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jueves, 24 de septiembre de 2015

Domingo XXVI de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Nombre".

DOMINGO XXVI DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Nombre".
59. "Nombre". (… hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre …).
En la cultura hebrea el nombre hace la cosa. Por eso cuando alguien recibe una misión que cambiará su vida en relación con los demás, se le da un nuevo nombre. También es cierto que, en la Biblia, dado que Dios ya conoce de antemano la vocación de cada persona, a menudo no es necesario cambiar el nombre porque ya tiene el que le corresponde.
En los Evangelios vemos que Jesús tiene diferentes nombres. En primer lugar el mismo nombre de "Jesús", que significa "salvador", porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1, 21). También se llama "Emmanuel" porque significa "Dios está con nosotros" (Mateo 1, 23). También es llamado "Mesías", que significa "Ungido", porque es el Ungido, ungido con Espíritu Santo.
Dado que el nombre hace la cosa, fácilmente podemos pensar que, utilizando el nombre de una persona importante, podremos hacer también cosas importantes como ella. Pero aquí puede aparecer un conflicto de competencias. El relato que hemos leído hoy muy bien curioso: Juan, uno de los doce discípulos, explica a Jesús que alguien está usando su nombre para expulsar demonios, y que se lo han prohibidoporque no es de los nuestros”. ¡Sorprendente! Los Apóstoles se sienten propietarios en exclusiva del nombre de Jesús (aunque acababan de experimentar que ellos, los Apóstoles, eran incapaces de saber "utilizar" este nombre. Marcos 9, 18). La respuesta de Jesús es clara y concisa: No se lo impidáis.
¿Cuál es este "nombre" que, según en qué situaciones, permite expulsar demonios?
Evidentemente, estamos hablando del nombre de "Jesús". Sin embargo, cuando Jesús habla de sí mismo, suele utilizar la expresión "el hijo del hombre". Y cuando Jesús se llama el hijo del hombre, no habla en primera persona sino en tercera persona. No dice, por ejemplo, el hijo del hombre seré entregado … sino el hijo del hombre será entregado
Jesús, hablando de sí mismo en tercera persona, quiere indicar que su realidad desborda su simple individualidad. Jesús, el hijo del hombre, se va realizando en toda la Historia humana, e incluye a todos los Humanos. No es un personaje alegórico; es una persona cien por cien real. Pero los Evangelios hablan de él para mostrarnos los horizontes de vida que se abren ante cada ser humano que los acepta. Dicho de otro modo: Jesús, hombre real y concreto, es también el hombre–muestra para todos los que buscan ser plenamente humanos.
Es por esto que todo aquel que construye humanidad, esté adscrito o no como seguidor de Jesús, puede expulsar demonios. (Aquí "demonios" significa todo aquello que nos impide ser realmente humanos).
El verdadero nombre que nos permite expulsar demonios, es decir, construir humanidad, es Hombre. Este es el nombre que, izado como bandera que encontrará contradicción (Lucas 2, 34), indica en qué lado estamos situados: si a favor del Hombre, o en contra.
La trágica situación actual de la Humanidad sitúa ante nuestros ojos, con gran fuerza, la radicalidad de este dilema. Y cada uno, desde su situación personal y colectiva, debe elegir: o humanizarse construyendo humanidad, o deshumanizarse destruyendo humanidad.
Más allá de las etiquetas nacionales o internacionales; más allá de las diferentes religiones o culturas; más allá de solemnes proclamas de Derechos humanos o de Deberes, hoy, como siempre, cada uno debe decidir si se pone a favor o en contra del Hombre. A favor o en contra del hombre concreto, prójimo, que encontramos en nuestro camino de cada día –hoy que han desaparecido las distancias.
Hoy el reto de los discípulos de Jesús no es construir una sociedad más cristiana, o más religiosa, o más espiritual, … El reto de todos es construir una sociedad más humana. Crecer en humanidad construyendo humanidad, con todo aquel que quiera apuntarse, sea de los nuestros o no.
La Humanidad. Esta es la Obra de Dios, que Él ha decidido no hacer solo. “Hagamos al Hombre", se dijo (Génesis 1, 26). Hagamos al Hombre: Dios y nosotros. Porque sólo podríamos ser a imagen y semejanza suya si fuéramos coautores de nosotros mismos.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)