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jueves, 2 de abril de 2015

Tridium Pascual. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “MANTO","TÚNICA",RESUCITAR".

DOMINGO DE RAMOS. CICLO B.


Palabras y palabrejas

(ver Proyecto de Homilía A y B)
JUEVES SANTO
“MANTO". 
30. "Manto". (… Se quitó el manto y se ciñó una toalla …).
El manto es una prenda cargada de significado social según la ocasión. En una sociedad de clases, el manto es propio de las clases superiores. Pero también, en ocasiones, puede significar la simple capa de un pobre que no tiene nada más para protegerse del frío y del mal tiempo. En sociedades igualitarias, el manto es usado sólo con carácter ritual o de protocolo.
En tiempos de Jesús, el manto era un signo de dignidad y de superioridad social. Seguramente Jesús, que pertenecía a la clase humilde, no llevó nunca manto. Pero los Evangelios hablan de Jesús tal como era "visto" por los discípulos. Los discípulos vemos en Jesús al hombre plenamente realizado. Para ellos, Jesús personifica toda la dignidad y grandeza que Dios tiene preparada para los Humanos, creados a su imagen y semejanza (Génesis 1:27). Es por ello que, visto desde la fe, Jesús viste el más auténtico de los mantos. Jesús está revestido de humanidad de tal modo que "Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia" (Juan 1:16).
El Jesús de los Evangelios es un hombre tan lleno de vida y dignidad, que contagia salud y salvación a todo aquel que consigue tocarle, aunque sea sólo el borde de su manto (Mateo 9:21; 14: 36; …). El manto abriga a un Jesús que derrama humanidad.
El evangelio de Juan expone tres momentos en que el manto de Jesús adquiere una gran significación:
Durante la Cena de despedida. "sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó (Juan 13: 3-4). Toalla (que significa servicio amoroso) y manto se intercambian. Dignidad y Servicio son las dos caras de una misma actitud. Plenamente consciente de su dignidad (viene de Dios y a Dios vuelve), Jesús se pone a servir.
Durante la burla de su realeza. "Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura" (Juan 19: 2). (El manto de púrpura era propio de reyes y generales victoriosos). Es un manto real. Pilatos le presenta al Pueblo. La presentación es doble, siempre con el manto real puesto: "He aquí el hombre" (Juan 19: 5). Más tarde: "He aquí vuestro Rey" (Juan 19:14). Jesús es rey no sobre los demás sino con todos los que aceptan ser humanos. Como rey, lleva manto real.
3º. Después de la crucifixión. "Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado” (Juan 19:23). Del manto real de Jesús hicieron cuatro partes. Esta acción tiene un doble significado: por una parte, la crucifixión de Jesús "rey de los Judíos" (como dice el letrero puesto en la Cruz) significa la superación del "reino de los Judíos" (En sentido bíblico). Ellos mismos lo han decidido ante Pilatos: "No tenemos más rey que César" (Juan 19:15). El manto de su "rey" ha sido repartido. Ya no hay ni rey ni reino "de los Judíos". Por otra parte, este manto no es abandonado sino repartido, como una herencia, a los soldados romanos. El manto ha sido dividido en cuatro partes: alusión a los cuatro puntos cardinales que engloban toda la Humanidad. Estos "cuatro soldados" que se apropian de una parte del manto representan al resto de la Humanidad. El reino de los Judíos da lugar al Reino universal, al que serán también invitados los Judíos. El gesto de los soldados recogiendo el manto de Jesús evoca la acción de Eliseo recogiendo el manto del profeta Elías. Con el manto, Eliseo recibió todo el Espíritu profético de Elías, y se convirtió en su heredero (2 Reyes 2:13).
Hay que notar que, en el primer y tercer caso, la palabra griega "Himat" traducida por "manto" tiene forma plural. Esto sugiere que la realeza de Jesús ofrecida a todos los humanos no debe entenderse como una realeza dividida sino compartida. Debido a este plural, hay versiones que traducen esta palabra por "vestidos". De hecho, en los evangelios sinópticos, esta acción "cumple" la profecía del Salmo 22:19 "Se repartieron mis vestidos y se hicieron a la suerte mi túnica". Pero la distinción introducida en el Evangelio de Juan contraponiendo la partición de "Himat" y la no partición de la túnica, pide una traducción como la del misal. Así queda más claro el simbolismo de cada acción. (> Túnica).
