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martes, 26 de mayo de 2015

Santísima Trinidad. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “CONVERTIR".

SANTÍSIMA TRINIDAD. CICLO B.



Palabras y palabrejas

41. "Convertir". (Id a convertir a todos los pueblos …).
En los Evangelios el verbo "convertir" se encuentra en forma transitiva y intransitiva: convertir y convertirse.
Convertirse, básicamente, significa aceptar el Evangelio; es decir: creer en el Hombre como ser creado y amado por Dios.
Convertir, básicamente, significa hacer saber a alguien que los humanos, creados y amados por Dios, estamos llamados a ser sus hijos y hermanos entre nosotros. Es una "buena noticia" que genera en quien la escucha el deseo de convertirse o hacerse más humano.
Pero, después de que el Mensaje evangélico tomara la forma de una nueva religión, la palabra "convertir" se ha vuelto peligrosa, porque puede ser entendida en sentido proselitista. El proselitismo es directamente contrario a la encarnación, que es el "método" que los Evangelios proponen para la conversión. "Convertir a alguien", en sentido evangélico, no es intentar que abandone su religión para hacerse de la nuestra sino ayudarle a entender que Dios le ama, y le ama tal como es. El propio apóstol Pedro lo descubrió: "Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: «Ahora veo de verdad que Dios no hace distinción de personas, sino que se complace en los que creen en él y obran con rectitud, de cualquier nación que sean (Actos 10:35). Las Religiones en sí mismas no son ni buenas ni malas; ni verdaderas ni falsas. Son lenguaje. Pretender que alguien renuncie a su religión para hacerse de la nuestra, es colonialismo religioso. Si esto se hace desde una posición de Poder, constituye también una perversidad. En este sentido hay que ser conscientes que, cuando el año 381 el emperador Teodosio I declaró al Cristianismo religión oficial del Imperio, también expuso el mensaje de los Evangelios a un grave peligro de corrupción. Desgraciadamente la historia posterior muestra las demasiado frecuentes caídas en este peligro.
Ha sido sobre todo gracias a la progresiva pérdida de Poder que la Iglesia ha ido reencontrando el mensaje evangélico. En este proceso destaca el momento y la figura de Juan XXIII. En su convocatoria del Concilio Vaticano II, el Papa Juan quiso que la finalidad del Concilio no fuera convertirse sino convertirse. La Iglesia Católica que, desde tiempo inmemorial, pretendía convertir a los otros, ahora descubría la urgente necesidad de convertirse ella misma.
La reforma propuesta por el Vaticano II se va haciendo. Pero queda un escollo que, de momento, parece casi insalvable: la permanencia del Poder Sagrado unido a un sacerdocio marcado por un fuerte carácter mágico. Todavía muchos piensan que la fuerza de la Iglesia no le llega exclusivamente por su encarnación en el mundo, sino que depende de ritos sagrados que conectan a algunas personas directamente con un Dios que pertenece a otro Mundo.
El Concilio, en su Constitución dogmática sobre la Iglesia, no superó del todo este ritualismo, si bien en un otra Constitución, la Pastoral, recupera el mensaje de la encarnación: "Joyas y esperanzas, tristezas y angustias de los hombres de hoy, de los pobres sobre todo y de todos los que sufren, son también las joyas y esperanzas, las tristezas y angustias de los discípulos de Cristo, y no hay nada verdaderamente humano que no tenga que encontrar eco en sus corazones”. El problema de estas palabras es que, ¡haya sido necesario decirlas!
Entre las dos Constituciones hay una incongruencia de fondo que parece difícil de superar. Es la misma incongruencia que aparece en los Evangelios entre Jesús y los Doce. Éstos no se convertirán hasta que no hayan pasado por la experiencia de la muerte de su Líder y que el Espíritu Santo les haga entender la realidad del hombre Jesús (Lucas 24: 25ss).
Actualmente la progresiva conversión de la Iglesia se juega en la forma en que cada uno va pasando de un "sacerdocio" ritual y jerárquico a la Encarnación o Comunión fraternal. Afortunadamente, la "trampa" de una comunión basada en la obediencia a la jerarquía parece cada día menos viable.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


jueves, 21 de mayo de 2015

Domingo de Pentecostés. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “ESPÍRITU".

PASCUA DE PENTECOSTÉS. CICLO B.



