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miércoles, 29 de abril de 2015

Domingo V de Pascua. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “SARMIENTOS".

DOMINGO V DE PASCUA. CICLO B.



Palabras y palabrejas

“Sarmientos". 
37. Sarmientos. (… El sarmiento, si no permanece en la vid, no puede dar fruto)
Viñador, vid, cepa, sarmiento, vino, … Aquí tenemos un grupo de palabras relacionadas entre sí. He escogido "sarmiento" como palabra–clave porque es la palabra más repetida en el evangelio de hoy. También es la que más directamente nos afecta como discípulos de Jesús. "Yo soy la vid y vosotros los sarmientos".
En la literatura de Israel la vid es una realidad con un gran simbolismo. Este simbolismo le viene tanto del amor y atenciones con que el labrador cuida de las cepas como de los frutos exquisitos que estos dan, y muy especialmente el vino.
El vino es símbolo de las alegrías de la amistad. En la Biblia, el vino (o si quiere el espíritu o efectos del vino) es un símbolo del Espíritu Santo: el Espíritu de Dios creadorhumanizador.
En la venida del Espíritu Santo según el relato de Lucas, los presentes confunden los efectos del vino con los del Espíritu Santo. San Pedro les deberá aclarar la situación: "Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda …”  (Hechos 2: 15–17).
Hablar de los discípulos como sarmientos de la Cepa que es Jesús, el Hombre, es una invitación directa a dar frutos de Humanidad.
Somos constructores y fruto de la Humanidad, respondiendo a la magnífica vocación de Dios, el Viñador.
Las cepas se deben cuidar una por una. Cada una está pensada para dar fruto. No se tienen cepas para otras finalidades: ni para madera, ni para hacer sombra, ni por las hojas, … De las cepas se esperan uvas. Por eso hay que podarlas cada año. Esto permite a la cepa dar más fruto.
El mensaje de Jesús "limpia" los sarmientos. El crecimiento de la Humanidad no es siempre absolutamente limpio. La vida humana va avanzando entre muchos defectos; hay sarmientos que chupan mucha savia sin dar fruto. La poda a veces entristece; pero gracias a ella es posible el objetivo final: Construir Humanidad. Y una Humanidad plenamente alegre: "… digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, para que tengan mi alegría en plenitud" (Juan 17:13).
Queda clara la distinción entre viñador y cepas; pero ya cuesta más diferenciar entre cepa y sarmientos, porque los sarmientos forman la cepa. En las cepas viejas podemos distinguir entre cepa y sarmientos, pero cepa y sarmientos constituyen una misma y única cepa.
Esta profunda unidad entre cepas y sarmientos es la que pretende poner de relieve esta parábola. Jesús es la cepa y nosotros los sarmientos; pero no existiría la cepa sin los sarmientos, ni servirían para nada los sarmientos si no están unidos a la cepa. Cepa y sarmientos forman una única vida: la VIDA que cultiva amorosamente el Viñador. Hay muchas cepas y de muchos tipos para que el fruto sea abundante y generoso, y poder disfrutar de los diferentes y exquisitos placeres que ofrecen sus frutos.
Las palabras placer, alegría, fiesta, … son importantes cuando se habla de los frutos de la viña. La Vida (Viña) "diseñada" por Dios es para que se convierta en Celebración: la fiesta del compartir. El vino es peligroso cuando no es compartido, porque nos aliena y emborracha. En cambio, la celebración nos hermana.
Es cuando somos hermanos cuando nos convertimos en más humanos. Pero la hermandad no viene del vino sino de la voluntad de compartir. El borracho se vuelve agresivo, destructor y se destruye a sí mismo. Es lo contrario a la fiesta.
En las Bodas de Caná, la madre de Jesús hace notar que "no tienen vino". Jesús replica que "aún no ha llegado mi hora". Su hora es cuando, en el Calvario, entrega el Espíritu: el nuevo "vino" que hace posible una Nueva Alianza. En esta Nueva Alianza, Dios y la Humanidad viven conjuntamente la alegría del Compartir.
Jesús expone la parábola de la cepa y los sarmientos justo después de entregarse como alimento, caminando hacia Getsemaní y el Calvario donde será "podado". La poda, asumida por amor, ayuda a dar fruto. El evangelio de Juan sitúa tanto Getsemaní como el Calvario en un "huerto", potenciando así la idea del "fruto". Jesús, podado en el Calvario, dará todo su fruto: el Espíritu. "Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu” (Juan 19:30). Este "espíritu entregado" convertirá la (presunta) tumba en alcoba nupcial, inicio de la Nueva Humanidad (Juan 20: 5ss. Nótese el simbolismo de la sábana doblada).
Hablando de la Cepa y los sarmientos, los Evangelios pretenden insistir en la "intención" del Viñador: llamarnos a la alegría del compartir.
Tanto los sarmientos nuevos como los podados son válidos para la fiesta del compartir, de una forma similar a como en la mesa de la comunión, participan los que todavía sólo comen y los que ya son sobretodo alimento para los demás. Estos últimos son la esencia de la fiesta.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


martes, 21 de abril de 2015

Domingo IV de Pascua. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “PASTOR Y OVEJAS".

