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viernes, 9 de octubre de 2015

Domingo XXVIII de Ordinario . Ciclo B. Palabras y Palabrejas: “Mirar con cariño".

DOMINGO XXVIII DE ORDINARIO. CICLO B.


Palabras y palabrejas

"Mirar".
61. Mirar con cariño. (…Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo...)
"Jesús se le quedó mirando con cariño". ¿Cómo es la mirada de Jesús?
Esta pregunta resulta inútil si pretendemos encontrar la respuesta en los ojos del Jesús de hace dos mil años. Aquel Jesús entregó su vida a los humanos, y ahora nos mira a través de los ojos de cada ser humano. Y nos mira con cariño.
Es cierto: entre tantas miradas, pueden existir algunas que sean indiferentes o, incluso, de odio. Estas no son miradas de Jesús, porque Jesús solo mira con miradas humanas y humanizadoras. Cuando recibimos miradas indiferentes o de odio, quiere decir que nos toca a nosotros humanizarlas –en la medida en que seamos humanos (Mateo 5, 44).
En el sorprendente relato que hemos leído, Jesús mira a un hombre que ha cumplido desde joven todo lo que manda la ley. A menudo se pensaba en aquel tiempo que la riqueza era una bendición de Dios para quienes cumplían fielmente sus Mandamientos. La riqueza era como la "paga" de Dios en esta vida. Pero, ¿qué ocurre en la otra vida?
Nuestro hombre lo quiere asegurar todo. Por eso hace la pregunta a quien considera el mejor maestro: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
La respuesta de Jesús le resulta decepcionante. Nuestro hombre pretendía tenerlo todo: riquezas en esta vida y vida eterna en la otra.
Jesús se le quedó mirando con cariño y le propuso dar un paso adelante en la manera de entender la vida: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme»
No hay dos vidas: la de ahora y la de después. Sólo hay una única vida, que comienza puesta en nuestras manos y que se va transformando a medida que construimos comunión. Por eso las riquezas de ahora pueden convertirse en un tesoro en el cielo si son dadas. La donación de las riquezas tiene un doble efecto: construye comunión con los pobres y nos deja libres para seguir el camino de Jesús.
La mirada con cariño es una invitación a un nuevo nivel de humanidad, más allá del cumplimiento de la ley. Una invitación a la comunión.
El nivel de la Ley corresponde a los siervos; el nivel de la Comunión corresponde a los amigos (hijos) (Juan 15, 15).
En el mismo relato que hemos leído también se dice que Jesús miró a sus discípulos; los miró con cariño, ya que les llama hijos. Ellos, que no han entendido absolutamente nada de lo que había dicho sobre las riquezas, de repente se dan cuenta que, a diferencia del hombre rico, ellos lo han dejado todo para ir con Jesús. Seguramente los discípulos eran mucho menos cumplidores que el hombre rico; y en el Calvario todos abandonaron a Jesús. Sin embargo, lo habían dejado todo por él; y eso les hacía libres para poder volver. El evangelio de Lucas expresa con ternura la conversión de Pedro: "En ese mismo instante el Señor se volvió a ver a Pedro, y entonces Pedro se acordó de las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces.»” (Lucas 22, 61).
La mirada amorosa de Jesús invita a pasar del cumplimiento de la Ley a la comunión. Comunión con Jesús; comunión con el hombre. "Ven conmigo". Dejarse mirar por los ojos humanos, sobre todo por los ojos de aquellos que la sociedad "no ve", nos hace humanos y humanizadores.
El hombre rico, perfecto cumplidor de la Ley, prefirió las riquezas a la oferta amorosa que nos llega en toda mirada humana.
Este relato es un aviso a los seguidores de Jesús para que no caigamos en el peligro de entender el Evangelio como una Ley que sólo pide ser "cumplida". Un seguimiento que no nos lleve al Hombre, al hombre concreto que nos encontramos por los caminos de la vida, no sería auténtico. El camino de Jesús es hacerse hombre construyendo humanidad. El "tesoro del cielo" se gana mirando a los hombres aquí en la tierra, y acogiendo su mirada.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)