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miércoles, 28 de enero de 2015

Domingo IV de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Poseído".

DOMINGO IV DE ORDINARIO. CICLO B.




Palabras y palabrejas

"Poseído".

21. Poseído. (… Había un hombre que tenía un espíritu inmundo …)
De igual forma que Moisés, recibida la misión de liberar a su Pueblo, se presentó al poderoso faraón para comunicarle el proyecto liberador de Dios, también Jesús se presenta en la Sinagoga de Cafarnaún, la más poderosa de la región. Y de igual forma que Moisés topó con la reacción contraria del faraón, también Jesús topa con la reacción contraria de la Sinagoga, que replica por boca del hombre que tenía un espíritu inmundo: “¿Has venido a destruirnos?". El choque es directo. Pero, como ya había anunciado Juan Bautista, Jesús es el más fuerte, como también lo era Moisés con relación al faraón. El Pueblo de Israel, gracias la "fuerza" de Moisés (la Palabra de Dios), salió efectivamente del País donde era esclavo; y el Poseído de un espíritu inmundo es liberado por Jesús.
¿Qué significa "estar poseído de un espíritu inmundo"?
No debemos imaginar como si pululasen por el espacio espíritus o fantasmas que pudieran meterse en nuestro interior cuando respiramos o abrimos la boca … Se trata de la escenificación de una situación en que la persona no es exactamente ella misma , sino que está dominada por alguna fuerza interiorizada que no sabe controlar, o por alguna debilidad aceptada que no sabe superar.
Lo explicaré con un ejemplo (que es sólo aproximado):
Con motivo de la concesión del balón de oro a un jugador del Bar-ça, un compañero me comentó: Esto es muy peligroso, porque puede hundir a un jugador. Y me confió una vivencia suya. Me dijo: Yo de pequeño, en el patio de la escuela, jugaba mucho al fútbol. Los equipos se hacían indicando a los dos mejores que eligieran alternativamente a los jugadores que querían. Así salían dos equipos bastante equilibrados. Un día me dijeron que eligiese yo, porque era el mejor. Lo hice, claro. Pero ese día no marqué ningún gol. En el patio de la escuela, con pelota pequeña de goma, se podían marcar 3 ó 4 goles! … Pues ese día no hice ninguno. Recuerdo mi incomodidad: era como si no fuera yo quien jugaba … Cuando tenía la pelota la pasaba enseguida porque no estaba seguro de jugarla "como el mejor". Perdí la espontaneidad del juego. Se ve que no tengo madera de líder … No soportaba el "peso" que me habían puesto encima.
Por eso encuentro peligroso esto de dar balones de oro, sobre todo si se trata de jugadores jóvenes.
El espíritu posesivo es algo parecido a esto que le pasó a mi amigo. Sus compañeros, sin querer y sin ser conscientes de ello, habían activado en él unas limitaciones que "dormían" en su interior: inseguridad, miedo a decepcionar, timidez …
En el relato que hemos leído, ¿qué es aquello que "posee" al hombre de la Sinagoga?
La contraposición entre la forma de enseñar de los maestros de la Ley y la de Jesús, sugiere que se trata de la Ley. Una Ley que debió ser humanizadora, pero que se había convertido en posesiva, activando el miedo y la inseguridad de los fieles. Por eso el Poseído no soporta la acción liberadora de Jesús (del Hombre).
La solución que "impone" Jesús es muy simple: ¡Sal!
Esta palabra va dirigida al poseedor, pero es para el hombre poseído. Es a él quien se le dice: ¡Sal! Sal del ámbito de la Ley.
¡Cuán actual, es este relato! ¡Cuánta Ley poseedora! ¡Cuánto espíritu inmundo generado en nosotros para asumir tanta Ley o tantas leyes de todo tipo: religiosas, políticas, económicas, culturales, identitarias, ideológicas, …! ¡Cuánta "posesión" está sufriendo la Humanidad, aquí, allá y más allá!
En la Historia humana, nuestra progresiva Humanización está siendo retrasada por excesivas obediencias y por demasiado pocas desobediencias.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


miércoles, 21 de enero de 2015

Domingo III de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Mar".

DOMINGO III DE ORDINARIO. CICLO B.





