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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Domingo XXVII de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Moises".

DOMINGO XXVII DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Moisés".
60. Moisés. (El les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?»).
Los Evangelios nos hablan varias veces de Moisés. Es cierto que lo que intentan los Evangelios es presentarnos la figura de Jesús; o mejor dicho: la figura del Hombre. Pero no lo hacen de una forma teórica sino bastante concreta: a través de Jesús de Nazaret. Y para presentarnos el significado total de Jesús de Nazaret, evocan a otros personajes significativos en la Historia de la Humanidad o del Pueblo de Israel. Uno de estos personajes, de gran significado, es Moisés.
De algún modo, los Evangelios nos presentan a Jesús como un Nuevo Moisés. Lo que significó Moisés para el Pueblo elegido, lo representa Jesús para la Humanidad. Como Moisés guió su Pueblo para pasar desde una determinada Esclavitud a una determinada Libertad, también Jesús guía a la Humanidad hacia la Plenitud de la Libertad.
Moisés transmitió a la multitud (doce tribus) la Ley, que les convertía en pueblo; el Pueblo de Dios. También Jesús transmite a la Humanidad el Espíritu, que nos convierte en Comunidad, hijos de Dios.
La figura conocida y mitificada de Moisés sirve a los evangelistas para dibujarnos la figura de Jesús como primogénito de la Humanidad adulta.
Hay muchísimos paralelismos. Pero también hay importantísimas diferencias. Leemos en el evangelio de Juan: "La Ley fue dada por medio de Moisés, pero la Gracia y la Verdad vinieron por medio Jesucristo" (Juan 1, 17).
Moisés y Jesús son un regalo de Dios a la Humanidad. Pero responden a niveles diferentes. Moisés representa la Ley. Una Ley necesaria y útil cuando la Humanidad es todavía "menor de edad".
Jesús representa "la Gracia y la Verdad". Es decir: el Don, verdadero y definitivo, de Dios a los hombres, y que consiste en la plena Filiación. "A Dios nadie lo vio jamás; quien lo ha dado a conocer es el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre” (Juan 1, 18). En Jesús podemos visualizar el Proyecto Hombre en su plenitud. Una plenitud que se va contagiando a todos los humanos que la aceptan. "Ciertamente de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia". También: "Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios". (Juan 1: 12ss).
Es necesario no contraponer a Moisés y a Jesús. Moisés responde a la niñez de la Humanidad; Jesús, a su plenitud. Son dos etapas muy diferentes, pero no se da la plenitud sin antes pasar por la niñez.
Da igual que se haya nacido "después" de Cristo. Todos los humanos nacemos en la niñez, bajo la Ley (Lucas 2, 39; Gálatas 4, 4). Pero la Ley (toda Ley) es un tutor (Gálatas 3, 24). No es un fin en sí misma sino que tiende absolutamente a hacer crecer el hijo pequeño para que se haga adulto. Una vez adulto, ya no está bajo la ley, porque es el hijo.
Jesús es y visualiza al Hijo adulto; el Heredero en quien el Padre vierte toda su Vida.
Jesús no niega ni desautoriza la Ley de Moisés (Mateo 5, 18); pero la sitúa en su lugar. "El día de reposo (la Ley) se hizo por causa del género humano, y no el género humano por causa del día de reposo” (de la Ley). (Marcos 2, 27).
Los que hemos nacido "después de Cristo", comenzamos entendiendo a Jesús como nuestro Moisés; como un legislador. Pero la misma ley nos impulsa a descubrir al Hijo. Después, el encuentro con Jesús (es decir, el encuentro con el Hombre) se convierte en invitación constante a convertirnos y a crecer hasta sentirnos hijos en el Hijo, y hermanos con los hermanos. A pesar de todo, siempre deberemos estar atentos a superar la tentación de "matar al hijo" (aún "desconocido") movidos por una pretendida fidelidad a la ley. (Juan 19, 7 y Lucas 23, 34).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


jueves, 24 de septiembre de 2015

Domingo XXVI de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Nombre".