DOMINGO IV DE PASCUA. CICLO B.



Palabras y palabrejas

“PASTOR Y OVEJAS". 
36. "Pastor y ovejas". (El buen pastor da la vida por sus ovejas).
En muchas culturas la figura del pastor con las ovejas es muy cercana y cotidiana. También en la mayoría de las culturas la figura del pastor genera escritos literarios que se aplican a las relaciones entre dirigentes y Pueblo. Los dirigentes suelen ser llamados "pastores del Pueblo".
Un ejemplo de esta clase de literatura es la Biblia.
Pero en la Biblia aparecen también los Profetas. Y los profetas suelen ser especialmente duros con los "pastores" que se aprovechan del Pueblo abusando de su autoridad (Jeremías 23: 1ss. Ezequiel 34: 2SS). Dado que este abuso de los pastores era frecuente, los profetas anunciaban también un tiempo en el que habría por fin un "Buen Pastor" que regiría al Pueblo con justicia según los planes de Dios.
Los Evangelios, y sobre todo el evangelio de Juan, recogen este lenguaje, pero introduciendo importantes modificaciones. En el imaginario popular, un pastor tiene que preocuparse del bien de las ovejas y defenderlas de los lobos que intentan devorarlas; pero también vive de las ovejas: de su leche, de su lana y de su carne. Los pastores cuidan a las ovejas, pero para poder vivir de ellas. Y esto ocurre igualmente entre Dirigentes y Pueblo.
Y es aquí donde el evangelio de Juan introduce una gran novedad con palabras del mismo Jesús: "El Buen Pastor da su vida por las Ovejas". No sólo se preocupa de que encuentren buenos pastos sino que él mismo se convierte en alimento de las ovejas.
Inmediatamente hay que decir que si el Buen Pastor puede dar la vida por las ovejas es porque su vida no se agota entregándola. Al contrario: para el Buen Pastor "dar la vida" es su forma de vivir. Igualmente, la vida que las ovejas reciben del Buen Pastor es una vida que "vive" entregándose. El "rebaño" congregado por el Buen Pastor es muy especial: las ovejas no están destinadas a ser rentables para el pastor y terminar sacrificadas (en el templo) sino que son llamadas a vivir la libertad de la comunión, y a disfrutar de una vida que no se agota porque es compartida. En este "rebaño" cada oveja recibe vida y la entrega libremente y con generosidad.
Sorprende la dureza de las palabras que el Evangelio pone en boca de Jesús. Antes de decir que es el Buen Pastor, dice que él es la puerta de las ovejas, y que todos los que han ido al rebaño antes de él eran ladrones y bandoleros (Juan 10: 7). Parece evidente que aquí hay una referencia directa al rey–pastor por antonomasia: David. David era pastor; pero, una vez rey de Israel, hizo matar a uno de sus generales (de sus "ovejas") para apropiarse de su mujer (2 de Samuel, 11: 1ss). Aunque David hizo penitencia, este crimen quedó como muestra del destrozo causado por un "mal pastor".
Pero no sólo David. El evangelio de Juan en este punto es radical: Todos los que van al rebaño sin pasar por la puerta son ladrones y bandoleros. Jesús es la puerta. Es decir: El Hombre es la puerta. Todo aquel que va a los demás sin sentirse humano, es un bandolero. "Sentirse humano" significa dedicar y entregar la propia vida por las ovejas. Toda relación de autoridad que venga por el hecho de ser rey, o hijo del rey, o ganador de una guerra, o triunfador en unas elecciones, o patrón en un contrato de trabajo, o trabajador indispensable, o profesional insustituible ,. .. que no pase por la "puerta" de la Humanidad, es injusta y destructiva. Aunque sea pactada, si esta es "pactada" por necesidad. Dicho de otro modo: toda relación entre humanos que no sea fraternal, es inhumana (Mateo 5:22. 1ª de Juan 3:15).
El evangelio de Juan termina con un encuentro de Jesús con Pedro. Un encuentro realmente extraño: Jesús ya vive su vida entregada; Pedro es el discípulo "duro" (Pedro = Piedra), incapaz de aceptar que la vida pueda ser vida entregada. Él, en Getsemaní, intentó defender a Jesús, pero con la espada. En cambio, en casa de Caifás, le negó tres veces diciendo que "no conocía al Hombre". Pedro quiere ser discípulo de Jesús, pero sin pasar por la puerta. Al final Pedro cede y acepta "pasar por la puerta"; es decir: convertirse en alimento para las ovejas siguiendo el mandato de Jesús. "Apacienta mis ovejas". Ahora Jesús ya puede decirle: sígueme (Juan 21:19).
Sorprende mucho que precisamente esta escena de Jesús con Pedro haya servido para "defender" la autoridad del Papa en la Iglesia, dando a los dos verbos "apacentar" y "pastar" un contenido de autoridad que no sólo no tienen sino que excluyen . En el evangelio de Juan "pastar" no significa gobernar sino servir dando la vida. Y "ser oveja" no significa "obedecer" sino "recibir vida" haciendo también  de ella vida entregada.
Si en la Iglesia se quiere mantener el lenguaje de pastores y ovejas, es necesario que lo entendamos de forma en que todos seamos ovejas del Pastor primigenio (Jesús) que continúa entregándonos su vida, y todos seamos también pastores porque la vida que recibimos es vida de pastor.
La Pastoral, en la Iglesia, no debe tener forma vertical sino plenamente horizontal. El flujo vital de la Iglesia no circula de arriba abajo sino que, encarnado en cada humano que lo acoge, se esparce en forma de comunión generando comunidades (rebaños) que ayudan a construir Humanidad.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