Palabras y palabrejas

“MAR".
20. "Mar". (Pasando junto al lago (mar) de Galilea …).
Cuando los evangelistas Mateo, Marcos y Juan hablan del lago de Galilea (o de Tiberíades), usan la palabra "mar", aunque se trata de un estanque bastante pequeño. Desde cualquiera de sus orillas se puede ver el otro lado.
El Misal catalán, así como la BCI –Biblia Catalana Interconfesional– hacen bien en traducir el original griego "Talassa" (mar) por "lago" porque, en este caso, se trata realmente de un lago. Pero diría que traducen demasiado bien. Si los evangelistas escriben "Talassa" (mar) en vez de "Limne" (lago) no es porque se equivoquen o no usen correctamente las palabras, sino porque quieren decir algo con eso. Recordemos que los Evangelios, que no son tratados de geografía, utilizan (también) la geografía como lenguaje para hablar de la vida humana.
"Mar" es una palabra que forma parte de la mitología de los orígenes del pueblo de Israel. Aquí entiendo por mitología de los orígenes aquel conjunto de imágenes y relatos con los que un Pueblo expresa, comunica y celebra sus Inicios como Pueblo, con personalidad propia y diferenciada de otros Pueblos.
Cuando los Evangelios presentan a Jesús pasando por la orilla del mar de Galilea quieren conectar con la experiencia fundante de Israel: el Éxodo. Israel, como Pueblo, se organizó a partir de la experiencia del Éxodo, con Moisés reuniendo a la multitud en las orillas del Mar Rojo. Tampoco el lugar por donde los Israelitas pasaron ("pascua") el Mar Rojo era realmente un "mar". En aquel tiempo el Mar Rojo no conectaba con el Mediterráneo como actualmente gracias al canal de Suez construido a finales del s. XIX. En tiempos de Moisés allí habían humedales. Muchos fugitivos se servían de ellos para escaparse. Había que conocer las pasarelas o disponer de algún guía experimentado.
El "Paso del Mar Rojo" quedó en el imaginario del Pueblo como un relato épico protagonizado por Moisés. En este sentido, el "mar" ofrece caminos para la Libertad.
Sobre todo los Evangelios de Mateo y Marcos, presentan a Jesús como el nuevo (y definitivo) Moisés. Y es que, a pesar de haber salido del País en donde eran esclavos, los Israelitas no encontraron la Libertad plena. Por eso es necesario un nuevo éxodo. Ahora ya no se trata de salir de un país; la Libertad debe nacer en el propio corazón. Los Israelitas salieron del País en donde eran esclavos, pero continuaron esclavos de sí mismos a través de su Templo, su Ley, sus Grandes Sacerdotes, sus Gobernantes, sus Poderosos … Como ocurre con todos los Pueblos de la Tierra.
La actividad de Jesús en Galilea, en los Evangelios Sinópticos, está centrada en el mar de Galilea. Aquí reunirá a los discípulos y a las multitudes para invitarles a un nuevo éxodo: salir del propio encierro. Por ello, en los Evangelios, el "mar" tiene otro simbolismo importante. Los primeros discípulos a quienes reúne Jesús son "pescadores". Jesús les llama para hacerlos "pescadores de hombres" porque el mar representa también las dificultades de la vida. Es un gran monstruo que puede engullirnos; es peligro, amenaza, tormenta, naufragio, muerte, … ¡Cuánta esclavitud en el "mar de la vida"!
Todos hemos experimentado que la vida humana, librada a sus solas posibilidades, puede naufragar. Es difícil superar todos los escollos. Los evangelios nos presentan a Jesús como el timonel experto que nos acompaña para pasar a la otra orilla. Más aún: nos ofrece el conocimiento y la valentía para convertirnos en navegantes expertos. El secreto es simple: aceptar ser "pescadores de hombres". Dicho con un lenguaje actualizado: vivir dedicándose a pescar hombres, a construir Humanidad. El conocimiento, el impulso, el acierto para llegar a la otra orilla, es la solidaridad total con la Humanidad. Nos hacemos humanos construyendo humanidad. Así de sencillo.
Esto conlleva hacer un éxodo de nosotros mismos. Salir de nuestro mundo cerrado (nuestro "País de esclavitud") siguiendo los infinitos caminos que el mar abierto nos sugiere.
El evangelista Lucas, a diferencia de los otros evangelistas, no llama "mar" en el lago de Galilea. Reserva esta palabra para la segunda parte de su libro: Los Hechos de los Apóstoles. Aquí sí que hablará de "mar" presentándonos al apóstol Pablo y sus viajes por todo el Mediterráneo.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


miércoles, 14 de enero de 2015

Domingo II de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Juan".

DOMINGO II DE ORDINARIO. CICLO B.

