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viernes, 2 de enero de 2015

REFLEXIONES DOMINICALES. Domingo II después de Navidad. CICLO B.

NAVIDAD II. Año B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA.

"Al principio existía la Palabra".
Según la hipótesis actualmente más aceptada, nuestro Universo comenzó con una Gran Explosión (Big Bang). De esto haría, más o menos, unos 14 mil millones de años.
¿Y antes del Big Bang, que había? Esto todavía no lo pueden responder los científicos. Es más: algunos piensan que esta pregunta es incoherente. Sería como preguntar qué hay 10 kilómetros al norte del polo Norte. Evidentemente, la pregunta no tiene sentido porque, si cuando llegamos al polo Norte seguimos adelante, en realidad no vamos adelante sino hacia atrás, dirección el polo Sur. De igual manera, es posible que la pregunta "¿qué había antes del Big Bang?" No tenga sentido. Con el Big Bang todo comienza, incluso el espacio y el tiempo. Evidentemente, desde la ciencia, no podemos preguntar qué había "antes" del tiempo.
Cuando el evangelio de Juan nos dice que "al principio existía la Palabra" no nos quiere decir ni cuándo, ni dónde, ni cómo empezó el Universo sino por qué comenzó. No es una afirmación científica sino religiosa.
Las preguntas científicas son sobre lo que existe, sobre lo que es objetivo (los objetos). Pero el ser humano se hace también otras preguntas que no son sobre las cosas sino sobre el sentido de las cosas, y sobre todo sobre el sentido de sí mismo y del Universo en que vive. Son preguntas subjetivas porque implican a la persona (el sujeto) que las hace.
¿Por qué el ser humano se hace esta clase de preguntas?
De una forma u otra, cuando empezamos a ser adultos, nos damos cuenta de que estamos "al volante de nuestra vida"; nos damos cuenta de que nuestra vida, más o menos, "está en nuestras manos".
Es cierto: no todo está en nuestras manos. En buena parte somos un producto de la historia y de otras circunstancias. Sin embargo, nos damos cuenta de que precisamente todo esto que hemos recibido nos hace capaces de decidir qué queremos hacer de nuestra vida. Por ejemplo, podemos decidir dar o no dar sentido a nuestra vida; y si decidimos darle sentido, tendremos que decidir todavía qué sentido le damos.
Y es cuando hemos decidido dar sentido a nuestra vida que, como contrapunto, nos preguntamos también de dónde venimos y por qué existimos. Nos damos cuenta de que existimos pero podríamos no existir. ¿Por qué? Y la pregunta se ensancha más allá de nosotros: ¿por qué existe el Universo? ¿Por qué existe algo en vez de la nada?
Hoy, desde la Ciencia, se habla mucho de "casualidad". Desde el análisis de lo que conocemos, podemos comprobar que todo lo que existe podría haber sido de otro modo. Contrariamente a como se pensaba hace unos años, las leyes físicas inherentes a la materia no predeterminan que las cosas sea como son. Todo podría ser de otra manera totalmente diferente. Por eso la Ciencia actual ha incorporado una palabra que antes era considerada no científica: casualidad. Podemos comprobar que existen leyes físicas; sin embargo, que sean éstas y no otras, es pura casualidad.
Pero hay personas que caen en el error de entender esta "casualidad" como una "causa" con entidad propia, como la explicación del origen del Universo, cuando lo que quieren decir los científicos con la palabra “casualidad" es exactamente lo contrario: que el Universo no se explica por sí mismo.
¿Por qué existe el Universo?
Las Religiones en general son fruto de una experiencia vital, mucho más rica y global que el conocimiento científico. Es la convicción íntima de formar parte del Universo. Esta experiencia vital y profunda nos sugiere respuestas que se han ido "tejiendo" durante miles de años de simbiosis con todo lo que nos rodea. Con lenguajes diferentes, con mitos más o menos significativos dentro del propio ámbito cultural, la humanidad ha ido "dando forma" a una intuición (no científica, pero profundamente implantada en lo más profundo de nosotros mismos): que las cosas no existen por pura casualidad.
Con esto no se niegan las conclusiones de la Ciencia sino que se va más allá, porque el conocimiento científico no agota la capacidad humana de conectar con el mundo que nos rodea.
¿Por qué existe el Universo? En el evangelio que hemos leído, Juan nos ofrece una respuesta con un lenguaje de gran belleza y solemnidad.
"Al principio existía la Palabra".
Aquí "Palabra" puede entenderse como "Proyecto".
"Al principio" no significa en el momento del Big Bang. No se refiere al tiempo sino al "porque del tiempo". Es como si dijera: todo, incluso el tiempo, empezó porque había un proyecto. Un proyecto que estaba en "Dios".
