Traductor

viernes, 17 de abril de 2015

Domingo de Pascua de Resurrección. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “MARÍA".

Pascua de Resurrección. CICLO B.


Palabras y palabrejas

“MARIA". 
33. "María". (Le dice Jesús: María!).
El nombre "María" era frecuente en tiempos de Jesús. Pero, cuando los Evangelios utilizan este nombre, le dan un significado muy profundo. En realidad, en los Evangelios, el nombre "Maria" sustituye a "Eva", de un modo similar a como "Jesús" sustituye a "Adán". "Jesús y María" serían los nuevos "Adán y Eva", ahora sin el pecado. Nuevos, no porque invaliden o prescindan de nuestros Primeros Padres, sino porque llevan la vida humana a su Plenitud superando el pecado de los inicios. Esto no se opone a que, a menudo, tanto los nombres "Adán" y “Jesús", como los de "Eva" y "María" signifiquen también toda la Humanidad, constituida de hombres y mujeres (Génesis 1:27 ).
María, con su significado de nueva Eva, es uno personaje desdoblado. Los evangelios nos presentan dos Marías: María, la madre de Jesús, y María Magdalena. No son dos Marías independientes entre sí, sino que señalan una secuencia: María madre de Jesús encarna toda la fuerza generadora de Humanidad hasta Jesús. María Magdalena representa la nueva Humanidad, fiel a Jesús, fiel al proyecto de Dios hasta la Plenitud total (Carta a los Efesios 1: 9ss. 4: 10ss. También Carta a los Colosenses 1: 15ss).
Este simbolismo profundo se explicita sobre todo en el Evangelio de Juan. Este Evangelio sitúa el comienzo de la misión de Jesús con el famoso relato de las Bodas de Caná de Galilea, que son la escenificación de la Alianza de Dios con Israel, expresada en lenguaje matrimonial: Dios es el Esposo; Israel es la Esposa elegida y querida. En la escenificación que construye el Evangelio de Juan, María, la madre Jesús, personifica a la Esposa. Por eso Jesús le llama "mujer", y no "madre '. Como esposa atenta, comunica a su Hijo que, en aquellas bodas, “carecen de vino". En realidad, no es que "no tengan vino" sino que María ya conoce el "vino" que ofrece su hijo, en comparación con el cual ningún otro vino merece esta denominación. La respuesta de Jesús es que esa alianza no es la suya, y que, para la suya, "aún no ha llegado la hora" (Juan 2: 1ss)
La hora de Jesús es el Calvario. Este es el gran momento; la hora en que el Hijo del Hombre, elevado, atraerá a todos hacia Él (Juan 19: 18ss). El evangelista da una gran solemnidad a este momento. En el evangelio de Juan, vuelve a estar presente María. Pero no está sola: hay otra María, de la que, sorprendentemente, se afirma que es "hermana de su madre '.
(Aquí sigo la interpretación, basada en el contexto, que hacen algunos estudiosos de esta escena. En concreto me he basado en el comentario de Juan Mateos al Evangelio de Juan).
Al pie de la Cruz se encuentran dos Marías: la madre de Jesús (llamada de Cleofás) y María (llamada Magdalena).
Si a María–madre ya la hemos encontrado al comienzo de la misión de Jesús (Bodas de Caná), a María Magdalena la reencontraremos al comienzo de la Nueva Vida (Resurrección), en el "Jardín" donde, como esposa fiel, busca y encuentra al Resucitado, constituido en Jefe de la Nueva Humanidad.
En el primer Jardín, Adán dio a la esposa el nombre de "Eva". En el Jardín reencontrado, Jesús dice el nombre a la Magdalena: "Maria". Ella representa a la humanidad fiel y "hermanada", nacida del costado abierto del Crucificado (Juan 19:34) como Eva (en el mito de los Orígenes) fue sacada del costado abierto de Adán (Génesis 02:21).
Al pie de la Cruz ambas María son denominadas "hermanas", expresión que en el evangelio de Juan, identifica a los que acogen al "Hijo del Hombre". Al hablar de las personas que están al pie de la Cruz sólo son nombradas las dos Marías, hermanas (Juan 19:25). Con todo, después se dice que Jesús, "Cuando Jesús vio a su madre, y a su lado al discípulo a quien él amaba, dijo a su madre: mujer, ahí tienes a tu hijo”. El lenguaje está construido de tal manera que sugiere la identificación del "discípulo a quien Jesús amaba” con María Magdalena, aunque en versión masculina por el rol que se le asigna. En conjunto, con las ambivalencias buscados, la escena del Calvario expresa toda la riqueza del mensaje y buena noticia contenidos en el Cuarto Evangelio. La Cruz de Jesús aparece como el centro de la Historia humana, reencontrando el Paraíso perdido por el pecado, con el mítico Árbol de la Vida, que ahora tiene forma de Cruz.
Maria–madre y Maria–esposa representan una única y misma Humanidad, antes de Jesús y con Jesús: el Primogénito. En él, la Humanidad estrena plenitud. A partir de él, todos los humanos estamos invitados a participar hasta la Plenitud total.
Desde el punto de vista de los Evangelios, la Historia humana no se divide en antes de Cristo y después de Cristo sino en Preparación del Hombre y Plenitud del Hombre, inaugurada en Jesús, el Primogénito (Lucas 2: 7), que va continuando. Cada ser humano comienza en la infancia humana, pero está llamado a su plenitud colaborando y participando de la Plenitud de la humanidad.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)