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sábado, 8 de noviembre de 2014

REFLEXIONES DE FESTIVOS. DEDICACIÓN BASÍLICA LETRÁN

 Basílica de San Juan de Letrán
PROYECTO DE HOMILÍA.

La Lectura de hoy está sacada del Evangelio de Juan. Es uno de los pocos relatos que se encuentran en los cuatro evangelios. A pesar de todo, este Episodio del Templo tiene un significado diferente en los tres Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) y en Juan.
En los Sinópticos, a este episodio podría decirse de "la Purificación del Templo". Al final de su obra, Jesús sube a Jerusalén donde es recibido por el Pueblo como Mesías. Según las Escrituras de los Judíos, la 1ª tarea del Mesías era purificar el Templo. Jesús lo hace expulsando a los que vendían y compraban, y que lo habían convertido en una cueva de ladrones (Marcos 11,17).
Pero en el evangelio de Juan este episodio, colocado al principio, va cargado con un mensaje más radical: no se trata de purificar el Templo sino de anularlo, sustituyéndolo por el Hombre. Por eso Jesús, en el relato de Juan, no expulsa a los mercaderes sino que hace salir a todos los animales (ovejas y terneros, junto con las palomas) destinados a ser allí sacrificados. El Templo se había convertido en un ámbito de esclavitud para el Pueblo (representado en las ovejas y terneros): Jesús lo hace salir, como Moisés había hecho salir al Pueblo de Israel de la Tierra de esclavitud. Evidentemente, los responsables del Templo no aceptarán quedarse sin víctimas (esclavos). El evangelista Juan irá tejiendo el relato de todo su Evangelio de modo que, de hecho, el cordero que "sacrificarán" será el propio Jesús; pero no en el Templo, que ya ha perdido toda legitimidad, sino "fuera de la ciudad" (Marcos 15,20). Juan Bautista ya había presentado a Jesús diciendo: "Mirad el Cordero de Dios" (Juan 1,36).
Este episodio del Templo prepara la declaración más explícita que hará Jesús cuando, respondiendo a la pregunta de la Samaritana sobre dónde hay que adorar al Señor, le dirá: “Créeme, mujer, llega la hora en que no adoraréis al Padre ni en este monte ni en Jerusalén, … los auténticos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad”  (Juan 4,21).
La referencia al látigo tiene por finalidad dejar claro que, a quien Jesús hace salir del Templo es a las ovejas y terneros, junto con las palomas (> Juan 10,3). Es también un gesto mesiánico, pues se solía representar al futuro Mesías con un látigo en la mano para reconducir al pueblo a la práctica de la verdadera religión ("Buen pastor").
El evangelista quiere que nos fijamos en este cambio de perspectiva con relación a los evangelios Sinópticos. Lo hace colocando dos "interpretaciones" por parte de los propios discípulos. En un primer momento, estos interpretan la acción de Jesús según la "mentalidad normal": aplican a Jesús los sentimientos de Elías: "El celo de tu casa me devora" (1 Reyes 19,10; Salmo 69,10). Es una interpretación errónea. Jesús no se comporta como Elías, extremadamente violento (1 Reyes 18,40). La auténtica interpretación del gesto de Jesús la da Él mismo: "Destruid este templo, y lo reconstruiré en tres días. Él hablaba del templo de su cuerpo ".
Este significado profundo de la acción de Jesús, los discípulos no la captaron hasta más tarde: "Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron que él decía esto, y creyeron en la escritura y en esta palabra de Jesús".
MENSAJE
El Relato de hoy nos ofrece un mensaje con dos caras prácticas:
  1. El tiempo del Templo ha concluido. No hay que purificarlo sino salir y sustituirlo por el Hombre. Es en el Hombre que entrega su vida por los demás donde Dios se hace presente y visible.
  2. Creer en Jesús–mesías ("Jesu–cristo") no es creer en un líder que solucionará los problemas a nuestra manera, sino creer que "dar la vida por los demás con amor" es la auténtica vida en la que estamos invitados, participando de la Vida misma de Dios. Esto significa que el mensaje no es sólo "sobre Jesús" sino también sobre la "vida de los humanos", visualizada ya en este hombre llamado Jesús de Nazaret.
RESPUESTA
  1. Muchas de las Comunidades Cristianas, convertidas en una nueva religión, han "re–instaurado" grandes y magníficos templos. Entre nosotros, la casi totalidad de los grandes templos se han convertido, en algunos aspectos, en una servidumbre. Sólo para mantenerlos, ya tenemos que negociar con los poderosos de turno y depender de ellos. Muchos de estos edificios deben ser considerados "propiedad del pueblo". ¿No sería oportuno encontrar la forma de devolverlos al Pueblo ahora que, si somos realistas, nos son más un estorbo que un servicio?
  2. El auténtico "templo" capaz de visualizar y encarnar la presencia de Dios es el "cuerpo resucitado de Jesús"; es decir: la Comunidad que nace de la práctica de la Comunión. "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18,20). Esto implica que, para el seguidor de Jesús, el verdadero culto es la práctica del amor solidario con todos los humanos. La misa del domingo debería expresar este culto, y celebrar la vida que incluye. Y hay que reconocer que fiestas como la de hoy no ayudan precisamente a este cambio de visión.
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. Es frecuente hablar del edificio de la iglesia como de un "espacio sagrado". ¿Qué opináis? ¿Qué lo haría sagrado?
  2. ¿Consideráis que nuestras iglesias son adecuadas para reuniones comunitarias?
  3. Cuando hablamos de personas "practicantes", ¿a quién solemos referirnos: a los que asisten a los "templos" (edificios) o a los que practican la solidaridad?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)