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jueves, 13 de agosto de 2015

Domingo XX de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Carne".

DOMINGO XX DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Carne".
53. "Carne". (Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros).
Varios son los significados de "carne" en la Biblia. En el Nuevo Testamento se habla sobre todo en dos campos:
  • En toda la casuística relacionada con la carne sacrificada a los ídolos,
  • Y en este capítulo sexto del Evangelio de Juan sobre la Eucaristía.
Aquí me referiré sólo a este segundo punto ya que la problemática sobre la Eucaristía sigue siendo actual.
«Cómo puede este darnos a comer su carne?» El evangelista Juan pone en boca de Jesús unas palabras que él sabe perfectamente que son "duras de escuchar" y que acabarán provocando el abandono de muchos de sus seguidores.
¿Por qué, este lenguaje tan duro? ¿No eran suficientes las palabras anteriores (y que ya habían causado sorpresa) «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo …»?
Sin duda se trata de un recurso literario: el evangelista utiliza un lenguaje duro para comunicar un mensaje duro.
La dureza del mensaje no proviene de un lenguaje que suena a canibalesco o vampiresco (Comer la carne. Beber la sangre) sino porque se habla de un Dios que "entra en nuestra vida" con cada hombre de carne y hueso que nos encontramos en nuestro caminar. Y esto sí que puede resultar duro a muchos oídos! Aquí "carne y sangre" significan el amor de un Dios que nos ama y quiere ser amado en cada persona física y real que entre en nuestra vida.
Un Dios de milagros, de ritos, de sacerdotes, de la religión, … nos queda bastante lejos como para que no nos inquiete demasiado. Pero un Dios que se hace "pan bajado del cielo" en un hijo de hombre que es uno de los nuestros; en el hijo de hombre paisano nuestro del que conocemos a su padre y a su madre, esto es desquiciante para todos los que quieran "protegerse" de un Amor tan cercano.
Lo explicaré con una anécdota. En un grupo de monitores había un chico y una chica que se llevaban y trabajaban muy bien juntos. Un día el muchacho le dijo a la chica: Me he enamorado de ti. Te quiero. Desde aquel día la chica no regresó. Y es que una declaración de amor así, se convierte en un lenguaje duro: una auténtica agresión.
El evangelista Juan quiere que nadie se llame a engaño. Usando un lenguaje duro, en boca de Jesús, nos advierte de la "dureza" de la Eucaristía para todo aquel que aún no ha decidido dejarse querer por un Dios que nos ama a través de las personas de carne y hueso que tenemos al lado. El lenguaje que el evangelista pone en boca de Jesús pretende impedir que convirtamos la Eucaristía en un simple rito. Una Eucaristía convertida en "cosa de curas", no es Eucaristía.
Y todavía nos dice otra cosa también "dura": si no nos abrimos a esta vida que se nos ofrece, no hay alternativa. Podemos aceptar o no aceptar la oferta; pero si no la aceptamos, no hay nada más.
La vida humana es la invitación a participar en la aventura del Amor. "Comer la carne y beber la sangre" significa sentirse humanidad con amor receptivo y activo. Querernos "hijos de la Humanidad" y "constructores de Humanidad".
Podemos decir sí o no. Pero decir "no" sería un no a nosotros mismos. "Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros". La "vida", o es amor o no es.
Volvamos un momento a la anécdota anterior. Imaginemos ahora que aquella monitora también se hubiera enamorado. En este caso las palabras que le dijo el compañero no habrían tenido nada de duras, sino que hubieran sido las más suaves, dulces y agradables que podía escuchar.
Nada es tan duro como un amor no aceptado. Nada es tan dulce como un amor compartido.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)