[En los Evangelios sinópticos, este simbolismo del manto repartido es sustituido por la gran cortina que cerraba el Santuario, donde sólo podía entrar el sumo sacerdote judío. La cortina se rasga de arriba abajo, dejando abierta para todos la entrada del Santuario (Mateo 27:51. Marcos 15:38. Lucas 23:45)].
VIERNES SANTO
“TÚNICA". 
31. "Túnica". (Quedaba la túnica, que era sin costura …).
El evangelio de Juan, en el relato de la Crucifixión, hace especial atención, contraponiéndolos, el manto y la túnica de Jesús (Juan 19:23). En relación al manto se dice que los soldados se lo repartieron haciendo cuatro partes. En cambio, en relación a la túnica, se dice que la sortearon entera, sin dividirla porque era de una sola pieza, tejida toda desde arriba. Es evidente que, en este relato, tanto el manto como la túnica tienen un simbolismo que se quiere poner de manifiesto.
Si el manto (> manto) representa la identidad social de Jesús (su realeza), la túnica representa su identidad personal: lo que constituye la esencia de su persona. De la túnica se destaca que era tejida toda ella desde arriba. También la persona de Jesús es nacida (tejida) desde arriba, como había dicho Jesús a Nicodemo (Juan 03:13. También 03:31). Aunque con un lenguaje diferente, esto mismo es lo que afirma el Evangelio de Lucas cuando el ángel dice a María: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).
Esta identidad personal de Jesús, representada por la túnica, será "sorteada" para ver de quién será. El relato no dice a quien correspondió porque, en su significado simbólico, esta túnica "toca" a todos aquellos que "se revisten de Cristo", como dirá San Pablo (Romanos 13:14). Hay que nacer de arriba, había dicho Jesús a Nicodemo (Juan 3: 3–7). Ahora Jesús, ya "elevado" en la Cruz, no necesita la túnica, y la deja para todos aquellos que participen en el sorteo.
"Desnudez".
Aquí el evangelio de Juan sugiere un nuevo simbolismo. Sin la túnica, Jesús queda desnudo. Esta desnudez es muy significativa.
En todo el relato de la Pasión, el cuarto Evangelio ha ido señalando referencias explícitas al mito de Adán y Eva en el Jardín Terrenal los inicios de la Humanidad. El relato quiere presentar a Jesús como el Nuevo Adán, con una nueva Eva, recuperando el Jardín (Huerto) perdido.
Al comienzo del relato de la Pasión, se habla del huerto (jardín) de Getsemaní. Todo comienza con los soldados que van buscar al Nazareno (rebrote) al "huerto" (Juan 18:14). Y termina con José de Arimatea y Nicodemo que enterrarán este rebrote en un huerto que había donde crucificaron a Jesús (Juan 19: 38–41).
Como Adán en el Jardín terrenal (Génesis 2: 18–20), Jesús está solo elevado en la Cruz. A Adán, Dios le durmió para sacarle una costilla y hacer a la mujer (lenguaje cargado de gran simbolismo). "Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!", Exclama Adán. Jesús muere (dormido) en la Cruz, un soldado hace salir de su costado sangre y agua (símbolo de la Iglesia, la Nueva Humanidad). Cuando se despierte se encontrará, en el huerto, con María Magdalena, que personifica la nueva Eva (Juan 20: 14–17). (> María).
En el Jardín de los inicios, Adán y Eva pecaron, y el pecado les hizo "descubrir" que iban desnudos, y se avergonzaron. Jesús en la Cruz, recupera la situación de Adán antes del pecado. El encuentro amorosa del nuevo Adán con la nueva Eva no es un Final sino la corrección de un Inicio viciado. "Jesús le dice (a María Magdalena):« No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios» (Juan 20:17).
Jesús, el nuevo Adán, no anula al primer Adán sino que le completa, como la adultez no anula la niñez sino que la supera.
Todo humano comienza desnudo, pero pierde su inocencia por la necesidad de afirmarse frente a los demás, y se "viste" con una identidad prestada. Pero está llamado a recuperar su identidad más propia ("desnudez"), cambiando la Confrontación con los demás por la Comunión con todos.
SÁBADO SANTO
“RESUCITAR". 
32. "Resucitar". (Ha resucitado, no está aquí).