DOMINGO XXVI DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Nombre".
59. "Nombre". (… hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre …).
En la cultura hebrea el nombre hace la cosa. Por eso cuando alguien recibe una misión que cambiará su vida en relación con los demás, se le da un nuevo nombre. También es cierto que, en la Biblia, dado que Dios ya conoce de antemano la vocación de cada persona, a menudo no es necesario cambiar el nombre porque ya tiene el que le corresponde.
En los Evangelios vemos que Jesús tiene diferentes nombres. En primer lugar el mismo nombre de "Jesús", que significa "salvador", porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1, 21). También se llama "Emmanuel" porque significa "Dios está con nosotros" (Mateo 1, 23). También es llamado "Mesías", que significa "Ungido", porque es el Ungido, ungido con Espíritu Santo.
Dado que el nombre hace la cosa, fácilmente podemos pensar que, utilizando el nombre de una persona importante, podremos hacer también cosas importantes como ella. Pero aquí puede aparecer un conflicto de competencias. El relato que hemos leído hoy muy bien curioso: Juan, uno de los doce discípulos, explica a Jesús que alguien está usando su nombre para expulsar demonios, y que se lo han prohibidoporque no es de los nuestros”. ¡Sorprendente! Los Apóstoles se sienten propietarios en exclusiva del nombre de Jesús (aunque acababan de experimentar que ellos, los Apóstoles, eran incapaces de saber "utilizar" este nombre. Marcos 9, 18). La respuesta de Jesús es clara y concisa: No se lo impidáis.
¿Cuál es este "nombre" que, según en qué situaciones, permite expulsar demonios?
Evidentemente, estamos hablando del nombre de "Jesús". Sin embargo, cuando Jesús habla de sí mismo, suele utilizar la expresión "el hijo del hombre". Y cuando Jesús se llama el hijo del hombre, no habla en primera persona sino en tercera persona. No dice, por ejemplo, el hijo del hombre seré entregado … sino el hijo del hombre será entregado
Jesús, hablando de sí mismo en tercera persona, quiere indicar que su realidad desborda su simple individualidad. Jesús, el hijo del hombre, se va realizando en toda la Historia humana, e incluye a todos los Humanos. No es un personaje alegórico; es una persona cien por cien real. Pero los Evangelios hablan de él para mostrarnos los horizontes de vida que se abren ante cada ser humano que los acepta. Dicho de otro modo: Jesús, hombre real y concreto, es también el hombre–muestra para todos los que buscan ser plenamente humanos.
Es por esto que todo aquel que construye humanidad, esté adscrito o no como seguidor de Jesús, puede expulsar demonios. (Aquí "demonios" significa todo aquello que nos impide ser realmente humanos).
El verdadero nombre que nos permite expulsar demonios, es decir, construir humanidad, es Hombre. Este es el nombre que, izado como bandera que encontrará contradicción (Lucas 2, 34), indica en qué lado estamos situados: si a favor del Hombre, o en contra.
La trágica situación actual de la Humanidad sitúa ante nuestros ojos, con gran fuerza, la radicalidad de este dilema. Y cada uno, desde su situación personal y colectiva, debe elegir: o humanizarse construyendo humanidad, o deshumanizarse destruyendo humanidad.
Más allá de las etiquetas nacionales o internacionales; más allá de las diferentes religiones o culturas; más allá de solemnes proclamas de Derechos humanos o de Deberes, hoy, como siempre, cada uno debe decidir si se pone a favor o en contra del Hombre. A favor o en contra del hombre concreto, prójimo, que encontramos en nuestro camino de cada día –hoy que han desaparecido las distancias.
Hoy el reto de los discípulos de Jesús no es construir una sociedad más cristiana, o más religiosa, o más espiritual, … El reto de todos es construir una sociedad más humana. Crecer en humanidad construyendo humanidad, con todo aquel que quiera apuntarse, sea de los nuestros o no.
La Humanidad. Esta es la Obra de Dios, que Él ha decidido no hacer solo. “Hagamos al Hombre", se dijo (Génesis 1, 26). Hagamos al Hombre: Dios y nosotros. Porque sólo podríamos ser a imagen y semejanza suya si fuéramos coautores de nosotros mismos.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Domingo XXV de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Tres días".