viernes, 17 de abril de 2015

Domingo III de Pascua. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “ESCRITURAS".

DOMINGO III DE PASCUA. CICLO B.


Palabras y palabrejas

“Escrituras". 
35. "Escrituras". (... Para que comprendieran el sentido de las Escrituras).
Los Evangelios, de muchísimas y variadas formas, hacen referencia a las Escrituras: "Está escrito", "Tal como está escrito", "Esto sucedió para que se cumpliera lo que está escrito", ...
En el relato de Lucas de las "apariciones del Resucitado a los discípulos", Jesús se dedica sobre todo a abrirles el entendimiento para que comprendieran las Escrituras. Este es su primer gran regalo. El segundo y definitivo será el Espíritu Santo, que se lo hará entender todo (Juan 14:26).
¿De dónde salen, las Escrituras? ¿Por qué todo tiene que suceder según dicen las Escrituras? ¿Por qué Jesús, al parecer, está sometido a las Escrituras, como él mismo afirma: "... que tenía que cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (las Escrituras)?
La fe de Israel se basa en una convicción profunda: todo existe porque Dios ha decidido que exista. Al principio de todo hay una Palabra de Dios, un Proyecto divino. Así comienza la Biblia (Génesis 1: 1ss). Así comienza también el Evangelio de Juan.
Este Proyecto divino conduce al Hombre. Pero no a un Hombre "producto", fruto sólo de la acción creadora de Dios, sino a un Hombre imagen y semejanza de Dios. Por eso el Proyecto no puede ser un simple dicho y hecho, sino que toma forma de Historia.
Dios no ha creado un robot humano. Para ser imagen y semejanza de Dios, es imprescindible la libertad y la generosidad. El Hombre debe poder también autorrealizarse desde la propia libertad. Esto incluye que cada ser humano tenga la posibilidad real de rechazar la oferta de Dios.
De hecho, se darán muchas situaciones de rechazo. ¿Por qué? En la Humanidad sucede como en cada uno de los seres humanos. Para autoconstruir desde la propia libertad es necesario que, para empezar, se reciba sólo el mínimo indispensable, a fin de que el máximo dependa de nosotros. Es lo que conocemos como infancia. El niño, a pesar de ser hijo, no sabe aún ser hijo. Lo irá aprendiendo progresivamente, si quiere. La infancia se supera a través de muchos errores. Es la única manera de hacerse adulto y bueno desde la libertad.
Este es el motivo que hace que a menudo el Proyecto de Dios nos quede escondido. Pero no lo está para siempre ni para todos. El Proyecto posibilita el crecimiento real y efectivo. Y con el crecimiento llega, si se quiere, el descubrimiento del Proyecto.
En medio de una Humanidad que podríamos llamar infantil, ha habido siempre "profetas" que, de muchas y variadas formas, han captado y entendido que estamos dentro de un Proyecto de amor.
Así han nacido las Escrituras. Las Escrituras son el relato del Proyecto humanizador de Dios que, en cada momento y parcialmente, han ido construyendo los profetas, hablando o escribiendo. El Proyecto total se ha manifestado en Jesús de Nazaret.
Quizás alguien, algo escandalizado, preguntará: ¡¿Cómo es posible que la Pasión y Muerte de Jesús formaran parte del Proyecto de Dios?!
Hay que decir enseguida y muy claramente: ¡No! ¡No son parte de ningún Proyecto de Dios! Al contrario: el Proyecto de Dios es un proyecto de Vida, y de una Vida que participe en la Plenitud y Felicidad del propio Dios. El Proyecto de Dios es la Plenitud Humana.
Pero esta plenitud debe ser fruto también de la libertad y generosidad de los humanos; y no habría libertad sin la posibilidad de optar por la esclavitud y la mezquindad.
La Pasión y Muerte de Jesús, y la de cualquier otro ser humano, no proviene del Proyecto de Dios sino de la esclavitud y mezquindad humanas. Pero el Proyecto de Dios sigue adelante precisamente con la respuesta libre y generosa, también de los que sufren los efectos de la maldad. No es fácil ser generoso en un clima de tacañería. No es fácil ser libre en medio de los que "aceptan" la esclavitud. Pero este es el "servicio de amor" que se pide a los que "ven" y acogen el Proyecto humanizador de Dios. Porque el Proyecto Hombre no puede hacerse sin los humanos.
Esto es lo que nos quieren comunicar los Evangelios cuando ponen en boca de Jesús que él debía padecer y morir tal como estaba escrito. En Jesús se cumplen las Escrituras. En él se muestra a todo el mundo el Proyecto–Hombre. En Jesús, el amor de Dios deja de ser un simple Proyecto, y se nos manifiesta como realidad visible y experimentable. Todas las Escrituras nos orientan hacia Él.
Para quienes le ven, las Escrituras quedan comprendidas y cumplidas. Como en un puzzle bien acabado, la figura resultante es la prueba de que todo encaja, y se comprende la forma en que cada pieza liga con las demás. "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre" (Juan 14: 9ss).
Pero, atención!!! Cuando se nos ha sido mostrada la figura del Crucificado–Resucitado, quedarse encerrado en las Escrituras indicaría una actitud fundamentalista, como la de los Fariseos y los Sumos Sacerdotes del tiempo de Jesús. El fundamentalismo invierte el flujo de la Historia: no es humanizador sino deshumanizador. Ante Jesús, los fundamentalistas se convirtieron en homicidas. "Nosotros tenemos una ley (unas Escrituras) y, según esta Ley, este hombre debe morir" (Juan 19: 7 También 12:10). Es el antiproyecto! Es el "pecado contra el Espíritu Santo" (Mateo 12:32. Lucas 12:10.).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