Palabras y palabrejas

“JUAN".
"Juan" (Juan estaba con dos de sus discípulos).
Hay personas que se hacen un lío a la hora de identificar, dentro de los Evangelios, el nombre Juan. Esto se debe a que hay dos personas principales con este nombre. Y también se debe a una suposición desafortunada, que acaba de complicar la cosa.
El nombre Juan es muy habitual en la Biblia. Significa "Dios ha dado" o "Dios es propicio" o "Dios ha escuchado" o "Dios se ha compadecido" … A pesar de ser un nombre muy habitual, cuando los Evangelios insisten en el nombre, es porque quieren llamar la atención sobre su significado. Este es el caso de Juan Bautista. Tanto el Evangelio de Lucas como el Cuarto Evangelio insisten en su nombre. En Lucas, se insiste en que el hijo de Zacarías e Isabel "se debe llamar Juan" (Lucas 1:13 y 01:59). El Cuarto Evangelio le hace intervenir directamente en el proyecto de Dios sobre la humanidad. "Dios envió a un hombre que se llamaba Juan …" (Juan 1: 6).
Juan Bautista. Es la primera persona importante de nombre Juan de que hablan los Evangelios. Se le llama Bautista porque bautizaba, antes de la llegada de Jesús. Se le llama también el Precursor, ya que su misión era preceder a Jesús (el Mesías) y señalar su llegada.
De él dice Jesús: entre los nacidos de mujer no ha habido uno mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él (Mateo 11:11).
En los Evangelios Sinópticos, Joan Bautista personifica a todos los profetas de Israel que habían anunciado la obra del futuro Mesías. En el Cuarto Evangelio, Juan Bautista encarna el esfuerzo de toda la Humanidad por encontrar el sentido de la Vida, antes de Jesús. Diciendo que fue enviado por Dios, reconoce y da valor al esfuerzo de todas las religiones, filosofías o humanismos que han buscado comprender al Hombre y su destino. Toda esta investigación humana forma parte del Proyecto de Dios, porque "Dios es propicio" ("Juan").
Juan Apóstol. Es uno de los doce apóstoles llamados por Jesús. No he encontrado ningún comentarista que le relacione, por tener el mismo nombre, con Juan Bautista. Es cierto que el nombre Juan era muy común. Con todo, dado que los relatos evangélicos no hacen biografía sino que con cada detalle quieren sugerir algo significativo, no es difícil de imaginar que, con la coincidencia de nombres, se quisiera insinuar alguna coincidencia de actitudes. Los Evangelios narran de manera muy clara la dificultad de los Doce para entender el mensaje de Jesús. Y esto sería debido al hecho de estar anclados en la mentalidad representada por Juan Bautista. De hecho, en el Cuarto Evangelio (que no habla de Juan Apóstol), este anclaje se insinúa en la figura de Pedro, cuando se le llama hijo de Juan.
Y es sobre este Juan apóstol que, suposiciones sin fundamento, han complicado mucho su identidad. Para entender estas suposiciones hay que diferenciar los tres Evangelios llamados Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) y el Cuarto Evangelio. El Cuarto Evangelio en ningún momento da la lista completa de los Doce Apóstoles. Habla de los Doce, pero sólo cita el nombre de siete: Andrés, Simón (Pedro) Felipe, Nathanael, Tomás y los dos Judas: el no traidor y el traidor. No habla explícitamente de Juan, aunque utiliza la expresión "los hijos de Zebedeo" (que, según los otros Evangelios eran Juan y Santiago).
Como resulta sorprendente que un evangelio no hable del apóstol Juan, se supuso que era porque él era el autor del Cuarto Evangelio, y que, por modestia, no utilizaba su nombre propio. Esta suposición hoy es considerada equivocada, ya que el Cuarto Evangelio es un texto tan elaborado que pide un período más largo que la vida de los apóstoles para irse definiendo. Con todo, desde los inicios de la Iglesia, el cuanto Evangelio es conocido como Evangelio de Juan. Por ello, Juan Apóstol es conocido también como Juan Evangelista para diferenciarlo de Juan Bautista.
Pero hay más. En el Evangelio de Juan aparece un discípulo muy especial: "el discípulo a quién Jesús amaba". No se dice nunca su nombre. Aparece por primera vez cuando Judas se separa de los Doce. Coinciden un momento en la Última Cena cuando Jesús le confía la identidad del traidor; y será el único discípulo que acompañará a Jesús al Calvario, y el primero en "creer" en Él como resucitado.
Como este discípulo confiesa que ha escrito el evangelio para dar testimonio de lo que ha visto (Juan 19:35), se ha identificado, equivocadamente, el discípulo a quién Jesús amaba con Juan Evangelista o Apóstol.
Alguien dirá: ¿Hay algún problema con esta identificación, aparte de ser equivocada?
Normalmente se cree que no. Pero con esta identificación nos podemos perder el mensaje que el evangelista quiere dar cuando introduce la figura singular de "el discípulo a quién Jesús amaba". Porque, si este discípulo fuera el apóstol Juan, ya no hay que buscar más significados; pero es muy posible que, introduciendo este "nuevo discípulo", se quiera decir algo importante al lector sobre sí mismo (como ocurre con el resto de personajes que aparecen en los Evangelios).
¿Qué se quiere decir al lector con la presencia repentina de "el discípulo a quién Jesús amaba ", al final de la vida visible de Jesús?
Posiblemente se le quieran decir tantas cosas que cualquier respuesta quedaría corta. Ahora y aquí quisiera sugerir sólo dos puntos:
– Primero: la presencia del discípulo a quién Jesús amaba humaniza extraordinariamente la tragedia de la traición de Judas y de la Pasión y Muerte de Jesús (del Hombre).
– Segundo: es una sugerencia: leed el final de la vida de Jesús, en el Evangelio de Juan (podéis empezar en la Última Cena, en el capítulo 13) imaginando que vosotros mismos sois "el discípulo a quién Jesús amaba", y observad qué sentimientos afloran en vosotros. Porque las escenas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús (del Hombre) sólo se pueden "entender" desde dentro. Probadlo, sintiéndoos "el discípulo a quién Jesús amaba".

