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viernes, 12 de septiembre de 2014

REFLEXIONES DE FESTIVOS. Exaltación de la Santa Cruz

Exaltación de la Santa Cruz
Por cerezo Barredo.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

Un poco antes de las palabras leídas, el Evangelio de Juan (Juan 02:23) había dicho que "muchos, viendo los milagros que Jesús hacía, creyeron en su nombre. Pero Jesús no se confiaba, porque les conocía a todos".  
Hoy vemos un caso concreto, y muy significativo, de personas importantes, representadas por Nicodemo ("Nicodemo" = vencedor del pueblo), que han captado el significado mesiánico de las obras de Jesús, pero que lo entienden mal. En el diálogo que comienza Nicodemo, Jesús le corta enseguida para decirle: Te lo aseguro: nadie puede "ver" el Reino de Dios si no "nace de arriba".
Según los expertos, el texto original griego juega con el doble significado de la palabra ανωθεν (anothen), que se puede traducir por “de arriba" o por "de nuevo". Nicodemo pregunta a Jesús cómo se puede nacer de nuevo. ¿Es que podemos repetir el nacimiento volviendo a entrar en el seno de la madre?
La propuesta absurda de Nicodemo es una estrategia literaria para poner en boca de Jesús la explicación correcta de su mesianismo. "Nacer de nuevo" es "nacer de arriba", y significa "nacer del Agua y del Espíritu". No se trata de repetir el nacimiento sino de un segundo nacimiento que completa el primero.
El primer nacimiento es "en la carne". Este nacimiento nos hace capaces de respuesta; o mejor: nos hace capaces de ver que somos amados, y capaces de responder a este amor acogiéndolo y dejándonos transformar por él. Pero, ser capaces de responder no equivale a responder realmente. Sólo si ejercemos esta capacidad "nacemos de nuevo", nacemos “de arriba", "del Agua y del Espíritu". Aquí "agua" significa aquello que hace visible al Espíritu. Pretende ser una alusión directa al Bautismo, por el cual una persona es acogida en la Comunidad Cristiana (Comunidad del Espíritu).
El Bautismo simboliza la continuación en nosotros de la muerte–resurrección de Jesús. El bautizado es sumergido (muerte) en el agua para salir renovado (resucitado).
El evangelista pone en boca de Jesús una referencia bíblica muy conocida para explicar qué significa "nacer de arriba": "Como Moisés, en el desierto, elevó la serpiente, también el Hijo del hombre tiene que ser elevado, para que todos los que creen en él tengan vida eterna".
Es bastante extraño el relato del Libro de los números (el cuarto de los cinco libros que forman la "Ley" de los Judíos). Dice así: "(En el desierto) el pueblo murmuraba contra Dios y contra Moisés … Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes venenosas que les picaban, y murieron muchos israelitas. El pueblo fue a Moisés para decirle: Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aleje de nosotros estas serpientes. Moisés intercedió a favor del pueblo, y el Señor le respondió: –Hazte una imagen de estas serpientes y ponla encima de un estandarte. Todo el que haya sido picado, si la mira, salvará la vida (Números 21, 6s).
Resulta curioso y sorprendente que los Israelitas, para librarse de la muerte causada por las serpientes, tengan que confiar precisamente en la reproducción de una serpiente que Moisés eleva para que todo el mundo la pueda ver. Pero así quedaba claro que los que morían no era por culpa de las serpientes sino a causa de su infidelidad a Dios. Mirar la serpiente elevada significaba "volver a Dios", fuente de la vida de los Israelitas como Pueblo Elegido.
Jesús también debe ser elevado. Sin darse cuenta de lo que realmente hacían, los que crucificaron a Jesús le elevaron; es decir: le situaron en el ámbito de Dios. Jesús, elevado, hace visible a todos lo que Dios es. "Tanto amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo único, para que no se pierda ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna".
Aquí hay un cambio radical en la manera de entender a Dios y su relación con los hombres. Dios no se muestra juez. Dios es Amor. Dios es Vida que se entrega. Porque es vida que se entrega podemos hablar de un Hijo vida recibida– igual al Padre. Y también la vida–recibida del Hijo es vida que se entrega.
El Hijo se ha hecho hombre, y le podemos ver en Jesús de Nazaret. Elevado en la cruz, Jesús nos muestra "la vida que se entrega". Mirarle y acoger esta vida es "nacer de arriba" o "nacer del Espíritu" o "nacer del agua y del Espíritu". Por eso Juan describirá la muerte de Jesús diciendo: "Inclinando la cabeza, entregó el Espíritu". Y también: "Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua" (Juan 19,30. 34)
Como ya se había dicho en el Prólogo del Evangelio de Juan: "A todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio poder de hacerse hijos de Dios" (Juan 1,12). Y también: "De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia" (Juan 1,14).
En la Cruz, elevado, Jesús queda "exhibido" como Hijo de Dios y como Hombre–muestra, para que todos puedan acoger la vida que se desprende y nacer de arriba (de Dios). Es la luz que brilla en la oscuridad.
Sin embargo, no todo el mundo está dispuesto a mirar al Crucificado. Cuando las propias obras son malas, se tiene miedo a la Luz y se prefiere la Oscuridad.
Dios ha entregado a su Hijo único …