Domingo II de Pascua. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “HERIDAS".

DOMINGO II DE PASCUA. CICLO B.



Palabras y palabrejas

“HERIDAS". 
34. "Heridas". (... meta mi dedo en las heridas ...).
Resulta sorprendente el protagonismo que, en el evangelio de Juan, toman las heridas producidas por la crucifixión, y sobre todo la herida del costado, abierta por la lanzada de un soldado. Lo primero que hace Jesús cuando se presenta resucitado a los discípulos –tras saludarles dándoles la paz– es mostrarles (las heridas de) las manos y el costado. El evangelista quiere que nos fijamos bien en estas heridas, y lo consigue con el incidente de Tomás. "... Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado…". Es una manera casi truculenta de centrar la atención en estas heridas y comprobar que siguen abiertas. Diríamos que estas heridas abiertas constituyen la identidad del Resucitado. "Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe", replica Jesús al incrédulo Tomás.
Las heridas de Jesús siguen abiertas. A través de ellas nos va entregando su sangre; es decir: su vida. Pero la vida no se agota entregándose porque Jesús (el Hombre) vive; y vive conectado a la fuente de toda vida: el Padre.
Las heridas abiertas reclaman que acojamos la vida que por ellas nos es continuamente entregada.
Los cuatro Evangelios coinciden en decirnos que Jesús fue crucificado con dos hombres más, uno a cada lado. La crucifixión de Jesús y sus heridas abiertas nos sitúan ante los ojos las infinitas crucifixiones y heridas que han existido, existen y existirán. "Un hombre muere en mí siempre que un hombre muere en algún lugar del mundo asesinado por el odio", dice una canción.
Las heridas del Hijo del Hombre siguen abiertas en cada ser humano atormentado, despreciado, vendido, asesinado, ... "Pon tu dedo aquí y mira mis manos" continúa diciéndonos el Resucitado por boca de todas y cada una de las víctimas que sufren injusticia. No hay fe en el Resucitado sin solidaridad con los crucificados. Ahora podemos entender por qué el evangelio de Juan pone tanto énfasis en que "Tomás" significa "gemelo". Cada uno de nosotros es un gemelo suyo(Juan 20:24).
Si nos quedamos en una comprensión puramente individual de la Pasión de Jesús, corremos el peligro de que el lenguaje de las heridas se convierta en un obstáculo para creer realmente en la Resurrección. Entender las heridas de Jesús como algo sólo de él, nos llevaría a entender su resurrección como una simple "reanimación" de su cadáver. Como si su cuerpo hubiera recuperado la sangre derramada, o hubiera reanudado la vida entregada. En este caso, nos perderíamos por completo el significado de su resurrección.
La resurrección de Jesús no es un paso atrás. Incluye su muerte como "vida del todo entregada". Más aún: la resurrección es la vivencia de la vida entregada. Es lo que pretende significar el lenguaje "duro" de las heridas abiertas.
Estas heridas, para cada uno de los creyentes, son absolutamente reales no en el cadáver reanimado de Jesús sino en las heridas reales de tantos hermanos torturados. Las palabras de Jesús a Tomás se podríamos traducir así: "Tú has creído porque has visto. Bienaventurados los que verán porque han creído". La fe permite ver en cada atormentado las heridas del Resucitado, y responder con solidaridad. Es lo mismo que dice el evangelio de Mateo en la famosa escena del Juicio Final: "Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí" (Mateo 25:45) .
La fe en la resurrección no es creer en la reanimación de los cadáveres sino creer que una vida entregada no es una vida perdida sino la auténtica y definitiva VIDA a la que estamos invitados los humanos, en comunión entre nosotros y en Dios. Por eso no todo el mundo puede "ver" al Resucitado sino sólo "aquellos que han comido y bebido con él después de resucitar" (Hechos 10:41). Es decir: "ven" la resurrección sólo quienes son solidarios con los crucificados con quienes se encuentran.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