Palabras y palabrejas

40. "Espíritu". (… el Espíritu de verdad que procede del Padre …).
En la Biblia, la palabra "espíritu" es rica en significados, variables según la situación concreta de cada persona o colectivo que experimenta sus efectos. Así, según el caso, "espíritu" puede significar fuerza o aliento, consuelo, defensor, impulso, deseo, energía, viento, oreo, fuego, …
Todo ser humano, en la medida en que se va haciendo consciente de su propia realidad, se da cuenta de que él no es la causa de sí mismo. Tiene vida, pero no es la fuente de su vida. Existe, pero no es la causa de su existencia. Es, pero podría no ser. Quiere, piensa y desea, pero podría caer en la abulia más absoluta. Sentimos en la carne nuestra radical contingencia.
Es una experiencia de doble cara: por un lado notamos que existimos y que nos sostenemos en la existencia; por otro, dado que no nos sostenemos por nosotros mismos, deducimos que alguien nos sostiene.
De la experiencia de "ser sostenidos" nace el sentimiento religioso que, a través de la Historia, ha ido tomando infinidad de formas. Formas más o menos correctas, porque se suelen mezclar muchísimos otros sentimientos: buenos y malos, como la generosidad o el orgullo.
Los Evangelios nos presentan a Jesús de Nazaret como el hombre lleno del Espíritu de Dios o Espíritu Santo. Sobre todo en el evangelio de Lucas, el Espíritu Santo es el gran artífice de lo que podríamos llamar: proceso de humanización, visualizado en el hombre Jesús.
  • Jesús es concebido por obra del Espíritu Santo.
  • En el Bautismo recibe la plenitud del Espíritu que le conducirá durante toda la vida.
  • Esta plenitud de Jesús estalla en una avalancha de Espíritu que va transformando radicalmente a toda la Humanidad (Pentecostés).
Los Evangelios también hablan de espíritus malignos o demonios.
Conviene no caer en el error de dar "realidad" a estos espíritus. No son seres. Son carencias. Es como cuando hablamos del calor y del frío. El calor existe; el frío es sólo carencia de calor.
Alguien podría decir: el frío es tan real que incluso puede matar a una persona. Es verdad. Pero esto ocurre porque los vivientes necesitamos un mínimo de calor. Cuando nos falta ese mínimo, nuestra vida se colapsa. Quien muere de frío, en realidad muere por carencia del calor necesario. El frío no es ninguna realidad en sí mismo ni se puede fabricar. Los frigoríficos no "hacen" frío; simplemente sacan el calor de un lugar llevándolo a otro lugar. Cuando se ha quitado todo el calor de un lugar, ya no se puede enfriar más. Los Físicos hablan del cero absoluto, situado a menos 273 grados de la escala Celsius.
Semejantemente, los espíritus malignos no existen. Pero una persona o colectivo puede rechazar el Espíritu Santo hasta situarse bajo mínimos de humanidad. Este rechazo del Espíritu Santo hace que esa persona o colectivo aparezca como "poseída" de un espíritu maligno.
El Espíritu Santo nos humaniza. Rechazarlo, resistirlo, oponérsele, … deshumaniza. Se puede decir que cuando una persona o colectivo deshace humanidad aparece como poseída de un espíritu maligno.
También puede darse el caso de personas "poseídas" no tanto porque conscientemente rehúsen el Espíritu Santo sino debido al entorno en que se encuentran y que les "posee" o esclaviza. Ante estas situaciones, la vocación de cualquier humano es humanizar; es decir: sacar a los espíritus malignos. Esta fue la principal misión del hombre Jesús, y la misión que encomendó directamente a todos sus discípulos (promotores de humanidad).

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


miércoles, 13 de mayo de 2015

Ascensión del Señor. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “ASCENSIÓN".

ASCENSIÓN DEL SEÑOR. CICLO B.