DOMINGO XXV DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Tres días".
58. Tres días. (... después de muerto, a los tres días resucitará.)
Puede resultar sorprendente la expresión tan repetida en los Evangelios en referencia a la resurrección de Jesús. Alguien podría preguntar: ¿por qué eso de los tres días? ¿Qué ocurre con Jesús desde el momento de su muerte hasta que resucita al tercer día?
Hay que decir que, con la muerte, se acaba el tiempo de cada uno. Después de la muerte, el factor tiempo (para el difunto) ya no tiene aplicación. Con la muerte entramos en otra dimensión que no es temporal. En los Evangelios, a veces, a esta nueva dimensión se la llama "vida eterna". La eternidad no es un tiempo que no se acaba. Mientras vivimos en el tiempo no podemos conocer el significado de eternidad, pero podemos intuir que en la eternidad no hay ni antes ni después; ni sucesión de días y horas. Podemos imaginarla como una presencia de Plenitud o una plenitud de Presencia. Un "ahora" que no marcha por que lo contiene Todo.
Cuando los Evangelios nos hablan de la resurrección de Jesús a los tres días, quieren decirnos precisamente que su muerte fue real. Jesús murió, y murió al cien por cien.
En la mentalidad judía se considera que una persona no está realmente muerta hasta el tercer día. Esto todavía se aplica, de alguna manera, entre nosotros: cuando muere alguien, no se la entierra hasta pasadas 24 horas. Es decir, hasta el tercer día. Está el día de la muerte, las 24 horas siguientes, y, al tercer día, se hace el entierro.
Esto responde a un hecho de experiencia: no se pasa de vida a muerte de repente. Es un proceso. Aunque actualmente se puede detectar con precisión el instante en que se interrumpe la actividad cerebral, la muerte de una persona no es sólo un hecho cerebral.
Los Evangelios, diciendo que Jesús resucitó al tercer día, quieren indicar que murió del todo. Y esta afirmación es importante precisamente para entender la resurrección. No hay resurrección sin muerte. No hay resurrección real sin muerte real. ¿Por qué? Porque la resurrección es la vivencia de la muerte como vida plenamente entregada.
La resurrección no debe entenderse como un "volver a la vida" después de morir, sino como el "paso" a una nueva forma de vida que sigue a la entrega total de la vida recibida. La resurrección es el paso de la vida mantenida a la vida entregada; de la singularidad y soledad marcadas por un cuerpo físico, a la situación de comunión.
Mientras en nuestra vida corporal, el cuerpo es el soporte y la expresión de nuestra individualidad. Al morir, nuestra individualidad tiene como "soporte" (es una forma de decir o de imaginar) los vínculos de comunión que hemos ido creando y acogiendo en nuestra vida.
Gracias al cuerpo, podemos tener vida y entregarla. Y, al hacerlo, entramos en la comunión, que es plenitud de Presencia o presencia de Plenitud.
Por eso sería un error reducir la resurrección de Jesús en una experiencia puramente individual. Los Evangelios expresan esta dimensión “trans–individual" con los relatos de las apariciones de Jesús. El evangelio de Mateo ya la conecta explícitamente con su muerte (Mateo 27, 51). La muerte resurreccional de Jesús es descrita como un hecho cósmico, que afecta a todos los difuntos.
En el Credo del Catecismo se dice lo mismo con la frase "descendió a los infiernos”. Es un lenguaje poco adecuado para la mentalidad actual, pero indica de una manera muy gráfica que la resurrección de Jesús afecta directamente a la resurrección de todos los humanos, y a la Plenitud de la Creación. (Juan 1, 12 ss; 3, 14. Ver también Carta a los Efesios, o Colosenses 1, 12 ss).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


jueves, 10 de septiembre de 2015

Domingo XXIV de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Pedro".

DOMINGO XXIV DE ORDINARIO. CICLO B.