Domingo de Pascua de Resurrección. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “MARÍA".

Pascua de Resurrección. CICLO B.


Palabras y palabrejas

“MARIA". 
33. "María". (Le dice Jesús: María!).
El nombre "María" era frecuente en tiempos de Jesús. Pero, cuando los Evangelios utilizan este nombre, le dan un significado muy profundo. En realidad, en los Evangelios, el nombre "Maria" sustituye a "Eva", de un modo similar a como "Jesús" sustituye a "Adán". "Jesús y María" serían los nuevos "Adán y Eva", ahora sin el pecado. Nuevos, no porque invaliden o prescindan de nuestros Primeros Padres, sino porque llevan la vida humana a su Plenitud superando el pecado de los inicios. Esto no se opone a que, a menudo, tanto los nombres "Adán" y “Jesús", como los de "Eva" y "María" signifiquen también toda la Humanidad, constituida de hombres y mujeres (Génesis 1:27 ).
María, con su significado de nueva Eva, es uno personaje desdoblado. Los evangelios nos presentan dos Marías: María, la madre de Jesús, y María Magdalena. No son dos Marías independientes entre sí, sino que señalan una secuencia: María madre de Jesús encarna toda la fuerza generadora de Humanidad hasta Jesús. María Magdalena representa la nueva Humanidad, fiel a Jesús, fiel al proyecto de Dios hasta la Plenitud total (Carta a los Efesios 1: 9ss. 4: 10ss. También Carta a los Colosenses 1: 15ss).
Este simbolismo profundo se explicita sobre todo en el Evangelio de Juan. Este Evangelio sitúa el comienzo de la misión de Jesús con el famoso relato de las Bodas de Caná de Galilea, que son la escenificación de la Alianza de Dios con Israel, expresada en lenguaje matrimonial: Dios es el Esposo; Israel es la Esposa elegida y querida. En la escenificación que construye el Evangelio de Juan, María, la madre Jesús, personifica a la Esposa. Por eso Jesús le llama "mujer", y no "madre '. Como esposa atenta, comunica a su Hijo que, en aquellas bodas, “carecen de vino". En realidad, no es que "no tengan vino" sino que María ya conoce el "vino" que ofrece su hijo, en comparación con el cual ningún otro vino merece esta denominación. La respuesta de Jesús es que esa alianza no es la suya, y que, para la suya, "aún no ha llegado la hora" (Juan 2: 1ss)
La hora de Jesús es el Calvario. Este es el gran momento; la hora en que el Hijo del Hombre, elevado, atraerá a todos hacia Él (Juan 19: 18ss). El evangelista da una gran solemnidad a este momento. En el evangelio de Juan, vuelve a estar presente María. Pero no está sola: hay otra María, de la que, sorprendentemente, se afirma que es "hermana de su madre '.
(Aquí sigo la interpretación, basada en el contexto, que hacen algunos estudiosos de esta escena. En concreto me he basado en el comentario de Juan Mateos al Evangelio de Juan).
Al pie de la Cruz se encuentran dos Marías: la madre de Jesús (llamada de Cleofás) y María (llamada Magdalena).
Si a María–madre ya la hemos encontrado al comienzo de la misión de Jesús (Bodas de Caná), a María Magdalena la reencontraremos al comienzo de la Nueva Vida (Resurrección), en el "Jardín" donde, como esposa fiel, busca y encuentra al Resucitado, constituido en Jefe de la Nueva Humanidad.
En el primer Jardín, Adán dio a la esposa el nombre de "Eva". En el Jardín reencontrado, Jesús dice el nombre a la Magdalena: "Maria". Ella representa a la humanidad fiel y "hermanada", nacida del costado abierto del Crucificado (Juan 19:34) como Eva (en el mito de los Orígenes) fue sacada del costado abierto de Adán (Génesis 02:21).
Al pie de la Cruz ambas María son denominadas "hermanas", expresión que en el evangelio de Juan, identifica a los que acogen al "Hijo del Hombre". Al hablar de las personas que están al pie de la Cruz sólo son nombradas las dos Marías, hermanas (Juan 19:25). Con todo, después se dice que Jesús, "Cuando Jesús vio a su madre, y a su lado al discípulo a quien él amaba, dijo a su madre: mujer, ahí tienes a tu hijo”. El lenguaje está construido de tal manera que sugiere la identificación del "discípulo a quien Jesús amaba” con María Magdalena, aunque en versión masculina por el rol que se le asigna. En conjunto, con las ambivalencias buscados, la escena del Calvario expresa toda la riqueza del mensaje y buena noticia contenidos en el Cuarto Evangelio. La Cruz de Jesús aparece como el centro de la Historia humana, reencontrando el Paraíso perdido por el pecado, con el mítico Árbol de la Vida, que ahora tiene forma de Cruz.
Maria–madre y Maria–esposa representan una única y misma Humanidad, antes de Jesús y con Jesús: el Primogénito. En él, la Humanidad estrena plenitud. A partir de él, todos los humanos estamos invitados a participar hasta la Plenitud total.
Desde el punto de vista de los Evangelios, la Historia humana no se divide en antes de Cristo y después de Cristo sino en Preparación del Hombre y Plenitud del Hombre, inaugurada en Jesús, el Primogénito (Lucas 2: 7), que va continuando. Cada ser humano comienza en la infancia humana, pero está llamado a su plenitud colaborando y participando de la Plenitud de la humanidad.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