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


viernes, 9 de enero de 2015

Bautismo del Señor . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Bautizar".

BAUTISMO DEL SEÑOR. CICLO B.

Palabras y palabrejas

“Bautizar" (Bautismo).
18. Bautizar. (Yo os he bautizado con agua)
"Bautizar" es la traducción de una palabra griega que significa sumergir. Normalmente sumergir en el agua. De ahí que también signifique bañar o bañarse.
Cuando nos bañamos en el mar, en el río o en la piscina, quedamos sumergidos en el agua. Por eso el simbolismo del bautismo incluye la idea de "ser absorbidos o sepultados" por el agua, y salir nuevos, "resucitados". Sumergiéndonos en el agua "morimos" a un modo de ser, y salimos ("resucitamos") a una nueva forma de vivir.
El bautismo de Juan expresaba la movida de mucha gente que, no contenta de cómo iban las cosas, querían un cambio de vida y de sociedad. Denunciaban una sociedad que producía servidumbre, en lugar de libertad. Se hacían bautizar en el Jordán en contra de las fuentes y piscinas sagradas que había en el Templo, destinadas a purificaciones legales gestionadas por los sacerdotes, y que nunca acababan de purificar por completo. Al contrario: se usaban para mantener unas leyes que hacían que la gente se sintiera cada día más impura, y más esclava.
El movimiento bautismal de Juan debería ser algo parecido al actual movimiento de los Indignados. Los Indignados de aquellos tiempos vieron en Juan un posible líder que les diera cohesión y fuerza.
Pero Juan, como buen profeta, ve más allá. Es consciente de toda la energía emergente que esconde aquel movimiento de protesta. También es consciente de su incapacidad para darle salida. Él ve que no se trata de encontrar un líder sino de que cada indignado madure lo suficiente para ayudar a crear una sociedad nueva, sin líderes ni caudillos ni héroes que después se conviertan en nuevos dominadores. El problema que denuncian los indignados no se soluciona con líderes, sino con personas libres que vivan plenamente la solidaridad. Una solidaridad abierta a todos.
Por eso Juan hace algo extraño: bautiza, pero simultáneamente dice a todos que aquel bautizo sirve de poco. "Yo os bautizo solo con agua". Pero entre vosotros está aquel "que bautizará con Espíritu Santo". Sólo el que bautiza con Espíritu Santo es el auténticamente capaz (lo suficientemente poderoso) para dar salida a los anhelos humanos.
No se trata de ningún líder. Habla de Jesús, el "poder" del que no se impone sino que se comunica. Es ofrecido a todo el que acepte sentirse hijo de Dios y comportarse como hermano de todos los humanos. "Eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco". Nada tan liberador ni humanizador.
El bautismo con agua es sólo un rito: entras en el río para volver a salir. Limpia y refresca sólo por fuera; por dentro, nada cambia. En cambio el bautismo con Espíritu significa que el Espíritu anida dentro de nosotros, como las palomas anidan dentro de las casas. Entra para quedarse y transformarnos.
El bautismo con Espíritu es la respuesta de Dios a una actitud de solidaridad total con la Humanidad. Jesús es bautizado por Juan porque se ha mezclado con la gente, haciéndose de los suyos, por solidaridad, la esclavitud y el pecado de todos. Esta solidaridad total hace que el cielo se rasgue. El cielo, entendido como un techo que separa el mundo de Dios y el mundo de los hombres, se rasga para aquellos hombres que se hacen solidarios con la Humanidad. La solidaridad humana manifiesta la solidaridad del cielo derramada sobre la tierra. "Eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco”.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


lunes, 5 de enero de 2015

Epifanía del Señor (Reyes). Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Estrella".