Es cierto: “A Dios nunca nadie le ha visto". Pero a medida que se va realizando en nosotros el "proyecto", desde la vivencia del propio proyecto vamos descubriendo proyecto y "Proyector".
¿Y cuál es este proyecto? ¡Atención, porque aquí el evangelio la suelta muy gorda! "El proyecto era Dios" (!!!).
El proyecto de Dios es un "ser" en el que derramarse hasta divinizarlo, hasta hacerlo "Dios". No otro "Dios", sino Alguien que participe de su misma Vida, como el fuego derrite el hierro no haciendo otro fuego sino vertiente en él todo su calor.
Todo empezó con un proyecto.
Era un proyecto de Dios
y "Dios" era el proyecto.
Todo lo demás es "realización del proyecto".
Pero proyectar a "Dios" no es como hacer el proyecto de una máquina. Una máquina es un simple producto. En cambio, "Dios" sólo puede venir de una respuesta libre y generosa.
Pensamos en lo que pasa entre nosotros: no es lo mismo cuando un ingeniero proyecta y realiza una máquina, que cuando unos padres "proyectan" un hijo. La acción de los padres no consiste en "producir" un ser viviente sino en engendrar un hijo que, a partir de la vida inicial que le han dado, vaya descubriendo y acogiendo libremente la vida y el amor de los padres, hasta llegar a participar en plenitud en un intercambio de generosidad.
El proyecto de Dios no es la grandiosa maquinaria del Universo sino la VIDA. Y no cualquier vida, sino una vida que va creciendo hasta hacerse inteligente y capaz de descubrirse a sí misma como fruto de un proyecto de VIDA.
La VIDA es el horizonte. La VIDA es la luz de los vivientes que ya han alcanzado la capacidad de conocerse a sí mismos.
"Dios envió a un hombre que se llamaba Juan". Juan significa: don de Dios.
Era un testigo.
Juan representa a los miles y miles de humanos de sensibilidad suficientemente afinada para tomar consciencia de que estamos "dentro de un proyecto de VIDA", llámese profetas, gurús, sufíes, místicos, sabios …; testigos de una "realidad" que muchos otros aún no han descubierto (Hebreos 1,1).
Estos testigos, con todas sus limitaciones y defectos, no son unos soñadores sino testigos de algo muy real: "la Luz Verdadera".
Esta Vida–Luz puede ser acogida o no. A los que la acogen, les es concedido ser hijos de Dios.
Hay un "hombre" que ha acogido plenamente esta Vida–Luz. Como si dijeran, en él la Vida–Luz se ha hecho carne; se ha encarnado.
Hablo de Jesús. Jesús es, para los que tienen ojos para ver, el Hombre–muestra; el Hombre en quien ya podemos ver, como en un esbozo avanzado, en qué consiste el "Dios proyectado" o "Dios engendrado".
En Jesús descubrimos no sólo lo que podemos ser nosotros, sino también al Autor del Proyecto. Descubrimos que "Dios es Amor que se derrama". Y de su Plenitud, nosotros vamos recibiendo vida y más vida, hasta la VIDA.
Mientras todavía somos "niños", el proyecto se adapta a nuestra pequeñez y nos llega en forma de Ley, pero de una Ley que mira hacia la VIDA. La VIDA, la Vida de verdad, no nos llega por la Ley sino por Jesucristo, "Dios engendrado", "Dios Hijo único del Padre".
El evangelio de hoy es un Himno a la Palabra. Aquí "palabra" significa aliento, viento, proyecto, espíritu, energía, fuerza, creatividad, eficacia … También podríamos llamarlo energía positiva, como gusta a mucha gente de hoy en día.
MENSAJE
Evidentemente, el mensaje es el mismo que se ha ido repitiendo durante toda la Navidad, expresado no tanto desde la vida cotidiana sino con un lenguaje de altos vuelos. (Por eso el evangelista Juan suele ser representado por un águila).
Estamos en una "Historia" que responde al "proyecto de Dios de compartir su vida con nosotros". Estamos invitados a incorporarnos, desde la libertad, a la "Familia divina".
RESPUESTA
También la respuesta puede ser la misma que nos pide el conjunto de las Fiestas de Navidad, y de todo el evangelio.
Podemos decir y podemos decir no. La invitación nos ofrece la oportunidad de decir . Es la respuesta de María: "Hágase en mí según tu palabra" (tus proyectos).
Decir sí, no significa decir sí a todo el envoltorio con el que hoy en día suele llegarnos la "invitación". Decir sí significa acoger con el corazón abierto el amor con que Dios nos ama.
PREGUNTAS para el diálogo.
  1. Hemos leído que "la Palabra se hizo Hombre". No dice que se hiciera ley, autoridad, sacerdote o maestro de religión. ¿Creéis que los discípulos de Jesús somos coherentes con "la encarnación de la Palabra"? ¿O nos mantenemos en "el Antiguo Testamento" cuando la "Palabra" aún no se había hecho "carne" sino que era "Ley", propuesta y enseñada por sacerdotes y doctores de la Ley?
  2. A veces se repite una frase atribuida al famoso científico Louis Pasteur: "Poca ciencia aparta de Dios; mucha, nos acerca". Qué os parece que significa? ¿Qué pensáis vosotros?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)