jueves, 2 de abril de 2015

Tridium Pascual. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “MANTO","TÚNICA",RESUCITAR".

DOMINGO DE RAMOS. CICLO B.


Palabras y palabrejas

(ver Proyecto de Homilía A y B)
JUEVES SANTO
“MANTO". 
30. "Manto". (… Se quitó el manto y se ciñó una toalla …).
El manto es una prenda cargada de significado social según la ocasión. En una sociedad de clases, el manto es propio de las clases superiores. Pero también, en ocasiones, puede significar la simple capa de un pobre que no tiene nada más para protegerse del frío y del mal tiempo. En sociedades igualitarias, el manto es usado sólo con carácter ritual o de protocolo.
En tiempos de Jesús, el manto era un signo de dignidad y de superioridad social. Seguramente Jesús, que pertenecía a la clase humilde, no llevó nunca manto. Pero los Evangelios hablan de Jesús tal como era "visto" por los discípulos. Los discípulos vemos en Jesús al hombre plenamente realizado. Para ellos, Jesús personifica toda la dignidad y grandeza que Dios tiene preparada para los Humanos, creados a su imagen y semejanza (Génesis 1:27). Es por ello que, visto desde la fe, Jesús viste el más auténtico de los mantos. Jesús está revestido de humanidad de tal modo que "Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia" (Juan 1:16).
El Jesús de los Evangelios es un hombre tan lleno de vida y dignidad, que contagia salud y salvación a todo aquel que consigue tocarle, aunque sea sólo el borde de su manto (Mateo 9:21; 14: 36; …). El manto abriga a un Jesús que derrama humanidad.
El evangelio de Juan expone tres momentos en que el manto de Jesús adquiere una gran significación:
Durante la Cena de despedida. "sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó (Juan 13: 3-4). Toalla (que significa servicio amoroso) y manto se intercambian. Dignidad y Servicio son las dos caras de una misma actitud. Plenamente consciente de su dignidad (viene de Dios y a Dios vuelve), Jesús se pone a servir.
Durante la burla de su realeza. "Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura" (Juan 19: 2). (El manto de púrpura era propio de reyes y generales victoriosos). Es un manto real. Pilatos le presenta al Pueblo. La presentación es doble, siempre con el manto real puesto: "He aquí el hombre" (Juan 19: 5). Más tarde: "He aquí vuestro Rey" (Juan 19:14). Jesús es rey no sobre los demás sino con todos los que aceptan ser humanos. Como rey, lleva manto real.
3º. Después de la crucifixión. "Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado” (Juan 19:23). Del manto real de Jesús hicieron cuatro partes. Esta acción tiene un doble significado: por una parte, la crucifixión de Jesús "rey de los Judíos" (como dice el letrero puesto en la Cruz) significa la superación del "reino de los Judíos" (En sentido bíblico). Ellos mismos lo han decidido ante Pilatos: "No tenemos más rey que César" (Juan 19:15). El manto de su "rey" ha sido repartido. Ya no hay ni rey ni reino "de los Judíos". Por otra parte, este manto no es abandonado sino repartido, como una herencia, a los soldados romanos. El manto ha sido dividido en cuatro partes: alusión a los cuatro puntos cardinales que engloban toda la Humanidad. Estos "cuatro soldados" que se apropian de una parte del manto representan al resto de la Humanidad. El reino de los Judíos da lugar al Reino universal, al que serán también invitados los Judíos. El gesto de los soldados recogiendo el manto de Jesús evoca la acción de Eliseo recogiendo el manto del profeta Elías. Con el manto, Eliseo recibió todo el Espíritu profético de Elías, y se convirtió en su heredero (2 Reyes 2:13).
Hay que notar que, en el primer y tercer caso, la palabra griega "Himat" traducida por "manto" tiene forma plural. Esto sugiere que la realeza de Jesús ofrecida a todos los humanos no debe entenderse como una realeza dividida sino compartida. Debido a este plural, hay versiones que traducen esta palabra por "vestidos". De hecho, en los evangelios sinópticos, esta acción "cumple" la profecía del Salmo 22:19 "Se repartieron mis vestidos y se hicieron a la suerte mi túnica". Pero la distinción introducida en el Evangelio de Juan contraponiendo la partición de "Himat" y la no partición de la túnica, pide una traducción como la del misal. Así queda más claro el simbolismo de cada acción. (> Túnica).