EPIFANÍA DEL SEÑOR. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Estrella".
17. Estrella. (Hemos visto salir su estrella …)
Sólo los evangelistas Mateo y Lucas construyen relatos de nacimiento con relación a Jesús. Aunque son dos relatos con personajes totalmente diferentes, nos comunican un mensaje similar. En Lucas, los receptores del mensaje son unos Pastores que velaban el rebaño. No se habla de ninguna "estrella" sino de un ángel y de la gloria del Señor que les envolvió de claridad. En cambio en Mateo, los receptores son unos Magos que han visto una estrella. Sólo Mateo nos habla de una estrella.
Como los pastores, también los magos eran gente despreciada por las élites religiosas de Israel (no tanto por la gente sencilla). Los magos, que eran astrólogos, eran considerados idólatras por su dedicación a los astros, tenidos por divinidades por los no judíos.
Como Lucas, también Mateo sitúa el nacimiento de Jesús entre dos categorías humanas contrapuestas. Lucas contrapone el orgullo de los Poderosos (Emperador y gobernador romanos) a la simplicidad de los Pastores; Mateo contrapone el "conocimiento" de Herodes y sus Sabios a la "falsa religión" de los Magos. Pero lo cierto es que Herodes y los Maestros de la Ley, a pesar de disponer de las Profecías, no "ven nada de nada". Sólo los Magos, porque saben leer las estrellas, se enteran del nacimiento de Jesús y su significado.
Mateo se vale de una creencia popular según la cual cada persona tiene su estrella. Es una forma poética y muy gráfica de expresar el sentimiento que nos invade cuando contemplamos de noche la inmensidad del Universo. Un sentimiento contradictorio: de pequeñez y de grandeza. De pequeñez porque somos realmente muy pequeños bajo un cielo estrellado. De grandeza porque somos parte de la Inmensidad contemplada. Nuestras vidas no pululan en el vacío, sino que acompañan y son acompañadas por toda la variedad, misterio, orden, claridad, belleza, imprevisión, sorpresa, … del Universo. Quién sabe contemplar la envoltura de una noche estrellada, queda invadido de un sentimiento de pertenencia cósmica.
Cada persona y cada pueblo tienen su estrella. Pero no somos una estrella perdida en el mar de las estrellas. Hay una Estrella–Guía: la estrella de la Humanidad. Seguirla, permite ser actores en el gran teatro de nuestro Universo.
La Estrella de Belén es una estrella que desaparece cuando nos acercamos a la Capital, a los sabios y poderosos que pretenden dirigir nuestras vidas. Pero reaparece cuando buscamos con insistencia al Niño que ha nacido (y que continúa naciendo) para hacerle obsequio de nuestros "tesoros" (nuestras capacidades). A los habitantes de la Capital les intriga la estrella de Belén, porque han decidido que sólo la Capital debe ser la estrella. Herodes se inquieta al escuchar a los Magos, ¡porque él quiere ser la única estrella!
Pero los Magos no regresan a Jerusalén una vez encontrado el Niño con María, su madre.
No es necesario volver a los sabios y poderosos una vez encontrado el lugar donde nace y crece la nueva Humanidad, y quienes la van engendrando.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


viernes, 2 de enero de 2015

Domingo II después de Navidad. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Dios". "Palabra".

DESPUÉS DE NAVIDAD II. CICLO B.

Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal

Palabras y palabrejas

"Dios". "Palabra".
15. "Dios". (La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios).
Cuando usamos la palabra "Dios" no hablamos "de Dios" sino "de nosotros". Los humanos, al tiempo que nos sentimos existentes, sentimos también que no somos la fuente de nuestra existencia. Experimentamos que somos, pero que podríamos no ser. Dicho de forma gráfica: nuestra realidad está hecha también de vacío. Y el concepto Dios es de alguna forma el contrapunto de este nuestro vacío existencial. (El "Dios tapagujeros" es una creación nuestra, pero eso no significa que el "agujero" no sea auténtico).
Como cada uno de nosotros experimenta diferentemente su vacío, también la palabra "Dios" tiene un significado diferente en cada persona que la utiliza. Más aún: experimentamos nuestro vacío diferentemente según las circunstancias de la vida. Esto hace que, para cada persona concreta, la palabra "Dios" tenga significados muy diferentes según el momento en que vive.
No es de extrañar, pues, que unas veces sintamos a "Dios" como el gran presente y otras como el gran ausente; unas veces como el amigo, y otros como el enemigo. Unas veces es respuesta y otras es pregunta. A veces es problema y otras es solución
Los que afirman que "creen en Dios" están diciendo que experimentan la vida como una realidad abierta, no absoluta en sí misma. Los que afirman que "no creen", no significan necesariamente que entiendan la vida como una realidad cerrada; lo más probable es que simplemente rehúsen las "concreciones" de quienes afirman que creen. Hay ateos con una fe tan profunda y auténtica como pueda ser la fe de los creyentes, como manifiesta el magnífico Canto espiritual de Josep Palau i Fabre.
Aquello que diferencia a las personas no es su lenguaje "sobre Dios" (si existe o no) sino su actitud abierta o cerrada ante la Realidad.
Para cada uno de nosotros, esta apertura o cierre se actúan cuando nos encontramos ante otra persona, sea grande o pequeña, importante o insignificante. Si ante otra persona dejo de ser un absoluto y me siento relativo a ella; si no la someto a mi realidad sino que le respeto suya; si no la juzgo sino que la acojo tal como es, entonces manifiesto una actitud abierta.
La Biblia nos ofrece diferentes palabras para hablar "de Dios", según la experiencia que, en cada momento, Israel tenía de sí mismo como Pueblo.
Jesús de Nazaret, que en los Evangelios encarna la plenitud de la vocación de Israel y de la Humanidad, experimenta a "Dios" como Padre. Antes de Jesús, Dios era sobre todo "Yahvé" ("el que es"). También a veces llamado "Elohim", que significa, más o menos, "las fuerzas primigenias que se hacen presentes" o las "energías originarias experimentables". Un concepto que hoy retorna, posiblemente como reacción a la excesiva "objetivación" en que han caído a menudo las grandes Religiones teístas.
La objetivación de Dios es el gran peligro de los creyentes. En este punto, hay que admirar la sabiduría de los tres primeros famosos 10 Mandamientos (Éxodo 20: 1ss y Deuteronomio 5: 5ss) El primer y el segundo prohíben estrictamente considerar como "Dios" ninguna cosa objetiva, observable, definible o imaginable, sea lejana como los astros, o próxima como la fecundidad. Ninguna cosa es "Dios". Y, en relación al concepto "Dios" que los humanos necesariamente nos hacemos, se prohíbe hacerse ninguna imagen, o utilizarlo en nuestras relaciones con los demás.
Por eso, en una sociedad marcada por relaciones de dominio y servidumbre, nadie puede considerarse o ser considerado "divino", representante de Dios o encarnación de Dios; ni hacerse respetar, obedecer, temer o venerar como tal.
Como concreción práctica de esto, el Tercer mandamiento manda que al menos un día a la semana sea de descanso para todos (shabat). Ningún amo puede hacer trabajar a sus esclavos (ni a sus toros ni a sus asnos!); ni criado debe servir a los (sus?) amos. Al menos un día a la semana se debe vivir la libertad, porque el "Dios único", invisible e inefable, sólo puede ser servido con libertad.
16. "Palabra". (Al principio ya existía la Palabra).
Pero el Dios invisible se ha hecho Palabra. "Palabra" traduce al original griego "Logos". Logos tiene un significado más rico que palabra. Para traducirlo bien habría que añadir la idea de "proyecto". Logos significaría un "proyecto dicho" o un "proyecto hecho palabra". Es decir: un proyecto pronunciado, decidido o iniciado.
Las primeras palabras del Cuarto Evangelio podrían traducirse así: Al inicio de todo está el Proyecto que está en marcha. También se podría decir al revés: Todo lo que existe viene de un Proyecto iniciado.
Los humanos experimentamos nuestra vida como un fluir. Si fuéramos un río, diríamos: Al inicio de todo está la Fuente.
Pero esto es sólo la mitad de lo que dice la expresión solemne y sorprendente con la que comienza del Cuarto Evangelio. La otra mitad resulta casi escandalosa: la Palabra era Dios. Es decir: el Proyecto pronunciado era Dios. Juntando las dos partes tendríamos: Todo comienza con un Proyecto de Dios, y Dios era el Proyecto. Todo comienza en Dios (Padre) que proyecta al Dios engendrado (Hijo).
Al principio existía la Palabra. 
La Palabra estaba con Dios 
y la Palabra era Dios.
Volviendo al simbolismo del río, podríamos decir:
Al inicio de todo existía la Fuente. 
Fluimos de la Fuente, 
y estamos llamados a hacernos Fuente.
Así se expresa la gran maravilla de la Vida humana; y también su mayor peligro. Somos fruto de la Palabra y estamos llamados a hacernos palabra. Pero cada uno de nosotros tendrá que vencer la tentación de decir la palabra inicial para los demás. Es decir: hay que vencer la tentación de sustituir el Proyecto de Dios por nuestro proyecto sobre personas que, de alguna manera, dependen de nosotros.
Como nos advierte el libro del Génesis, experimentamos la tentación de querer ser "dioses" para los demás. Caemos en esa tentación cada vez que comemos del fruto del Árbol de la ciencia del Bien y del Mal (Génesis 2: 17ss); es decir: cada vez que pretendemos ser la norma (la palabra) que decide por los demás qué está bien y qué está mal. Y la advertencia es seria: "El día que comas del fruto de este árbol, morirás".
La Historia de la Humanidad corrobora trágicamente la realidad de esta advertencia (!!!). Cuando un hombre se hace palabra que se impone, enseguida aparece la esclavitud y la muerte. ¡¿Cuánta muerte han generado las palabras (sentencias) humanas?! ¡¿Cuánta muerte ha generado la obediencia a palabras (leyes) humanas?!
Somos palabra. Pero somos palabra para construir comunión. La comunión construye Humanidad. Una Humanidad "proyectada" para ser Dios engendrado.


Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


REFLEXIONES DOMINICALES. Domingo II después de Navidad. CICLO B.

