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viernes, 2 de enero de 2015

Domingo II después de Navidad. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Dios". "Palabra".

DESPUÉS DE NAVIDAD II. CICLO B.

Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal

Palabras y palabrejas

"Dios". "Palabra".
15. "Dios". (La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios).
Cuando usamos la palabra "Dios" no hablamos "de Dios" sino "de nosotros". Los humanos, al tiempo que nos sentimos existentes, sentimos también que no somos la fuente de nuestra existencia. Experimentamos que somos, pero que podríamos no ser. Dicho de forma gráfica: nuestra realidad está hecha también de vacío. Y el concepto Dios es de alguna forma el contrapunto de este nuestro vacío existencial. (El "Dios tapagujeros" es una creación nuestra, pero eso no significa que el "agujero" no sea auténtico).
Como cada uno de nosotros experimenta diferentemente su vacío, también la palabra "Dios" tiene un significado diferente en cada persona que la utiliza. Más aún: experimentamos nuestro vacío diferentemente según las circunstancias de la vida. Esto hace que, para cada persona concreta, la palabra "Dios" tenga significados muy diferentes según el momento en que vive.
No es de extrañar, pues, que unas veces sintamos a "Dios" como el gran presente y otras como el gran ausente; unas veces como el amigo, y otros como el enemigo. Unas veces es respuesta y otras es pregunta. A veces es problema y otras es solución
Los que afirman que "creen en Dios" están diciendo que experimentan la vida como una realidad abierta, no absoluta en sí misma. Los que afirman que "no creen", no significan necesariamente que entiendan la vida como una realidad cerrada; lo más probable es que simplemente rehúsen las "concreciones" de quienes afirman que creen. Hay ateos con una fe tan profunda y auténtica como pueda ser la fe de los creyentes, como manifiesta el magnífico Canto espiritual de Josep Palau i Fabre.
Aquello que diferencia a las personas no es su lenguaje "sobre Dios" (si existe o no) sino su actitud abierta o cerrada ante la Realidad.
Para cada uno de nosotros, esta apertura o cierre se actúan cuando nos encontramos ante otra persona, sea grande o pequeña, importante o insignificante. Si ante otra persona dejo de ser un absoluto y me siento relativo a ella; si no la someto a mi realidad sino que le respeto suya; si no la juzgo sino que la acojo tal como es, entonces manifiesto una actitud abierta.
La Biblia nos ofrece diferentes palabras para hablar "de Dios", según la experiencia que, en cada momento, Israel tenía de sí mismo como Pueblo.
Jesús de Nazaret, que en los Evangelios encarna la plenitud de la vocación de Israel y de la Humanidad, experimenta a "Dios" como Padre. Antes de Jesús, Dios era sobre todo "Yahvé" ("el que es"). También a veces llamado "Elohim", que significa, más o menos, "las fuerzas primigenias que se hacen presentes" o las "energías originarias experimentables". Un concepto que hoy retorna, posiblemente como reacción a la excesiva "objetivación" en que han caído a menudo las grandes Religiones teístas.
La objetivación de Dios es el gran peligro de los creyentes. En este punto, hay que admirar la sabiduría de los tres primeros famosos 10 Mandamientos (Éxodo 20: 1ss y Deuteronomio 5: 5ss) El primer y el segundo prohíben estrictamente considerar como "Dios" ninguna cosa objetiva, observable, definible o imaginable, sea lejana como los astros, o próxima como la fecundidad. Ninguna cosa es "Dios". Y, en relación al concepto "Dios" que los humanos necesariamente nos hacemos, se prohíbe hacerse ninguna imagen, o utilizarlo en nuestras relaciones con los demás.
Por eso, en una sociedad marcada por relaciones de dominio y servidumbre, nadie puede considerarse o ser considerado "divino", representante de Dios o encarnación de Dios; ni hacerse respetar, obedecer, temer o venerar como tal.
Como concreción práctica de esto, el Tercer mandamiento manda que al menos un día a la semana sea de descanso para todos (shabat). Ningún amo puede hacer trabajar a sus esclavos (ni a sus toros ni a sus asnos!); ni criado debe servir a los (sus?) amos. Al menos un día a la semana se debe vivir la libertad, porque el "Dios único", invisible e inefable, sólo puede ser servido con libertad.
16. "Palabra". (Al principio ya existía la Palabra).
Pero el Dios invisible se ha hecho Palabra. "Palabra" traduce al original griego "Logos". Logos tiene un significado más rico que palabra. Para traducirlo bien habría que añadir la idea de "proyecto". Logos significaría un "proyecto dicho" o un "proyecto hecho palabra". Es decir: un proyecto pronunciado, decidido o iniciado.
Las primeras palabras del Cuarto Evangelio podrían traducirse así: Al inicio de todo está el Proyecto que está en marcha. También se podría decir al revés: Todo lo que existe viene de un Proyecto iniciado.
Los humanos experimentamos nuestra vida como un fluir. Si fuéramos un río, diríamos: Al inicio de todo está la Fuente.
Pero esto es sólo la mitad de lo que dice la expresión solemne y sorprendente con la que comienza del Cuarto Evangelio. La otra mitad resulta casi escandalosa: la Palabra era Dios. Es decir: el Proyecto pronunciado era Dios. Juntando las dos partes tendríamos: Todo comienza con un Proyecto de Dios, y Dios era el Proyecto. Todo comienza en Dios (Padre) que proyecta al Dios engendrado (Hijo).
Al principio existía la Palabra. 
La Palabra estaba con Dios 
y la Palabra era Dios.
Volviendo al simbolismo del río, podríamos decir:
Al inicio de todo existía la Fuente. 
Fluimos de la Fuente, 
y estamos llamados a hacernos Fuente.
Así se expresa la gran maravilla de la Vida humana; y también su mayor peligro. Somos fruto de la Palabra y estamos llamados a hacernos palabra. Pero cada uno de nosotros tendrá que vencer la tentación de decir la palabra inicial para los demás. Es decir: hay que vencer la tentación de sustituir el Proyecto de Dios por nuestro proyecto sobre personas que, de alguna manera, dependen de nosotros.
Como nos advierte el libro del Génesis, experimentamos la tentación de querer ser "dioses" para los demás. Caemos en esa tentación cada vez que comemos del fruto del Árbol de la ciencia del Bien y del Mal (Génesis 2: 17ss); es decir: cada vez que pretendemos ser la norma (la palabra) que decide por los demás qué está bien y qué está mal. Y la advertencia es seria: "El día que comas del fruto de este árbol, morirás".
La Historia de la Humanidad corrobora trágicamente la realidad de esta advertencia (!!!). Cuando un hombre se hace palabra que se impone, enseguida aparece la esclavitud y la muerte. ¡¿Cuánta muerte han generado las palabras (sentencias) humanas?! ¡¿Cuánta muerte ha generado la obediencia a palabras (leyes) humanas?!
Somos palabra. Pero somos palabra para construir comunión. La comunión construye Humanidad. Una Humanidad "proyectada" para ser Dios engendrado.


Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)