[En los Evangelios sinópticos, este simbolismo del manto repartido es sustituido por la gran cortina que cerraba el Santuario, donde sólo podía entrar el sumo sacerdote judío. La cortina se rasga de arriba abajo, dejando abierta para todos la entrada del Santuario (Mateo 27:51. Marcos 15:38. Lucas 23:45)].
VIERNES SANTO
“TÚNICA". 
31. "Túnica". (Quedaba la túnica, que era sin costura …).
El evangelio de Juan, en el relato de la Crucifixión, hace especial atención, contraponiéndolos, el manto y la túnica de Jesús (Juan 19:23). En relación al manto se dice que los soldados se lo repartieron haciendo cuatro partes. En cambio, en relación a la túnica, se dice que la sortearon entera, sin dividirla porque era de una sola pieza, tejida toda desde arriba. Es evidente que, en este relato, tanto el manto como la túnica tienen un simbolismo que se quiere poner de manifiesto.
Si el manto (> manto) representa la identidad social de Jesús (su realeza), la túnica representa su identidad personal: lo que constituye la esencia de su persona. De la túnica se destaca que era tejida toda ella desde arriba. También la persona de Jesús es nacida (tejida) desde arriba, como había dicho Jesús a Nicodemo (Juan 03:13. También 03:31). Aunque con un lenguaje diferente, esto mismo es lo que afirma el Evangelio de Lucas cuando el ángel dice a María: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).
Esta identidad personal de Jesús, representada por la túnica, será "sorteada" para ver de quién será. El relato no dice a quien correspondió porque, en su significado simbólico, esta túnica "toca" a todos aquellos que "se revisten de Cristo", como dirá San Pablo (Romanos 13:14). Hay que nacer de arriba, había dicho Jesús a Nicodemo (Juan 3: 3–7). Ahora Jesús, ya "elevado" en la Cruz, no necesita la túnica, y la deja para todos aquellos que participen en el sorteo.
"Desnudez".
Aquí el evangelio de Juan sugiere un nuevo simbolismo. Sin la túnica, Jesús queda desnudo. Esta desnudez es muy significativa.
En todo el relato de la Pasión, el cuarto Evangelio ha ido señalando referencias explícitas al mito de Adán y Eva en el Jardín Terrenal los inicios de la Humanidad. El relato quiere presentar a Jesús como el Nuevo Adán, con una nueva Eva, recuperando el Jardín (Huerto) perdido.
Al comienzo del relato de la Pasión, se habla del huerto (jardín) de Getsemaní. Todo comienza con los soldados que van buscar al Nazareno (rebrote) al "huerto" (Juan 18:14). Y termina con José de Arimatea y Nicodemo que enterrarán este rebrote en un huerto que había donde crucificaron a Jesús (Juan 19: 38–41).
Como Adán en el Jardín terrenal (Génesis 2: 18–20), Jesús está solo elevado en la Cruz. A Adán, Dios le durmió para sacarle una costilla y hacer a la mujer (lenguaje cargado de gran simbolismo). "Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!", Exclama Adán. Jesús muere (dormido) en la Cruz, un soldado hace salir de su costado sangre y agua (símbolo de la Iglesia, la Nueva Humanidad). Cuando se despierte se encontrará, en el huerto, con María Magdalena, que personifica la nueva Eva (Juan 20: 14–17). (> María).
En el Jardín de los inicios, Adán y Eva pecaron, y el pecado les hizo "descubrir" que iban desnudos, y se avergonzaron. Jesús en la Cruz, recupera la situación de Adán antes del pecado. El encuentro amorosa del nuevo Adán con la nueva Eva no es un Final sino la corrección de un Inicio viciado. "Jesús le dice (a María Magdalena):« No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios» (Juan 20:17).
Jesús, el nuevo Adán, no anula al primer Adán sino que le completa, como la adultez no anula la niñez sino que la supera.
Todo humano comienza desnudo, pero pierde su inocencia por la necesidad de afirmarse frente a los demás, y se "viste" con una identidad prestada. Pero está llamado a recuperar su identidad más propia ("desnudez"), cambiando la Confrontación con los demás por la Comunión con todos.
SÁBADO SANTO
“RESUCITAR". 
32. "Resucitar". (Ha resucitado, no está aquí).