NAVIDAD II. Año B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

"Al principio existía la Palabra".
Según la hipótesis actualmente más aceptada, nuestro Universo comenzó con una Gran Explosión (Big Bang). De esto haría, más o menos, unos 14 mil millones de años.
¿Y antes del Big Bang, que había? Esto todavía no lo pueden responder los científicos. Es más: algunos piensan que esta pregunta es incoherente. Sería como preguntar qué hay 10 kilómetros al norte del polo Norte. Evidentemente, la pregunta no tiene sentido porque, si cuando llegamos al polo Norte seguimos adelante, en realidad no vamos adelante sino hacia atrás, dirección el polo Sur. De igual manera, es posible que la pregunta "¿qué había antes del Big Bang?" No tenga sentido. Con el Big Bang todo comienza, incluso el espacio y el tiempo. Evidentemente, desde la ciencia, no podemos preguntar qué había "antes" del tiempo.
Cuando el evangelio de Juan nos dice que "al principio existía la Palabra" no nos quiere decir ni cuándo, ni dónde, ni cómo empezó el Universo sino por qué comenzó. No es una afirmación científica sino religiosa.
Las preguntas científicas son sobre lo que existe, sobre lo que es objetivo (los objetos). Pero el ser humano se hace también otras preguntas que no son sobre las cosas sino sobre el sentido de las cosas, y sobre todo sobre el sentido de sí mismo y del Universo en que vive. Son preguntas subjetivas porque implican a la persona (el sujeto) que las hace.
¿Por qué el ser humano se hace esta clase de preguntas?
De una forma u otra, cuando empezamos a ser adultos, nos damos cuenta de que estamos "al volante de nuestra vida"; nos damos cuenta de que nuestra vida, más o menos, "está en nuestras manos".
Es cierto: no todo está en nuestras manos. En buena parte somos un producto de la historia y de otras circunstancias. Sin embargo, nos damos cuenta de que precisamente todo esto que hemos recibido nos hace capaces de decidir qué queremos hacer de nuestra vida. Por ejemplo, podemos decidir dar o no dar sentido a nuestra vida; y si decidimos darle sentido, tendremos que decidir todavía qué sentido le damos.
Y es cuando hemos decidido dar sentido a nuestra vida que, como contrapunto, nos preguntamos también de dónde venimos y por qué existimos. Nos damos cuenta de que existimos pero podríamos no existir. ¿Por qué? Y la pregunta se ensancha más allá de nosotros: ¿por qué existe el Universo? ¿Por qué existe algo en vez de la nada?
Hoy, desde la Ciencia, se habla mucho de "casualidad". Desde el análisis de lo que conocemos, podemos comprobar que todo lo que existe podría haber sido de otro modo. Contrariamente a como se pensaba hace unos años, las leyes físicas inherentes a la materia no predeterminan que las cosas sea como son. Todo podría ser de otra manera totalmente diferente. Por eso la Ciencia actual ha incorporado una palabra que antes era considerada no científica: casualidad. Podemos comprobar que existen leyes físicas; sin embargo, que sean éstas y no otras, es pura casualidad.
Pero hay personas que caen en el error de entender esta "casualidad" como una "causa" con entidad propia, como la explicación del origen del Universo, cuando lo que quieren decir los científicos con la palabra “casualidad" es exactamente lo contrario: que el Universo no se explica por sí mismo.
¿Por qué existe el Universo?
Las Religiones en general son fruto de una experiencia vital, mucho más rica y global que el conocimiento científico. Es la convicción íntima de formar parte del Universo. Esta experiencia vital y profunda nos sugiere respuestas que se han ido "tejiendo" durante miles de años de simbiosis con todo lo que nos rodea. Con lenguajes diferentes, con mitos más o menos significativos dentro del propio ámbito cultural, la humanidad ha ido "dando forma" a una intuición (no científica, pero profundamente implantada en lo más profundo de nosotros mismos): que las cosas no existen por pura casualidad.
Con esto no se niegan las conclusiones de la Ciencia sino que se va más allá, porque el conocimiento científico no agota la capacidad humana de conectar con el mundo que nos rodea.
¿Por qué existe el Universo? En el evangelio que hemos leído, Juan nos ofrece una respuesta con un lenguaje de gran belleza y solemnidad.
"Al principio existía la Palabra".
Aquí "Palabra" puede entenderse como "Proyecto".
"Al principio" no significa en el momento del Big Bang. No se refiere al tiempo sino al "porque del tiempo". Es como si dijera: todo, incluso el tiempo, empezó porque había un proyecto. Un proyecto que estaba en "Dios".
Es cierto: “A Dios nunca nadie le ha visto". Pero a medida que se va realizando en nosotros el "proyecto", desde la vivencia del propio proyecto vamos descubriendo proyecto y "Proyector".
