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jueves, 26 de junio de 2014

REFLEXIONES DE FESTIVOS. FESTIVIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

FESTIVIDAD DESAN PEDRO Y SAN PABLO
Por cerezo Barredo. Ciclo B.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

¿Quién es Jesús?
Pregunta de gran actualidad.
Pregunta cuya respuesta es importante entender bien.
El relato distingue explícitamente entre la gente y los discípulos.
"¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"
"Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?".
La respuesta de la gente no es incorrecta, pero se queda corta. La respuesta justa la dan los discípulos por boca de Pedro. Pero Jesús deja claro que esta buena respuesta no viene del hecho de que los discípulos le conozcan mejor sino porque han recibido una revelación del Padre del Cielo.
Pero no se debe prescindir de la gente. En atención a la gente, que todavía no puede entender la verdadera respuesta, los discípulos no deben decir a nadie "que Jesús es el Mesías". En realidad, ni los discípulos entienden el significado de su respuesta.
Todos, gente y discípulos, imaginaban al Mesías como a alguien que instauraría el Reino de Dios haciendo exhibición de poder divino para imponer la justicia, purificar el templo, expulsar a los enemigos de Israel y limpiar de "pecadores" el Pueblo elegido.
Pero estos no eran los planes de Dios. Esta no era la misión que Jesús había recibido del Padre.
Dios ama al pueblo de Israel y a todos los pueblos, y no se quiere mostrar como el Dios que juzga para condenar sino como el Padre misericordioso que juzga para perdonar.
Esto conlleva que tampoco su "Mesías" no condene, sino que acepte ser un condenado entre los condenados; y no mate, sino que dé la vida entre otros "crucificados".
Es de esta forma que Jesús vencerá al mal para salvar al malhechor.
Dios anulará las sentencias que condenan al Hombre, pero salvará, si lo aceptan, a los que han pecado juzgando injustamente.
Un ejemplo de ello será el mismo San Pablo, que pasó de ser juez y perseguidor a ser salvado, discípulo y apóstol.
De momento, ni los propios discípulos son capaces de aceptar esto y, por boca de Pedro, manifiestan a Jesús su negativa. Jesús les corrige con palabras duras pero claras, ya que se trata del núcleo mismo de su misión: “¡Vete de aquí, Satanás! Me quieres hacer caer, porque no ves las cosas como Dios, sino como los hombres” (Mateo, 16,23. También 4,10).
"Tú eres piedra o roca".
La confesión de Pedro es el fundamento de la Nueva Comunidad, o del Nuevo Reino de Dios, bien construido sobre roca, capaz de resistir las riadas que quisieran someterlo al "Reino de la Muerte".
El nuevo Reino de Dios y el viejo Reino de la Muerte cara a cara.
El evangelista Mateo sitúa este relato entre la muerte de Juan Bautista por parte de Herodes, y el propósito de matar a Jesús por parte de los notables del pueblo, los sacerdotes y los maestros de la Ley (Mateo 14,10 y 16,23 ). El Reino de la Muerte es poderoso, ya que el Poder es su marca, pero esto no triunfará porque, en el Mundo creado por Dios, el Poder es una equivocación.
Las puertas del Reino de la Muerte engullen a todo el que cae bajo su poder, y no había, hasta ahora, nadie para abrirlas. En cambio, el Reino de Dios tiene servicio permanente de portería para poder entrar y salir. Es un reino de personas libres. "Te daré las llaves del Reino del Cielo".
Resulta sorprendente el "trabajo" de estas llaves: no son para "abrir y cerrar" sino para "atar y desatar" (todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo).
Estas palabras no deben entenderse en sentido disyuntivo: como si alguien tuviera la facultad de incluir o excluir del Reino de Dios. Son un ejemplo más de paralelismo bíblico; es decir: una forma de dar relieve a una afirmación diciéndola dos veces con palabras diferentes. Entre los dos reinos opuestos, todo aquel que se liga (se une) con el uno, queda desligado (liberado) del otro.
