Traductor

viernes, 17 de abril de 2015

Domingo II de Pascua. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “HERIDAS".

DOMINGO II DE PASCUA. CICLO B.



Palabras y palabrejas

“HERIDAS". 
34. "Heridas". (... meta mi dedo en las heridas ...).
Resulta sorprendente el protagonismo que, en el evangelio de Juan, toman las heridas producidas por la crucifixión, y sobre todo la herida del costado, abierta por la lanzada de un soldado. Lo primero que hace Jesús cuando se presenta resucitado a los discípulos –tras saludarles dándoles la paz– es mostrarles (las heridas de) las manos y el costado. El evangelista quiere que nos fijamos bien en estas heridas, y lo consigue con el incidente de Tomás. "... Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado…". Es una manera casi truculenta de centrar la atención en estas heridas y comprobar que siguen abiertas. Diríamos que estas heridas abiertas constituyen la identidad del Resucitado. "Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe", replica Jesús al incrédulo Tomás.
Las heridas de Jesús siguen abiertas. A través de ellas nos va entregando su sangre; es decir: su vida. Pero la vida no se agota entregándose porque Jesús (el Hombre) vive; y vive conectado a la fuente de toda vida: el Padre.
Las heridas abiertas reclaman que acojamos la vida que por ellas nos es continuamente entregada.
Los cuatro Evangelios coinciden en decirnos que Jesús fue crucificado con dos hombres más, uno a cada lado. La crucifixión de Jesús y sus heridas abiertas nos sitúan ante los ojos las infinitas crucifixiones y heridas que han existido, existen y existirán. "Un hombre muere en mí siempre que un hombre muere en algún lugar del mundo asesinado por el odio", dice una canción.
Las heridas del Hijo del Hombre siguen abiertas en cada ser humano atormentado, despreciado, vendido, asesinado, ... "Pon tu dedo aquí y mira mis manos" continúa diciéndonos el Resucitado por boca de todas y cada una de las víctimas que sufren injusticia. No hay fe en el Resucitado sin solidaridad con los crucificados. Ahora podemos entender por qué el evangelio de Juan pone tanto énfasis en que "Tomás" significa "gemelo". Cada uno de nosotros es un gemelo suyo(Juan 20:24).
Si nos quedamos en una comprensión puramente individual de la Pasión de Jesús, corremos el peligro de que el lenguaje de las heridas se convierta en un obstáculo para creer realmente en la Resurrección. Entender las heridas de Jesús como algo sólo de él, nos llevaría a entender su resurrección como una simple "reanimación" de su cadáver. Como si su cuerpo hubiera recuperado la sangre derramada, o hubiera reanudado la vida entregada. En este caso, nos perderíamos por completo el significado de su resurrección.
La resurrección de Jesús no es un paso atrás. Incluye su muerte como "vida del todo entregada". Más aún: la resurrección es la vivencia de la vida entregada. Es lo que pretende significar el lenguaje "duro" de las heridas abiertas.
Estas heridas, para cada uno de los creyentes, son absolutamente reales no en el cadáver reanimado de Jesús sino en las heridas reales de tantos hermanos torturados. Las palabras de Jesús a Tomás se podríamos traducir así: "Tú has creído porque has visto. Bienaventurados los que verán porque han creído". La fe permite ver en cada atormentado las heridas del Resucitado, y responder con solidaridad. Es lo mismo que dice el evangelio de Mateo en la famosa escena del Juicio Final: "Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí" (Mateo 25:45) .
La fe en la resurrección no es creer en la reanimación de los cadáveres sino creer que una vida entregada no es una vida perdida sino la auténtica y definitiva VIDA a la que estamos invitados los humanos, en comunión entre nosotros y en Dios. Por eso no todo el mundo puede "ver" al Resucitado sino sólo "aquellos que han comido y bebido con él después de resucitar" (Hechos 10:41). Es decir: "ven" la resurrección sólo quienes son solidarios con los crucificados con quienes se encuentran.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)