Palabras y palabrejas

"Pedro".
57. Pedro. (Jesús … reprendió a Pedro ante los discípulos …).
La Historia de la Iglesia, sobre todo a partir del año 380 en que el emperador Teodosio I impuso el Cristianismo como única religión de Estado, ha rodeado de polémica la figura de Pedro. El hecho de que una parte importante de la Iglesia considere a los obispos de Roma como sucesores de Pedro con autoridad sobre todos los cristianos, y que otra gran parte de la Iglesia no lo crea así, ha sido causa de grandes polémicas y, incluso, guerras.
Para los que defienden la primacía de los sucesores de Pedro, la división de la Iglesia es su mayor escándalo. En cambio, para los que no aceptan la autoridad suprema del obispo de Roma, el mayor escándalo es precisamente esta pretensión que se arrogan los Papas de Roma, en nombre de Pedro y de los Evangelios.
Después del Concilio Vaticano II, la voluntad de entendimiento y un mejor conocimiento de los Evangelios parece que están ayudando a deshacer malentendidos.
Los Evangelios nos presentan a Pedro sobre todo como portavoz de los Doce. El grupo de los Doce sirve de contrapunto para dar relieve a la figura de Jesús. La pretensión de los Evangelios es presentar a Jesús. Jesús como "hijo del Hombre" o, si se quiere, como Modelo de Humanidad o como "hombre muestra". Los Evangelios quieren dibujarnos muy nítida la figura de Jesús. Pero eso no es fácil debido a nuestras ideas preconcebidas y nuestros sentimientos desajustados. Para ello se sirven de la presencia de los Doce como contrapunto. Ellos hacen de marco para encuadrar mejor la "foto" o imagen de Jesús; son como el color oscuro de la pizarra que ayuda a hacer más visible la raya blanca de la tiza. Las intervenciones, palabras, reacciones o actitudes de Pedro y los Doce sirven para mostrar la necesidad de ser corregidas.
Los tres evangelios sinópticos nos dan la lista completa de los Doce. Lo más significativo es el número. Son doce porque actualizan las Doce Tribus del Pueblo elegido. Una vez establecido el número, cada nombre tomará un significado especial según la ocasión.
"Pedro" es el apodo que se da a Simón. "Pedro" significa "piedra". Unas veces (la mayoría) evocará la dureza de corazón ("corazón de piedra") del Pueblo elegido, que los profetas tan a menudo tuvieron que censurar. Otras veces servirá para indicar la roca, el fundamento de la nueva Humanidad inaugurada con Jesús. Nueva Humanidad, no porque se postergue la antigua. No; la nueva Humanidad se construye sobre los cimientos de la antigua, como la edad adulta se construye sobre la adolescencia y la niñez anteriores. El Pueblo elegido de las Doce Tribus no es relegado. Al contrario: sirve de roca sobre la que se asienta la Humanidad adulta. Dios es fiel a sus promesas al Pueblo Elegido.
Pero una parte del Pueblo Elegido opone resistencia siguiendo  a unos "pastores" que confunden elección con privilegio; confunden misión con superioridad.
En los Evangelios, Pedro junto a los Doce son la expresión viviente de este error, y su presencia en los Evangelios servirá para poner de relieve, por contraste, el mensaje y la obra de Jesús. En las listas de los Doce, Pedro siempre es el primero, y Judas es el último. Así forman una serie que incluye todos Doce. Pedro, duro como la piedra, negará tres veces a Jesús (al Hombre). "No conozco al hombre" (Mateo 26, 72). Judas (el nombre evoca a los Poderosos de Judea) lo entregará "a los hombres". (>> (Traicionar).
Pero, en los Doce, no todo es "contrapunto"; también son "discípulos". Pedro tiene un hermano que se llama Andrés. "Andrés" significa hombre adulto o maduro, y como tal, capaz de intuir la novedad de Jesús (Juan 6, 9). También en los evangelios de Lucas y de Juan, hay otro "Judas", que evoca a los Judíos discípulos de Jesús (discípulos del Hombre). El mismo Pedro que negará tres veces al Hombre, llorará amargamente su infidelidad (Mateo 26, 75). En realidad, la infidelidad de Pedro tiene por función ayudar a descubrir las infidelidades de todos los discípulos cuando, de alguna manera, negamos al Hombre. La mirada de Jesús (la mirada del hombre. Lucas 22, 61) nos "recuerda" continuamente el buen propósito de ser fieles al Hombre (Mateo 26, 33).
Nota: Hay que tener en cuenta que los Evangelios nos hablan de dos funciones importantes expresadas con la palabra "piedra": la piedra–roca sobre la que se alza la nueva construcción, y la piedra–angular, la cual han ido rechazando continuamente los constructores, y que acaba siendo la piedra que corona el edificio (Mateo 21, 42).
Volviendo a la Historia de la Iglesia, es necesario reconocer que es imposible, a partir de lo que dicen los Evangelios, entender y aceptar todo el montaje social y teológico que se ha hecho con la excusa de Simón, llamado Pedro.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)


viernes, 4 de septiembre de 2015

Domingo XXIII de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Effetá".