El trabajo de Pedro, y de todos los discípulos de Jesús, es mantener abiertas las "puertas" del Reino de Dios para que todos puedan ser ligados a su Vida desligándose del Reino de la Muerte.
Un texto con sobrepeso …
A partir del siglo IV, la Comunidad Cristiana dejó de ser perseguida y fue convertida en religión oficial del Imperio. Los discípulos del Crucificado hacen alianza con el Poder, y sus representantes comienzan a ser poderosos.
Palabras de Jesús como las que hemos leído hoy, comenzaron a ser interpretadas como legitimadoras del "Poder" de los sucesores de los apóstoles.
A partir de allí se podía esperar todo. Y vino lo peor: la pérdida de la identidad cristiana y la dramática división de la Comunidad Cristiana.
En el siglo XI, gran división, por cuestiones de Poder, entre Roma y Constantinopla; entre las Iglesias de Oriente (Ortodoxos) y las Iglesias de Occidente (Romanos).
En el siglo XVI, gran división, por cuestiones de Poder, entre Roma y las Iglesias Reformadas (Protestantes).
Mientras confundamos Autoridad y Poder, quedaremos divididos, porque el fruto natural del Poder es la división (y la muerte).
El Poder crea súbditos, y cada Poder reclama en exclusiva la propiedad de “los suyos".
Pero la (unidad de la) comunión no depende del Poder ni de "la Autoridad", sino que nace de un corazón abierto. Por eso, nada, absolutamente nada, nos separa de los Hermanos en la Fe, ni de los Hermanos en la Humanidad, ni los Hermanos en la Vida. No existen "Hermanos separados". Sólo hay hermanos: hermanos, con tanta riqueza de vida que podemos ser muy diferentes unos de otros.
MENSAJE
Jesús es el mesías (el elegido para realizar la liberación prometida por Dios) y el Hijo del Dios vivo (vivificador).
Confesar que "Jesús es Mesías e Hijo del Dios vivo", es el fundamento de nuestra fe. Pero podemos no entenderlo correctamente. Parece que el criterio para saber si lo entendemos correctamente o no es la aceptación de que el mesianismo de Jesús pasa por el Calvario: exhibición de la vida que se entrega (servicio).
Si no asumimos el Calvario, es mejor que no hablemos de Jesús, ya que no le hemos entendido.
RESPUESTA
Si hoy no hemos leído las Lecturas del domingo, es porque la fiesta de San Pedro y San Pablo es una "importante".
Pedro y Pablo fueron realmente personas importantes … porque, en la Iglesia, todo el mundo es importante.
Y, tal vez, aquí podemos descubrir la "respuesta" que nos pide la fiesta de hoy: superar el culto a la personalidad.
Parece que en la Iglesia siempre ha habido, y todavía hay un exceso de culto a la personalidad, sobre todo en relación al Papa (y los obispos). Esto está en contradicción explícita con lo que pide el Evangelio: "Vosotros no os dejéis llamar 'maestro', porque maestro sólo hay uno, y todos vosotros sois hermanos; ni deis a nadie el nombre de 'padre' en la tierra, porque padre sólo hay uno, que es el del cielo; ni os hagáis llamar 'guías', porque uno solo es el vuestro, que es el Cristo "(Mateo 23,8–10).
Es frecuente criticar El Vaticano y la forma jerarquizada que ha tomado la Comunidad Eclesial. Hay que hacerlo, porque son defectos de nuestra Iglesia, que debemos ayudar a corregir. Estos defectos tendrían mucha menos fuerza si todos fuéramos más fieles a la indicación de Jesús: Todos vosotros sois hermanos.
El culto a la personalidad es una forma de idolatría, cuya culpa no está sólo en quien la recibe sino sobretodo en quien la da.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. ¿Quién es Jesús para nosotros?
  2. ¿Qué muestras de "culto a la personalidad" descubrís en vuestra manera de hacer?
  3. Jesús prohíbe a los discípulos que digan a nadie que él es el Mesías. ¿Creéis que esta prohibición puede ser aún válida? ¿En qué circunstancias?

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)