Nota una cosa: mientras yo camino con ellos, para ellos es "de día". Pero, cuando toca separarme de ellos para ir más allá, se les hace tarde y el día comienza a declinar. A pesar de oscurecerse, ellos acogen a aquel desconocido que les ha abucheado. Este acogimiento a un desconocido y mi gesto en la mesa les permiten reconocerme, ¡y se les vuelve a hacer "de día"! De repente se han dado cuenta de que mi vida entregada se hace visible en la comunidad y construyendo comunidad. Por eso vuelven enseguida a la comunidad. Allí me podrán "ver".
Evy
Quizás aquellos dos de Emaús te vieron, pero yo sigo con muchas cosas que no entiendo. Acabas de decir que tu vida entregada se hace visible en la comunidad. Pero los de Jerusalén dicen a los de Emaús que tú te habías aparecido a Simón. Simón es una persona individual; no es ninguna comunidad. ¿Cómo te pudo "ver" si estaba solo?
Fid'ho
Que yo me le apareciera no significa que él me "viera", como tampoco me vieron los de Emaús. Aquellos que hacen visible la vida entregada son aquellos que la acogen, dando también ellos su vida. De esta comunión nacen las comunidades. Las comunidades son como el "cuerpo" que hacen visible la vida entregada–recibida–y–entregada. Simón me "vio" cuando reconstituyó, reintegrándose a, la comunidad de los Once. Ocurre como con la corriente eléctrica: la electricidad no es visible en sí misma. Pero se hace visible cuando una bombilla la acoge, y la entrega en forma de luz. En este caso podríamos decir que la luz es el "cuerpo" que nos hace visible la electricidad.
Evy
Lo que dices de la bombilla se podría decir igualmente de cualquier aparato que "recibe" la electricidad y la "entrega" en forma de luz, de imagen, de música, de movimiento, de calor, de frío, …
Me parece que empiezo a entenderlo. También se podría decir que la vida entregada toma forma de energía en los que la reciben. Es lo que me dijo un día mi mujer: "Sin ti, yo no habría hecho ni la mitad de las cosas que he hecho. Aparte de los hijos, claro". Le respondí que yo podría decir lo mismo.
Visto así, "todo es mucho más sencillo", como has dicho al principio. Por resucitar, no hay que esperar a haber muerto. Empezamos a resucitar cuando comenzamos a amar de verdad.
Esto no es ninguna "verdad" que se pueda enseñar. Sólo se aprende desde la experiencia del amor: de un amor recibido y entregado; entregado y recibido.
Fid'ho
¡Enhorabuena, Evy!
Evy
Sí. ¡Estoy de enhorabuena! E incluso me imagino que el relato que hemos leído sólo dice el nombre de uno de los dos discípulos porque el otro podría ser yo mismo, o cualquiera del resto de los humanos …

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)