DOMINGO XXIII DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"EFFETÁ".
56. "Effetá". (… Suspiró y le dijo: "Effetá", que significa, "ábrete").
El evangelio de Marcos (el primero de los evangelios, según los estudiosos, y que inaugura el género literario llamado "evangelio") nos ofrece tres "gritos" de Jesús en su lengua aramea (o en hebreo, según algunos). Tienen la misma estructura literaria: grito + traducción.
Parece claro que se trata de un recurso literario con el que el evangelista Marcos quiere llamar la atención del lector.
Estos gritos son:
  • «Talita cumi», que significa: «Muchacha, levántate.» (Marcos 5, 41).
  • «Effetá!», Que significa: «Ábrete!» (Marcos 07, 34).
  • «Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?», Que significa: "Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?» (Marcos 15, 34).
De estas tres expresiones "effetá" es la central, y se encuentra también, más y menos, en el centro de todo el evangelio de Marcos .
Con estas tres expresiones así destacadas, parece que el evangelista nos quiere mostrar un proceso. "Talita cumi" marcaría el inicio del proceso. Son palabras dichas a la hijita de un Jefe de sinagoga, fallecida, según los presentes, pero de quién Jesús dice que duerme. Jesús la despierta dándole la mano. La chica se levanta y se pone a caminar.
¿Hacia dónde va? No se dice; sólo se dice que se pone a andar. Esto me recuerda el título de un pequeño y precioso libro de Teodor Suau: Más importante que la meta es el camino (Publicaciones de la Abadía de Montserrat). Caminar tiene sentido por sí mismo; caminar, como forma de vida; como maduración y crecimiento para entrar más plenamente en la vida misma.
La vida como camino. Aquí entra el segundo grito de Jesús: Effatá. El relato nos habla de agujerear las orejas y destrabar la lengua. Ser capaces de escuchar y hablar. Comunicarse. La vida como comunicación. El oído y el habla son la materia prima para la comunicación, que puede convertirse en comunión. La vida humana está llamada a convertirse en comunión.
"Ábrete". Los especialistas hacen notar que el verbo no se refiere a los oídos sino a la persona. Mirando la traducción griega que hace el propio evangelista, el verbo está en pasivo (dianoichthēti). Literalmente: sé abierto. Algunos traducen:abierto del todo, o bien: sé abierto hasta el final.
Hasta el final. Esto nos lleva al tercer grito de Jesús: "Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?» Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Es la experiencia de quien se ha abierto del todo, sin asirse a nada que cierre su apertura.
Algunos estudiosos de la Religión hablan de la tendencia de los humanos a construirse un "Dios tapagujeros". La auténtica fe debe ir superando constantemente la tentación de apoderarse de Dios para convertirlo en tapón de nuestra apertura. Jesús en la Cruz, brazos abiertos, experimenta la ausencia de "su" Dios. Dios mío; Dios mío. Su Dios, el Dios de Israel. El Dios propiedad privada deviene ausente. Ningún tapón para la propia apertura. Sólo apertura; sólo Libertad.
En Jesús, el hombre se convierte en "semejante a Dios" (Génesis 1, 26); pura Apertura; puro Amor al cien por cien, sin nada que resulte posesivo. Todo él palabra; todo él creador.
Dios no abandona al hombre abierto. Pero la experiencia de ser abandonado permite al hombre entrar en el ámbito de la Libertad y del Amor absolutos. Su apertura no taponada le permite entregar el espíritu (Marcos 15, 37). A partir de aquí todo se renueva, y queda superada toda forma de cerrazón ("Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo." Marcos 15, 38. Ver también Mateo 27, 51).
No es que el proceso de apertura lleve hacia la muerte. Es el paso de una vida encerrada en una vida abierta; de una vida tenida a una vida entregada. Lo proclamará solemnemente el propio Centurión que ha presidido la escena de la crucifixión: "Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios»” (Marcos 15, 39). Es viendo la forma en que Jesús muere que el Centurión descubre su identidad; la identidad del Hombre maduro. El Centurión y las mujeres. Sólo ellas han acompañado a Jesús en todo su proceso de apertura. Por eso ellas serán las primeras en hacer la experiencia de dónde lleva este proceso: la resurrección.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)