"Entregar al propio hijo" no significa deshacerse de él o abandonarle. Al contrario: para la "vida–que–se–entrega", el "hijo–entregado" expresa la plenitud de la paternidad y la plenitud de la filiación. El “Hijo–entregado–a–los–hombres" es la oferta amorosa de Dios a participar de su Vida. "Me ha enviado el Padre que vive, y yo vivo por el Padre; también el que me come vivirá por mí” (Juan 6,57). Y también: "Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti. Que también ellos estén en nosotros” (17,20).
A veces puede escandalizarnos que Dios haya permitido que su Hijo fuera tan maltratado. ¿Por qué Dios–Padre permitió los horrores de la Pasión? Y también, ¿por qué el Dios–Bueno permite los grandes sufrimientos de tantos de sus hijos amados?
Estas preguntas no se pueden responder adecuadamente porque, en realidad, no están bien formuladas. Provienen del hecho de que imaginamos a Dios obrando a nuestra manera. Jesús se lo dijo claramente a Pedro cuando éste quería apartarle de la Pasión: “¡Vete de aquí, Satanás! No ves las cosas como Dios, sino como los hombres” (Marcos 8,33).
Nosotros vemos las cosas desde una vida obtenida, afirmada, defendida, poseída. Dios las ve desde una vida–que–se–entrega, compartida, radiante, amorosa.
Es normal que nosotros veamos las cosas "como los hombres". Sin embargo, y esta es la gran noticia, Dios nos invita a verlas "como Dios", y a obrar como Él obra. Estamos invitados a nacer de arriba y así disfrutar de su propia Vida.
MENSAJE
En una reunión de diálogo, alguien dijo: "si los sacerdotes contarais mejor el evangelio, mucha más gente creería".
Es posible. Pero no descuidamos algo: Jesús explicaba bien su mensaje, y, sin embargo, muy pronto le condenaron a muerte por blasfemo, y le mataron.
Una buena explicación ayuda a "conocer" el Evangelio; pero para acogerlo es necesario "nacer de arriba". Es decir: hay que "mirar al Crucificado". Y es bueno darse cuenta de que, incluso sin saberlo explícitamente, han sido y son muchísimos los que "miran al crucificado" en el reflejo trágico de miles y miles de crucificados por todo el mundo.
En el evangelio de Lucas, el viejo Simeón dice a María: "Este niño será motivo que en Israel muchos caigan y muchos otros se levanten; será una bandera discutida” (Lucas 2,34).
El Crucificado es bandera: o se le combate clavándole en la Cruz, o se le mira como fuente de Vida.
Dicho con lenguaje actual: Todo ser humano debe tomar partido ante este dilema:
o mirar al Hombre, a menudo crucificado, marginado, despreciado … y dedicarle la propia vida,
o mirarse a sí mismo, y esto le llevará indefectiblemente a utilizar (crucificar) a los demás en la pretensión de construir su propio YO.
Esta segunda opción es posible, y no depende de si se "conoce" más o menos bien el evangelio sino de si tenemos o no un "corazón duro".
RESPUESTA
La respuesta puede ser a dos niveles:
a) A nivel institucional.
Sería bueno ver hasta qué punto la Iglesia–institución (o cualquier otra Religión institucional) reproduce la situación de la Religión oficial del tiempo de Jesús. Nicodemo representa a la Religión, pero desde una posición de Poder, e intenta "incorporar" la llegada del Mesías anunciada por los profetas. Pero Jesús le dice que no es este el camino. La Religión puede ser buena, muy buena; pero no es definitiva. La Religión, inicialmente, forma parte de la "vida–según–la–carne". Pero resulta que el amor extremo de Dios nos invita a la "vida–según–Espíritu". Es por ello que la "vida–según–la–carne" se queda corta. Es valida sólo como trampolín para llegar a "nacer de arriba".
En la medida en que la Iglesia (o cualquier otra Religión) haya incorporado estructuras de Dominio, debe ser superada.
b) A nivel personal.
"Superar la Iglesia" (o cualquier otra Religión) no significa necesariamente abandonarla, sino vivirla teniendo al hombre real como referencia.
Dios nos invita a todos a aceptar y disfrutar de la filiación.
Las Religiones tradicionales tienen en sí mismas suficiente sabiduría y ductilidad como para poder ofrecer lenguaje y "espacio" para esta filiación. Quizás sea posible, en casos especiales, vivir esta filiación al margen de toda forma religiosa; pero esto conlleva desaprovechar unos buenos recursos que la mayoría tenemos al alcance.
Las Religiones son la Herencia que nos han dejado los que nos han precedido. Es una herencia que nosotros debemos gestionar según la realidad en que vivimos. En situaciones normales, el hijo que se emancipa no deja de ser "hijo" ni rompe la relación con sus padres. Al contrario: la emancipación se convierte en una forma madura de vivir la filiación.
En el ámbito de las Religiones, quizás nos pasa como en muchos países empobrecidos: a la pobreza material se adjunta la pobreza de personas, consecuencia de la emigración de muchos ciudadanos que podrían producir riqueza para el propio país si no se hubieran ido.
La renovación que permanentemente necesitan las Religiones es más difícil si las personas que ven la necesidad "emigran" como signo de protesta.
Preguntas para el diálogo
  1. Aquí somos, la mayoría de nosotros, hijos de la Iglesia. Pero, ¿somos hijos aún menores o ya emancipados?
  2. Físicamente la crucifixión elevaba al crucificado. Pero, ¿los Evangelios se refieren sólo a Jesús, o también a todas las víctimas de los Poderes Humanos? En este caso, ¿qué significa, en la práctica, "mirar al crucificado"?
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)