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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Domingo XXV de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Tres días".

DOMINGO XXV DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Tres días".
58. Tres días. (... después de muerto, a los tres días resucitará.)
Puede resultar sorprendente la expresión tan repetida en los Evangelios en referencia a la resurrección de Jesús. Alguien podría preguntar: ¿por qué eso de los tres días? ¿Qué ocurre con Jesús desde el momento de su muerte hasta que resucita al tercer día?
Hay que decir que, con la muerte, se acaba el tiempo de cada uno. Después de la muerte, el factor tiempo (para el difunto) ya no tiene aplicación. Con la muerte entramos en otra dimensión que no es temporal. En los Evangelios, a veces, a esta nueva dimensión se la llama "vida eterna". La eternidad no es un tiempo que no se acaba. Mientras vivimos en el tiempo no podemos conocer el significado de eternidad, pero podemos intuir que en la eternidad no hay ni antes ni después; ni sucesión de días y horas. Podemos imaginarla como una presencia de Plenitud o una plenitud de Presencia. Un "ahora" que no marcha por que lo contiene Todo.
Cuando los Evangelios nos hablan de la resurrección de Jesús a los tres días, quieren decirnos precisamente que su muerte fue real. Jesús murió, y murió al cien por cien.
En la mentalidad judía se considera que una persona no está realmente muerta hasta el tercer día. Esto todavía se aplica, de alguna manera, entre nosotros: cuando muere alguien, no se la entierra hasta pasadas 24 horas. Es decir, hasta el tercer día. Está el día de la muerte, las 24 horas siguientes, y, al tercer día, se hace el entierro.
Esto responde a un hecho de experiencia: no se pasa de vida a muerte de repente. Es un proceso. Aunque actualmente se puede detectar con precisión el instante en que se interrumpe la actividad cerebral, la muerte de una persona no es sólo un hecho cerebral.
Los Evangelios, diciendo que Jesús resucitó al tercer día, quieren indicar que murió del todo. Y esta afirmación es importante precisamente para entender la resurrección. No hay resurrección sin muerte. No hay resurrección real sin muerte real. ¿Por qué? Porque la resurrección es la vivencia de la muerte como vida plenamente entregada.
La resurrección no debe entenderse como un "volver a la vida" después de morir, sino como el "paso" a una nueva forma de vida que sigue a la entrega total de la vida recibida. La resurrección es el paso de la vida mantenida a la vida entregada; de la singularidad y soledad marcadas por un cuerpo físico, a la situación de comunión.
Mientras en nuestra vida corporal, el cuerpo es el soporte y la expresión de nuestra individualidad. Al morir, nuestra individualidad tiene como "soporte" (es una forma de decir o de imaginar) los vínculos de comunión que hemos ido creando y acogiendo en nuestra vida.
Gracias al cuerpo, podemos tener vida y entregarla. Y, al hacerlo, entramos en la comunión, que es plenitud de Presencia o presencia de Plenitud.
Por eso sería un error reducir la resurrección de Jesús en una experiencia puramente individual. Los Evangelios expresan esta dimensión “trans–individual" con los relatos de las apariciones de Jesús. El evangelio de Mateo ya la conecta explícitamente con su muerte (Mateo 27, 51). La muerte resurreccional de Jesús es descrita como un hecho cósmico, que afecta a todos los difuntos.
En el Credo del Catecismo se dice lo mismo con la frase "descendió a los infiernos”. Es un lenguaje poco adecuado para la mentalidad actual, pero indica de una manera muy gráfica que la resurrección de Jesús afecta directamente a la resurrección de todos los humanos, y a la Plenitud de la Creación. (Juan 1, 12 ss; 3, 14. Ver también Carta a los Efesios, o Colosenses 1, 12 ss).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)