¿Y cuál es este proyecto? ¡Atención, porque aquí el evangelio la suelta muy gorda! "El proyecto era Dios" (!!!).
El proyecto de Dios es un "ser" en el que derramarse hasta divinizarlo, hasta hacerlo "Dios". No otro "Dios", sino Alguien que participe de su misma Vida, como el fuego derrite el hierro no haciendo otro fuego sino vertiente en él todo su calor.
Todo empezó con un proyecto.
Era un proyecto de Dios
y "Dios" era el proyecto.
Todo lo demás es "realización del proyecto".
Pero proyectar a "Dios" no es como hacer el proyecto de una máquina. Una máquina es un simple producto. En cambio, "Dios" sólo puede venir de una respuesta libre y generosa.
Pensamos en lo que pasa entre nosotros: no es lo mismo cuando un ingeniero proyecta y realiza una máquina, que cuando unos padres "proyectan" un hijo. La acción de los padres no consiste en "producir" un ser viviente sino en engendrar un hijo que, a partir de la vida inicial que le han dado, vaya descubriendo y acogiendo libremente la vida y el amor de los padres, hasta llegar a participar en plenitud en un intercambio de generosidad.
El proyecto de Dios no es la grandiosa maquinaria del Universo sino la VIDA. Y no cualquier vida, sino una vida que va creciendo hasta hacerse inteligente y capaz de descubrirse a sí misma como fruto de un proyecto de VIDA.
La VIDA es el horizonte. La VIDA es la luz de los vivientes que ya han alcanzado la capacidad de conocerse a sí mismos.
"Dios envió a un hombre que se llamaba Juan". Juan significa: don de Dios.
Era un testigo.
Juan representa a los miles y miles de humanos de sensibilidad suficientemente afinada para tomar consciencia de que estamos "dentro de un proyecto de VIDA", llámese profetas, gurús, sufíes, místicos, sabios …; testigos de una "realidad" que muchos otros aún no han descubierto (Hebreos 1,1).
Estos testigos, con todas sus limitaciones y defectos, no son unos soñadores sino testigos de algo muy real: "la Luz Verdadera".
Esta Vida–Luz puede ser acogida o no. A los que la acogen, les es concedido ser hijos de Dios.
Hay un "hombre" que ha acogido plenamente esta Vida–Luz. Como si dijeran, en él la Vida–Luz se ha hecho carne; se ha encarnado.
Hablo de Jesús. Jesús es, para los que tienen ojos para ver, el Hombre–muestra; el Hombre en quien ya podemos ver, como en un esbozo avanzado, en qué consiste el "Dios proyectado" o "Dios engendrado".
En Jesús descubrimos no sólo lo que podemos ser nosotros, sino también al Autor del Proyecto. Descubrimos que "Dios es Amor que se derrama". Y de su Plenitud, nosotros vamos recibiendo vida y más vida, hasta la VIDA.
Mientras todavía somos "niños", el proyecto se adapta a nuestra pequeñez y nos llega en forma de Ley, pero de una Ley que mira hacia la VIDA. La VIDA, la Vida de verdad, no nos llega por la Ley sino por Jesucristo, "Dios engendrado", "Dios Hijo único del Padre".
El evangelio de hoy es un Himno a la Palabra. Aquí "palabra" significa aliento, viento, proyecto, espíritu, energía, fuerza, creatividad, eficacia … También podríamos llamarlo energía positiva, como gusta a mucha gente de hoy en día.
MENSAJE
Evidentemente, el mensaje es el mismo que se ha ido repitiendo durante toda la Navidad, expresado no tanto desde la vida cotidiana sino con un lenguaje de altos vuelos. (Por eso el evangelista Juan suele ser representado por un águila).
Estamos en una "Historia" que responde al "proyecto de Dios de compartir su vida con nosotros". Estamos invitados a incorporarnos, desde la libertad, a la "Familia divina".
RESPUESTA
También la respuesta puede ser la misma que nos pide el conjunto de las Fiestas de Navidad, y de todo el evangelio.
Podemos decir y podemos decir no. La invitación nos ofrece la oportunidad de decir . Es la respuesta de María: "Hágase en mí según tu palabra" (tus proyectos).
Decir sí, no significa decir sí a todo el envoltorio con el que hoy en día suele llegarnos la "invitación". Decir sí significa acoger con el corazón abierto el amor con que Dios nos ama.
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. Hemos leído que "la Palabra se hizo Hombre". No dice que se hiciera ley, autoridad, sacerdote o maestro de religión. ¿Creéis que los discípulos de Jesús somos coherentes con "la encarnación de la Palabra"? ¿O nos mantenemos en "el Antiguo Testamento" cuando la "Palabra" aún no se había hecho "carne" sino que era "Ley", propuesta y enseñada por sacerdotes y doctores de la Ley?
  2. A veces se repite una frase atribuida al famoso científico Louis Pasteur: "Poca ciencia aparta de Dios; mucha, nos acerca". Qué os parece que significa? ¿Qué pensáis vosotros?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)