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jueves, 5 de marzo de 2015

Domingo III de Cuaresma . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Conocer".

DOMINGO III DE CUARESMA. CICLO B.


Palabras y palabrejas

“Conocer". 
26. "Conocer". (Pero Jesús no se confiaba, porque los conocía a todos ...).
Cuando se trata de conocer a la persona humana, hay que distinguir, como mínimo, dos niveles: un conocimiento superficial y un conocimiento profundo.
El conocimiento superficial se obtiene gracias a palabras que dice la persona o a su lenguaje corporal, o en sus reacciones espontáneas o en lo que otros dicen de ella ... Puede ser un conocimiento correcto, aunque no llegue a la dimensión más profunda de la persona. Es el conocimiento que solemos tener unos de otros, así como el conocimiento que tenemos de nosotros mismos.
El conocimiento profundo es otra cosa. Imaginemos un ordenador: es una máquina que pueden conocer bien usuarios e informáticos. Pero su maquinaria (hardware) funciona con unos programas (software) el tejido de los que sólo conocen bien los respectivos programadores. Una cosa es conocer cómo funciona un ordenador, y otra muy distinta es conocer el programa gracias al cual el ordenador funciona como funciona.
De forma similar, el ser humano actúa de acuerdo con un programa que sólo conoce bien su Programador. Sólo Dios conoce el corazón humano. Sólo Él sabe qué hay en el interior de cada hombre (1 Samuel 16: 7. 1 Reyes 8:39. Jeremías 17: 9).
Esta programación no excluye la libertad. Es cierto: para nosotros, ser libres y ser programados se excluyen entre sí. Por ello, dado que somos libres, ningún hombre conoce del todo a otro hombre; y ni siquiera a sí mismo. Cada ser humano es para sí mismo y para los demás un misterio.
En cambio, Dios conoce perfectamente la libertad humana porque forma parte de su programa humanizador. Un programa que se "activa" a partir de la respuesta generosa y libre de cada uno (como también ocurre un poco con los ordenadores actuales).
¿Sólo Dios conoce la profundidad del ser humano? El evangelio de hoy nos dice que Jesús no se confiaba porque los conocía a todos. Así, pues, también Jesús conoce a los humanos en profundidad.
Alguien pensará: esto es normal porque Jesús es Dios.
De acuerdo; pero esta respuesta queda corta y no expresa el completo significado del relato que hemos leído.
Jesús conoce a fondo el corazón humano porque él es la plenitud humana. Y es desde esta plenitud desde donde conoce lo que hay en el interior de cada hombre.
Y ocurre algo parecido en cada ser humano: la dosis de humanidad de cada uno ofrece la dosis de conocimiento de los demás. Dicho de otro modo: conocemos a los demás (y a nosotros mismos) en la medida en que amamos a la Humanidad y somos Humanidad.
Cambiando un poco la famosa frase de San Agustín, podríamos decir:
"Nos has hecho, Señor, para ser hermanos, y nuestro corazón resta ignorante mientras no vivimos en hermandad".
En el evangelio de Lucas se afirma esto mismo con un lenguaje diferente. El viejo Simeón habla de Jesús (del Hombre) como una señal de contradicción. Y dice: a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. Por escondidos que estén los sentimientos del corazón humano, ante el Hombre convertido en Seña quedan de manifiesto (se conocen). En definitiva: Se descubrirán sentimientos de humanidad o de inhumanidad (Lucas 02:34).
La afirmación de que hemos leído en el evangelio de hoy resulta muy sorprendente. Habla de los muchos que, viendo los milagros que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero Jesús no se confiaba. No confiaba porque se puede creer en Jesús como líder, mesías, maestro, milagrero, profeta, ... Estas formas de creer en Jesús son imperfectas y provisionales. Sólo quien cree en Jesús–hombre está en el camino correcto. Creer en Jesús es creer en el Hombre. O más exactamente: es creer en el Hombre creado y amado por Dios, a pesar de ser condenado por los Poderes de este mundo.
Los propios discípulos no creeran plenamente en Jesús hasta después de su resurrección, cuando él se les aparezca viviente, mostrándoles sus marcas de humanidad (sus llagas).
"Creer en Dios" nos hace religiosos. "Creer en el Hombre" nos hace humanos (que es como Dios nos ha “pensado").
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)