Palabras y palabrejas

“ASCENSIÓN". 
39. "Ascensión". (Jesús … subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios).
En este tiempo de satélites y cohetes, el lenguaje de la Ascensión al cielo resulta muy  extraño. Ya que la Tierra, junto con el resto del sistema solar y las galaxias, da vueltas continuamente, ¿cómo imaginamos la Ascensión de Jesús?
Pero ya sabemos que, en el lenguaje religioso, las cosas, desde los astros más grandes hasta los insectos más pequeños, pueden servirnos de símbolo para comunicar experiencias humanas profundas, difíciles de expresar con lenguaje directo.
¿Qué nos quiere decir San Lucas con la expresión subió al cielo?
Nota:
Aunque el evangelio de hoy es de Marcos, la gran mayoría de especialistas están de acuerdo en que las palabras que hemos leído no pertenecen al Evangelio original de Marcos sino que fueron añadidas más tarde. El Evangelio de Marcos termina de tal manera que muchos pensaron que se había perdido el final. Por eso acomodaron un nuevo final, extraido sobre todo de Lucas y de Mateo.
"Subió al cielo". Lucas es un muy buen escritor y consigue con estas simples palabras decir muchas cosas y muy profundas.
Intentaré resumirlo en tres puntos:
A. ¿Qué nos dice sobre Jesús?
"Subió al cielo". Con esta simple frase, el evangelista deja claro que Jesús sentenciado a muerte por todos los Poderes, ha sido acogido por Dios, que así ha anulado la sentencia condenatoria y sus efectos. El "crucificado" es inocente y viviente. Más aún: ha sido constituido Señor de la nueva Humanidad.
B. ¿Qué nos dice sobre los apóstoles y discípulos?
Ellos se quedan sin la presencia física de Jesús. Jesús ya les había dicho: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. (Juan 16: 7). Esto significa que Jesús les ha amado con su presencia física, pero ahora necesitan ser amados con su ausencia física.
Ellos deben madurar, y no lo harían si Jesús continuara físicamente presente. El amor de Jesús hacia los discípulos es humanizador. Para que ellos puedan convertirse plenamente en humanos, Jesús se retira como provocando delante de ellos un "vacío" para que ellos puedan "llenarlo", y así hacerse plenamente humanos. Cuando nacemos no somos plenamente humanos (Seríamos robots!). Nos humanizamos construyendo humanidad. Con su ausencia Jesús "estira" la capacidad humanizadora de sus discípulos, como, en una extracción de sangre, la jeringa "estira" la sangre haciendo el "vacío".
C. ¿Qué nos dice sobre los humanos?
Dado que Jesús es el Hombre, aquello que se dice de Jesús hay que entenderlo, también, de los humanos. Cuando Lucas dice que Jesús "subió al cielo" nos quiere indicar que la última palabra no la tenemos los humanos sino Dios. A menudo los Humanos nos empeñamos en juzgar, condenar y matar. Pues bien: la acción, la condena y el juicio humanos no son la última palabra. La última palabra sólo la tiene Dios; y esta es una palabra de Vida, que corrige todas las palabras inhumanas que podamos decir los Humanos (cuando obramos inhumanamente).
Que Jesús (el Hombre) haya subido al cielo es el fundamento de nuestra esperanza. "Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer" (Lucas 12: 4).
¿Si la palabra de los Poderosos (gobernantes, sumos sacerdotes o maestros de la Ley) no es la última (como a menudo pretenden), por qué la dicen?
Esta pregunta es necesario que nos la hagamos todos cuando sentimos la tentación de decir la última palabra sobre otra persona. La equivocación (y crimen), anulada por Dios, puede ayudarnos a no caer en el mismo mal. Y hacer como aquel centurión que presidió la ejecución de Jesús: “Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: «Verdaderamente este hombre era justo»” (Lucas 23:47).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


miércoles, 6 de mayo de 2015

Domingo VI de Pascua. Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “AMIGOS".

DOMINGO VI DE PASCUA. CICLO B.


Palabras y palabrejas

“AMIGOS". 
38. "Amigos". (A vosotros os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre.)
En el Evangelio de Juan, la relación de Jesús, como persona individual, con sus discípulos, se expresa con palabras que manifiestan diferentes grados de intimidad. Hoy se contraponen dos palabras: "siervos" y "amigos". Ya no os llamo siervos … a vosotros os he llamado amigos …
De entrada, los discípulos llaman a Jesús maestro, caudillo, líder, señor… Todas estas palabras expresan algún tipo de dependencia. Pero la misión de Jesús no es hacer súbditos. En el proyecto de Dios, los humanos, a pesar de ser criaturas, estamos invitados a participar en la vida divina, no como súbditos sino como amigos y colaboradores. Ya no os llamo siervos … a vosotros os he llamado amigos.
Entre las muchas diferencias que puede haber entre sirvientes y amigos se destaca el conocimiento de las "intenciones" de Dios, el Padre. Este hecho es importante porque este conocimiento conlleva también la colaboración. Significa que el proyecto Hombre no es sólo un proyecto de Dios sino también de los mismos hombres–discípulo. Estamos invitados a participar en el diseño y en la realización de nuestra propia realidad. No somos un simple "producto" sino que estamos llamados a ser "personas".
Sin embargo, la palabra "amigos" aún no marca la cumbre de la relación entre Jesús y los discípulos. Todavía es posible un grado más. Cuando Jesús resucitado se encuentra con María Magdalena, la palabra con la que designa a los discípulos es "hermanos". «Jesús le dijo: Ve a mis hermanos y diles: "Subo a mi Padre, que es vuestro Padre, a mi Dios, que es vuestro Dios."» (Juan 20,17).
En el primer encuentro de Jesús resucitado con los discípulos se destaca la figura de Tomás, y se hace notar que este nombre significa "gemelo". Y la expresión está construida de tal manera que "Tomás" se puede entender tanto como gemelo de Jesús o como gemelo de cada uno de los futuros discípulos que crean en Jesús sin haberle visto (Juan 20:29). Esta ambivalencia seguramente es intencionada; y sirve para expresar la hermandad (gemelos) del Resucitado con el discípulos y de los discípulos entre sí.
Para los discípulos, Jesús, antes de resucitar, ha sido el "maestro y señor" (Juan 13:13). Una vez resucitado, es el Primogénito de la Nueva Humanidad (Lucas 2: 7).
Todo esto pone en evidencia que lo que identifica a los discípulos de Jesús es la hermandad: hermanos del Primogénito, hermanos entre nosotros. Toda otra relación que no incluya la hermandad, no realiza en plenitud el proyecto de Dios en relación al Hombre.
La servidumbre puede ser un punto de partida. La amistad es un vínculo importante. Pero es la fraternidad lo que caracteriza a los discípulos de Jesús; y evoca, a la vez, la fuente y el fundamento de esta relación: Dios como Padre de todos.


Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)