Tenemos un problema de imaginación cuando usamos la palabra "resurrección". Solemos imaginar la resurrección por contraste con la muerte. Imaginamos que resucitar significa salir de la muerte para regresar a la vida.
Entendemos la muerte como lo contrario de la vida, y la resurrección como lo contrario de la muerte. De esta manera, la imaginación nos es un obstáculo para entender el significado de los Evangelios cuando nos hablan de resurrección.
En parte, los Evangelios se acomodan a nuestra manera habitual de imaginar la resurrección, pero también la desbordan yendo mucho más allá. Es cierto que también ellos relacionan la resurrección con la muerte, pero después de ofrecernos una visión cambiada de la muerte. Para los Evangelios, la muerte no es necesariamente lo contrario de la vida; ni la resurrección es lo contrario de la muerte. "Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mía, la hallará." (Mateo 16,25). Los Evangelios nos dicen que nuestra muerte puede ser como la "muerte" de una semilla sembrada. Esta "muerte" es el paso a una nueva vida exuberante.
En el lenguaje evangélico, la muerte puede no quedarse en un simple colapso biológico, sino que puede poner de manifiesto la totalidad de la donación de nuestra propia vida. El amor tiene la magnífica capacidad de hacer que nuestra, aparentemente, vida perdida sea, en realidad, una manifestación de vida entregada.
Y aquí es donde nos hacemos la gran pregunta, y los evangelios nos dan la gran respuesta. La pregunta es: ¿Nuestra vida entregada es recibida por alguien?
La respuesta de los Evangelios es clara y contundente: Toda vida entregada por amor es recibida por las manos vivificadoras de Dios. Y eso es lo que nos quieren decir con la palabra resurrección.
Esta interacción entre nuestra vida entregada y la acogida de Dios nos viene visualizada en la persona de Jesús. "Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.” (Lucas 23,46). Es sorprendente el diálogo que el evangelista Lucas sitúa entre Jesús y uno de los Ladrones crucificados con él: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23,42-43).
Pero los Evangelios expresan toda la experiencia humana frente a la muerte. Y es cierto que, a menudo, esta experiencia está rodeada de oscuridad. Si el evangelio de Lucas nos manifiesta la absoluta confianza de Jesús en el Padre, los evangelios de Mateo y Marcos expresan más directamente el sentimiento trágico de sentirse abandonado. Una experiencia para la que Jesús, cien por ciento humano, también pasó. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Marcos 15:34).
Ambos sentimientos pertenecen a la experiencia humana: el sentimiento de ser acogido y el sentimiento de ser abandonado. Ambos sentimientos forman parte de la experiencia de Jesús: el Hombre. Pero los cuatro Evangelios atestiguan que la vida entregada de Jesús es acogida por el Padre; y la resurrección es la prueba más clara y decisiva.
La acogida del Padre se hace también visible en la acogida que  le hace la Nueva Humanidad, representada por "las mujeres", y sobre todo por María Magdalena.
La Nueva Humanidad, nacida de los vínculos de comunión fraternal ("iglesia") visibiliza la resurrección, entendida como vivencia de una vida entregada y recibida. Con la resurrección se completa el círculo de la Vida (que queda siempre abierto a quien quiera entrar): "Jesús, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, …” (Juan 13: 3).
La fe en la Resurrección nos lleva a superar la idea de una vida meramente individual. No hay vida si no es en forma compartida. La que puedo considerar "mi vida" no empieza ni termina en mí, porque ya existía antes que yo, y continúa después de mí. Si mi aportación es correcta, soy invitado a participar del éxito creciente de la VIDA. Si no, "A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas !!ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.” (Mateo 26,24). No es una amenaza sino una constatación: o existimos en la Humanidad, o no existimos.
La Comunidad es la manifestación (sacramento, en lenguaje tradicional) de la Resurrección.
Pero esto también nos enseña otra cosa: las relaciones de dominio son el sacramento de la vida frustrada

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)