Tenemos un problema de imaginación cuando usamos la palabra "resurrección". Solemos imaginar la resurrección por contraste con la muerte. Imaginamos que resucitar significa salir de la muerte para regresar a la vida.
Entendemos la muerte como lo contrario de la vida, y la resurrección como lo contrario de la muerte. De esta manera, la imaginación nos es un obstáculo para entender el significado de los Evangelios cuando nos hablan de resurrección.
En parte, los Evangelios se acomodan a nuestra manera habitual de imaginar la resurrección, pero también la desbordan yendo mucho más allá. Es cierto que también ellos relacionan la resurrección con la muerte, pero después de ofrecernos una visión cambiada de la muerte. Para los Evangelios, la muerte no es necesariamente lo contrario de la vida; ni la resurrección es lo contrario de la muerte. "Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mía, la hallará." (Mateo 16,25). Los Evangelios nos dicen que nuestra muerte puede ser como la "muerte" de una semilla sembrada. Esta "muerte" es el paso a una nueva vida exuberante.
En el lenguaje evangélico, la muerte puede no quedarse en un simple colapso biológico, sino que puede poner de manifiesto la totalidad de la donación de nuestra propia vida. El amor tiene la magnífica capacidad de hacer que nuestra, aparentemente, vida perdida sea, en realidad, una manifestación de vida entregada.
Y aquí es donde nos hacemos la gran pregunta, y los evangelios nos dan la gran respuesta. La pregunta es: ¿Nuestra vida entregada es recibida por alguien?
La respuesta de los Evangelios es clara y contundente: Toda vida entregada por amor es recibida por las manos vivificadoras de Dios. Y eso es lo que nos quieren decir con la palabra resurrección.
Esta interacción entre nuestra vida entregada y la acogida de Dios nos viene visualizada en la persona de Jesús. "Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.” (Lucas 23,46). Es sorprendente el diálogo que el evangelista Lucas sitúa entre Jesús y uno de los Ladrones crucificados con él: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23,42-43).
Pero los Evangelios expresan toda la experiencia humana frente a la muerte. Y es cierto que, a menudo, esta experiencia está rodeada de oscuridad. Si el evangelio de Lucas nos manifiesta la absoluta confianza de Jesús en el Padre, los evangelios de Mateo y Marcos expresan más directamente el sentimiento trágico de sentirse abandonado. Una experiencia para la que Jesús, cien por ciento humano, también pasó. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Marcos 15:34).
Ambos sentimientos pertenecen a la experiencia humana: el sentimiento de ser acogido y el sentimiento de ser abandonado. Ambos sentimientos forman parte de la experiencia de Jesús: el Hombre. Pero los cuatro Evangelios atestiguan que la vida entregada de Jesús es acogida por el Padre; y la resurrección es la prueba más clara y decisiva.
La acogida del Padre se hace también visible en la acogida que  le hace la Nueva Humanidad, representada por "las mujeres", y sobre todo por María Magdalena.
La Nueva Humanidad, nacida de los vínculos de comunión fraternal ("iglesia") visibiliza la resurrección, entendida como vivencia de una vida entregada y recibida. Con la resurrección se completa el círculo de la Vida (que queda siempre abierto a quien quiera entrar): "Jesús, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, …” (Juan 13: 3).
La fe en la Resurrección nos lleva a superar la idea de una vida meramente individual. No hay vida si no es en forma compartida. La que puedo considerar "mi vida" no empieza ni termina en mí, porque ya existía antes que yo, y continúa después de mí. Si mi aportación es correcta, soy invitado a participar del éxito creciente de la VIDA. Si no, "A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas !!ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.” (Mateo 26,24). No es una amenaza sino una constatación: o existimos en la Humanidad, o no existimos.
La Comunidad es la manifestación (sacramento, en lenguaje tradicional) de la Resurrección.
Pero esto también nos enseña otra cosa: las relaciones de dominio son el sacramento de la vida frustrada

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)